Martes, 20 de octubre de 2020

Sangre Domecq

Son muy pocos, aquellos aficionados que acuden a las plazas de toros y se preocupan de su procedencia, su encaste o dinastía ganadera: Poco se imaginaba Pierre Lusteau, lo que iba a dejar detrás suyo cuando trasladó hace más de una “centuria” su residencia de Francia a Jerez, para hacerse bodeguero. Fue el origen de una dinastía-cuya generación (me pierdo en que numero), viene desde por entonces pisando los ruedos de la Iberia taurina.

Los Domeq, ya desde la segunda generación, se dedicaron a la cría del caballo. Fue José uno de los cinco hijos de Pierre, el primero en adquirir una ganadería, que luego al parecer fue de Benítez Cubero. La de los otros hijos, entre ellos Juan Pedro perduraron a través de sus descendientes y hoy titulares de no menos de siete hierros. Además, otras muchas se han formado a partir del encaste Domeq, por cierto que, la de Juan Pedro estuvo años sin ir a San Isidro por considerarla comercial, sin embargo, si lo hacían otras ganaderías con sangre de su procedencia. El titular del hierro argumentaba, que sus reses, son las preferidas para formar ganaderías “porque sale un toro que permite hacer faenas grandes a las grandes figuras”. Los Domeq revelan, que el toro se moldea a gusto del ganadero: Hubo un tiempo en que el toro tenia exceso de fiereza, que hacia muy difícil el toreo artístico, así de esta guisa, alguien los bautizo como “toros artistas”- cuestión que a servidor le parece un cursilada-.

La explicación del porque todos los toros se parecen ahora es clara: más del 60%, de las ganaderías tienen sangre común, la de Domeq. El porcentaje aumenta en la práctica, porque son los toros que más se venden. Si observan ustedes en la mayoría de las ferias es este encaste el que prevalece, incluso en las grandes ferias el porcentaje es superior en procedencia Domeq. Superados los dos siglos de existencia, el toro de lidia en sus ganaderías, se distinguían unas de otras por el origen de sus razas. Los cruces fueron seleccionando y multiplicando el toro, pero curiosamente, por donde creció el árbol genealógico, resulto ser a través de las procedencias menos encastadas.

Decía, él ganadero Juan Pedro, que el toro ha evolucionado hasta donde el publico se decanto, y hubo que crear un toro apropiado para las nuevas técnicas, aplicadas a faenas que tanto gustan, y continuaba diciendo el insigne ganadero, que con  la manipulación genética del toro, la fiesta salga perdiendo. Todo lo contrario. Si han desaparecido encastes determinados, es porque el espectáculo que daban no interesaba. Los toros con nervio no venden, porque impiden – lo que los modernos llaman “toreabilidad”. Un cartel con figuras y buen ganado llena cualquier plaza; otros con genio y lidiadores, no. El público es el que manda y, el torero interpreta las preferencias del público. A cambio se ha logrado que todas las corridas, más aun, las que matan los “ases” de la torería se parezcan porque apenas hay variedad. En el tercio de varas, ya no hay riesgo y se sabe lo que va  a pasar, el de quites desaparecidos, algunas cuadrillas han resucitado las banderillas, y en la muleta como lo que se hace es torear, y no lidiar, la base son derechazos y naturales, el toreo entonces es más uniforme, y parece que no hay diversidad.

 

 

 

 

Y, en esas estamos que, incluso los conceptos elementales se han ido diluyendo y hasta confundiendo. Ahora la bravura, la capacidad de lucha del toro ha de ser en toda

la lidia, porque el público quiere que embista en la muleta, o sea, que ya no hay que medirla en el caballo ¿y la casta? ¿Han perdido casta? No hay duda, el toro tiene ahora menos casta, el toro ha perdido nervio y fiereza, es decir potencia incontrolada para dejarse torear como el público quiere. Entre todas las ganaderías que han ido formándose con sementales de Domeq, hay algunas que eliminaron todo origen anterior, aunque fueran incluso sangre de Victorino, con el fin de integrarse en el “Club” de los elegidos, de que sus nombres, figuren en los titulares y sus mayorales sacados en volandas, porque sus toros, formados, manipulados, hechos a medida para los públicos y toreros de la epóca….se admiten excepciones…

Ustedes a lo suyo; aplaudan con inusitado frenesí y pidan triunfos, orejas, rabos, salidas a hombros etcétera…

 “Claro que esto no es culpa del toro”… de momento…