Médicos y mártires

Coincide mi libro de breves vidas de santos, que me trajeron los Reyes allá por los primeros noventa, con uno de los anecdotarios médicos de José Ignacio de Arana con que me obsequiaron los mismos Magos, cuando ya creía en ellos de otra manera, al terminar esa década que suena ya al pasado, pero del lejano. Coinciden en su semblanza de los hermanos que hoy celebramos, para mayor abundamiento gemelos, incluso médicos ambos, y hasta santos, y unos santos de esa categoría especial con palma y sin necesidad de milagros, la de los mártires. No obstante, milagros se supone que hacían muchos, claro, ensalzados en leyendas medievales, como la que les atribuye el primer trasplante, que lo fue de pierna, con donante muerto, e interracial, porque la santidad nunca ha puesto esas barreras paganas.

Hoy, 26 de septiembre, los médicos los celebramos como patronos, aunque sean a modo de escolta de Lucas, el evangelista. Compartimos el patrocinio con nuestros vecinos y compañeros los farmacéuticos. Al parecer, según relata Arana, estos médicos de finales del siglo III, que vivían en Cilicia y eran de origen arábigo, fueron denunciados por sus propios compañeros, celosos por su acierto y porque no cobraban a los pacientes al remediarles los padecimientos. Los denunciaron por cristianos y en el año 302 fueron decapitados durante la persecución de Diocleciano, la última. En el Imperio Romano, claro, porque las persecuciones contra los cristianos se han sucedido y hoy continúan.

Me refiero, tardo en nombrarlos, a los cotitulares junto a Santa Margarita de un antiguo hospital salmantino, refundido luego en el General, hoy colegio de las Siervas de San José, en la calle Marquesa de Almarza. De allí parte, subiendo hasta la plaza de San Román, con un desolador solar arriba a la derecha, la calle a ellos dedicada, que no lleva su nombre, sino el de “los Mártires”. Los mencionaré al fin: Cosme y Damián. Tanto monta, monta tanto: salud y enfermedad, diagnóstico y tratamiento, médicos y mártires.

Más allá de la fe, que pesaba en su arte médica como pesa en el quehacer de tantos otros colegas, y más acá de si se les venera como patronos o se les ignora, invito a mirarles como mártires en cuanto testigos. Testigos los médicos de lo escondido, lo íntimo y lo vergonzante en muchos casos. Testigos de miseria y muerte, de gozo y lágrimas también de alegría. Cosme & Damián, buenos ejemplos de esos que han alcanzado la santidad por colleras, a imagen del envío de dos en dos; antes de ser testigos de la fe en Dios dando la vida, dieron vida y dieron su vida mientras eran testigos de la debilidad humana. Era su forma de creer y de amar. Como se dice en el juramento hipocrático, aunque ni ellos ni yo creamos en Apolo, ni en Asclepio, ni en Higea ni en Panacea, sino en Jesucristo, “vivieron y practicaron su arte de forma santa y pura”.

Elevo a ellos, para que la trasladen, esa oración de la liturgia hispana que mi viejo libro “El santo de cada día”, tan desgastado desde aquella mañana de Reyes, incluye en su 26 de septiembre: ¡Oh Dios, nuestro médico y remediador eterno que hiciste a Cosme y Damián inquebrantables en su fe e invencibles en su heroísmo…!, haz que por ellos sea curada nuestra ignorancia.

Al pasar la otra tarde por su calle, la de los Mártires, la del pequeño solar que ojalá pronto se adecente, supe que junto al viejo hospital quedan ecos de esas plegarias, y que, seamos creyentes o no, cada vez que un médico es testigo del dolor de un enfermo, a su lado, a la cabecera de su cama, Cosme y su hermano gemelo nos ayudan a ser “mártires” de ese dolor que ha de ser cuidado y confortado. Supe que ellos vigilan, que velan por nosotros, y que cada vez que nos cansamos del sistema, o que discutimos entre nosotros, o que vemos humedecido por las leyes y las ideologías el papel necesario y bien razonado de nuestra deontología profesional, verdadero progreso de la humanidad, Damián y su hermano gemelo nos recuerdan que somos “médicos”. Y a mucha honra.

¡Feliz día, compañeros! También a los farmacéuticos.

En la fotografía, la salmantina calle de los Mártires, dedicada a Cosme y Damián, que el santoral señala cada 26 de septiembre