Insultos en el fútbol: El argumento de los sin argumentos.

            Siempre reproché a los aficionados, también a los periodistas, que insulten a futbolistas y entrenadores por muy mal que desempeñen los partidos. Un carné, una entrada al Estadio, no es un salvoconducto para el reproche fácil y sistemático con improperios inaceptables en gente civilizada. En noviembre de 2019, leía este artículo en http://lperezcerra.blogspot.com/2019/11/insultos-el-argumento-de-los-sin.html, y me interesó por su paralelismo con la actual sociología del fútbol: “No soporto el insulto. Creo que denigra a quién lo profiere…” (…) “Insultar, según el Diccionario, es dirigir a alguien o contra alguien palabras, expresiones o gestos con intención de lastimar u ofender.

            Hay insultos que parten de una intención premeditada de desprestigio del adversario; otros se producen en momentos de excitación en el calor de una discusión. Insultos de los dos tipos parecen haberse hecho habituales en los debates entre nuestros políticos”. (…) “La agresividad contra el que no comparte las propias ideas no les otorga mayor razón, ni contribuye a un debate socialmente útil”. (…) “La utilización del insulto como recurso dialéctico desacredita al que lo utiliza, porque revela que está falto de razones, carece de capacidad para desvelar las contradicciones del adversario…”

              Es curioso que, los que insultan, justifican sus “diatribas” descalificando al sujeto que recibe sus críticas desacerbadas. Supongamos que se le pide su opinión a un futbolista sobre la actuación del árbitro y afirma: “¡Es un ladrón! Alguien le pagó para que nos perjudique…  Le hace mucho daño al fútbol”, a tenor de estas palabras eso me parece una lamentable “diatriba”. En “http//.lperezcerra.blogspot.com” se insistía: “No soporto los insultos vengan de donde vengan…“ Mientras, nos recordaba que “El filósofo alemán Schopenhauer ya comentó en 1831, en un librito titulado “El arte de tener razón”, hasta 38 estrategias para lograr tener siempre razón, justa o injustamente, en una discusión…” 

             En el panorama futbolístico, se generan amplias expectativas que no todas se cumplen; de ahí las reacciones de los aficionados impregnadas de frustraciones y reacciones irracionales; muchas veces gratuitas. De ahí que Judes Moreno escribiera: “Por desgracia en nuestra sociedad, y en diversos niveles y situaciones, se recurre al insulto para descalificar o rectificar los puntos de vista del oponente. No se discrepa con razonamientos o proposiciones… Quien recurre al insulto se auto descalifica”. Mi insistencia fue la necesidad de una educación deportiva que tendría que ser una constante, aunque me temo que estamos en regresión. Mientras tanto, asistimos a tertulias futbolísticas donde cualquier “petimetre” (Describo el pecado y no pongo nombre y apellidos del pecador para no ofenderlanza la colección de insultos más rebuscados.

              Sin embargo, para mí, es inaceptable que la crítica a personas sea mediante “epítetos” incontrolados, malsonantes, con poca empatía, cuestionamientos verbales o escritos, definiciones psicológicas que minoran cualidades... Juan Cruz Ruiz, periodista gallego, publicó “Contra el insulto” y nos ilustra: “El insulto es como el gatillo del lenguaje de quien quiere dominar”, igual que lamenta que “la televisión y los medios de comunicación están llenos de improperios”. Denuncia el insulto, lo que es una “obsesión” para Cruz, porque a su juicio “todo en la vida se puede decir sin recurrir a la descalificación de las personas”. Esta actitud, para mí, es innegociable; de lo contrario, estaría dispuesto a perder mis mejores amigos si no entienden estas premisas básicas.

         Salamanca, 1. octubre. 2020.