Miércoles, 21 de octubre de 2020
Ciudad Rodrigo al día

¿Digo alguna mentira?

Rubén Juy inicia una nueva etapa de colaboraciones en Ciudad Rodrigo Al Día, donde publicará todos los domingos

Hace un par de semanas me encontraba, a las seis y media de la madrugada, tomando un café y alguna tostada, mientras miraba, de reojo, un noticiario del día que ya empezaba.

No soy una persona que vea excesivamente la televisión, pero aquella mañana de lunes algo dentro de mí se activó y toqué el botoncito de “ON”.

Si estaba aún dormido he de reconocer que, lo que ocurrió a continuación, terminó por abrirme los ojos como si hubiera visto el fantasma más grande de todos los tiempos. En este caso, ese fantasma se llamaba Democracia.

Al parecer, en Italia, país europeo del siglo XXI, moderno y cosmopolita; sus ciudadanos se habían desengranado del aparataje político al que vivían prisioneros, decidiendo, como personas libres que son, mandar al garete a un tercio de sus parlamentarios.

Un referéndum histórico, apoyado por casi el 70% de los votantes y con una participación altísima, teniendo en cuenta la situación sociosanitaria que copa nuestra actualidad.

Más de 25 millones de ciudadanos que, cansados de mentiras, mofas y desplantes por parte de sus mandatarios, habían tomado la decisión de acabar con ellos, adaptando el refrán de “el cazador fue cazado”, a la versión del siglo en el que nos encontramos.

¿Os imagináis algo así en España? ¿Alguien puede pensar que una proeza semejante se puede trasladar a nuestro país? Si existe esa persona le digo, muy señor o señora mía, que no está sola, pero que nos va a costar carros y carretas sacar la empresa adelante.

Vivimos en una sociedad politizada hasta para ir a comprar una barra de pan. ¿Qué no? Seguro que todos hemos escuchado eso de “voy a esa tienda porque los de la otra son del partido X y, como es lógico, no encajan con mis ideas Y”.

Nos han dividido como sociedad y, lo peor de todo, es que la brecha se agiganta por momentos. Han conseguido exactamente lo que querían; que la política sea un producto rosa, con el que rellenar programas de televisión y mantenernos enganchados como borregos. Vende mucho más un insulto del parlamentario Z, que una buena propuesta de educación, sanidad o cultura. Nos han inculcado el morbo como forma de analizarles, mientras, posiblemente, ellos se rían de nosotros por WhatsApp.

¿Cuánta sería la participación en España si se hiciera una consulta ciudadana de esta talla? ¿Quién lo propondría? ¿Qué partido estaría dispuesto a tragar de ese orgullo tan visceral, si con ello consiguiera mejorar la situación general de su país? ¿Quién sería el valiente de reconocer que sobran un buen número de ellos?

Mi respuesta es simple: NADIE.

Lo peor de todo esto, ¿saben qué es?

Que, posiblemente, un trabajador que cobre mil euros al mes y lea este artículo, pensará alguna de estas frases: “ya, Rubén, ¿y qué podemos hacer nosotros al respecto?”, “una sola opinión no va a cambiar la del resto”, “luchar contra esto es un caso perdido, al final todo va a seguir estando igual”. ¿Digo alguna mentira?

Para ese trabajador leal, honrado y valiente a un tiempo, le diré que piense algo tan simple como que lo recibido en dietas, por un personaje de esta calaña, ya serían dos o tres veces lo que él gana durante todo un mes de duro trabajo. El dinero que él gasta, todos los días, al ir a su trabajo, se lo reembolsa un parlamentario, multiplicado exponencialmente, mientras va calentito en su coche oficial. Y ese sueldo mileurista, que le mantiene a flote, aunque con cierta dificultad, solo corresponde a una quinta o sexta parte, tirando para lo bajo, del que sostiene una vida de mentiras y despilfarros de uno de estos parasitarios, ¡perdón!, parlamentarios, que hay veces que el corrector tampoco puede tragar con toda esta basura.

Y yo, después de soltar este puñado de letras, y de quedarme, todo sea dicho, muy a gusto, me pregunto, con rabia, por qué leches sólo habremos aprendido de los italianos el arte para hacer pizzas, si llegará un día en el que no tendremos dinero, siquiera, para comprar la masa madre de éstas.

Me despido, no sin antes decirles que es un verdadero honor, para mí, volver a escribir en este periódico, cinco años después.

¡Nos leemos el próximo domingo!

Rubén Juy — @rubenjuy