Viernes, 30 de octubre de 2020

Conflicto bélico y violencia contra la mujer. Una constante en nuestro mundo

“Tomaron posesión de mi compañera y de otra mujer que acababa de dar a luz hacía cinco días. Las violaron en la casa. Desvistieron a mi compañera y a la otra mujer y las acostaron en la sala donde doce guerrilleros las violaron. Me ordenaron que trajera una lámpara a la sala diciendo “que venga todo el mundo y que lo vean”, narra una de las supervivientes de violencia sexual en el conflicto de Sierra Leona.

 

Berta Álvarez

Activista por los Derechos Humanos

La violencia sexual es tan antigua como la guerra, ha tomado diferentes objetivos y se ha usado de manera disímil en diferentes conflictos armados. La mujer siempre ha sido objeto de este tipo de violencia y trofeo en las guerras en una proporción desmedida debido a cuestiones relativas al género.

El ambiente bélico imperante está marcado por la ansiedad y el estrés, por ello emerge la violencia sexual como muestra de poder y capacidad de infligir daño. La mujer se convierte en un objeto. La funcionalidad de la violencia sexual está determinada por diferentes finalidades como puede ser obtener información, atemorizar, silenciar, expropiar o exterminar, recompensar a quien lo comete, satisfacción sexual, etc.

La realidad es que existe un uso de la mujer como táctica bélica, objetivo militar y objeto de guerra de forma generalizada. Todo ello produce un daño psicológico y físico en la persona que no siempre acaba ahí, pudiendo desembocar en torturas y homicidios. Las mujeres rohingyas son un claro ejemplo de lo mencionado anteriormente. Estas mujeres están sometidas a una doble amenaza, una limpieza étnica dentro del territorio al que pertenecen y una violencia a escala masiva por soldados y por otros hombres dentro de los campos de refugiados. Las migraciones forzadas que se ven sometidas a realizar son un foco especialmente accesible y vulnerable para ejercer violencia sexual sobre ellas.

La variabilidad y frecuencia de la violencia sexual en los conflictos armados es diversa y heterogénea. Hay determinados grupos armados y/o individuos que no ejercen la violencia sexual dentro del conflicto armado, de hecho, la realidad es que en ciertos conflictos la violencia sexual no tiene un predominio sistemático y generalizado, si no que es excepcional. Con la anterior afirmación se puede materializar la idea de que para desarrollar un conflicto armado no es necesaria la violencia sexual, es algo evitable y no va intrínseco en los grupos de combatientes.

La violencia contra la mujer es un problema de derechos humanos. Una de las principales grietas de esta vulneración en los conflictos armados se encuentra en la impunidad de la violencia sexual y el alto riesgo de la mujer de sufrirlo en un contexto bélico. Sus derechos quedan aún más relegados al tener en cuenta la demora de las investigaciones y el enjuiciamiento de los hechos debido a la situación del conflicto, lo que deriva en un aumento de la impunidad.

La realidad es que este tipo de violencia ha gozado de cierta impunidad a lo largo de la historia, por lo general ha sido considerada como un efecto colateral del conflicto armado. Sin embargo, no es hasta la Segunda Guerra Mundial cuando empieza a surgir una mayor preocupación en los organismos internacionales acerca de este fenómeno. Por eso en 1949 la ONU se encargó de redactar uno de los principales pilares del derecho humanitario, los Convenios de Ginebra, con la finalidad de limitar la ferocidad de las guerras, protegiendo a las personas que no participan en el conflicto armado. En lo que respecta a la violencia sexual en tiempos de guerra, esta herramienta internacional establece que los abusos sexuales en los conflictos armados son crímenes de lesa humanidad. 

Es labor de los organismos internacionales y de los estados perseguir este tipo de delitos. Asimismo, se debe incentivar que se denuncien fomentando la protección y las garantías procesales de las víctimas mediante la agilización de los procesos, investigaciones eficaces y protección y reparación de las víctimas.