Martes, 24 de noviembre de 2020

Hay un retroceso universal

     Se produce  una vuelta atrás imparable en tantas cosas.  Vivimos una involución vertiginosa. Aumenta continuamente la injusticia social. El mundo lo secuestran unos pocos pijos con sus diseños y el resto de la población que se joda. Cosas que eran gratis ahora hay que pagarlas, y otras que costaban poco ahora cuestan mucho.

    Nos acorrala un moralismo cursi y rígido. Persiguen brujas por todas partes, ven al diablo en todas las esquinas. Entran en las bibliotecas y en los museos para buscar al diablo. Nos recortan el lenguaje, ya casi nada se puede decir, o hay que hablar con circunloquios ridículos.  La hipocresía avanza de una forma increíble, porque en realidad a nadie le importan los demás, solo quedar como un santurrón. El puritanismo lo ve todo impuro.

     Todo está contaminado y falseado. Todo lo vivo se vuelve mecánico y muerto. Instauramos una corrección impersonal que elimina toda personalidad y toda originalidad. Lo hacemos cada vez todo más mecánicamente. Los alimentos son mecánicos y manoseados. Lo manosean todo, los genes, los sabores, los productos. Ya no sabemos en qué consiste nada.

     La gente va como zombi por las calles mirando teléfonos móviles. Ya nadie mira nada a su alrededor ni escucha nada. El mundo se sustituye por la pantalla del móvil. Se evapora todo y todo se vuelve gaseoso. La alegría creadora de otras épocas se vuelve hipocresía y miedo a todo. La cultura se trivializa y todo el mundo da lecciones. Todo se vuelve trivial, incluso los grandes ejecutivos citan a los maestros zen.

      Lo único que crece  son las máquinas. Y las máquinas en la mayoría de los casos nos complican la vida en lugar de ayudarnos. Las cosas más sencillas se complican.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR