Algunas reflexiones psicológicas sobre el amor a la patria

Estoy escribiendo una novela histórica sobre Isabel de Saavedra, la única hija que tuvo nuestro gran Cervantes, al que  proporcionó muchos más disgustos y sinsabores que alegrías y placeres; sobre todo durante los últimos años del escritor. Pero no deseo ahora escribir sobre esta cuestión biográfica, sino del motivo que me llevó a escribir sobre esta mujer:

Acababa de ver casualmente una película, bien contada, digna, sobre la  hija, Adèle, del insigne escritor Víctor Hugo, titulada “Diario íntimo de Adèle H”; la historia de Adèle es muy breve: enferma mental desde joven, se enamora de un oficial francés que nunca la correspondió; su estado mental se agrava hasta que debe ser internada en un manicomio, donde pasará el resto de su vida. Nada más que destacar.

Al finalizar de verla pensé: “¡Cómo envidio a los franceses por su amor a todo lo suyo!Un argumento que no da casi ni para un corto documental, lo convierte F. Truffaut en una bella película”. Así surgió mi inmediato deseo de investigar y escribir sobre Isabel de Saavedra, la mujer que seguramente más influyó en la vida de nuestro escritor.

 En España hacemos justamente todo lo contrario: primero desconocemos o conocemos malamente los tesoros de todo tipo, también literarios, que poseemos; aunque los conozcamos apenas los valoramos (al menos hasta que no se celebra el primer centenario de su nacimiento o muerte). En la actualidad, si hay alguna excepción  (científico, artista, intelectual) que ha conseguido reconocimiento o algún premio internacional, los españoles le vuelven a premiar a posteriori, mientras los que no han tenido esa suerte u oportunidad, siguen en el vasto espacio de los desconocidos, muchos valorados ya fuera de nuestras fronteras.

La falta de amor a España, a sus riquezas y conquistas empieza, para las generaciones que aún vivimos, desde la escuela primaria: en ella, a través de una enseñanza básica y mítica se nos exigía como niños “amor a la patria”, a ese “imperio donde no se ponía el sol”, “a su suelo patrio lleno de sol donde venían a calentarse los turistas del norte”, etc. Es decir se nos adoctrinaba a base de mensajes fatuos, sin que al final nunca se nos enseñara con detalle y objetividad los numerosos logros de nuestra nación. Ni hechos colectivos dignos de alabanzas, ni individualidades de todos los campos del saber, ni profesionales y equipos de profesionales destacados en su materia llegan, excepto excepcionalmente, al conocimiento de la mayoría.(Ahora, desgraciadamente, a causa de la pandemia, nos estamos enterando de afamados investigadores, epidemiólogos, médicos, biólogos…)

Todos esos métodos no son los apropiados para llegar a amar madura y valientemente a nuestro país. El amor no se impone. Nace espontáneamente ante la contemplación de los valores: belleza, valentía, sabiduría, intuición, generosidad, eficacia.

En tiempos difíciles, como los que estamos viviendo, es cuando más dolorosamente se nota esta ausencia de amor: ¿Dónde está el sacrificio por el bien común? ¿Dónde está el agradecimiento y recompensa a los miles de sanitarios que están dejando su vida y todo su saber por los enfermos contagiados? ¿Quizás en los cinco minutos de aplausos que se les dedicó al principio y que se cortaron, pues impedían oír el ruido de sables afilándose contra el gobierno que acababa de tomar posesión? ¿Dónde está la esperanza razonada en que todos juntos saldremos de ésta, aunque hayamos llegado a una mala situación?

Amamos, en el mejor de los casos, a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestros hermanos, nuestras casas, nuestro coche, nuestro perro…pero eso no tiene nada que ver con el amor a la patria. Amar la idea de un conjunto de semejantes, que tenemos más cosas en común que diferentes, no se hace por decreto, ni por miedo, ni por intereses materiales…Se hace a lo largo de una vida, con las vivencias cotidianas y los conocimientos cada vez más amplios y profundos sobre España. Muchos gobernantes del pasado y algunos del presente han querido construir un atajo e imponer a los demás su fantaseado amor a la patria: no les lleva a ninguna parte.

Menos aún a vencer la pandemia de Covid19 que tanto nos está haciendo sufrir.