Si quieres que te entiendan... ¡Escúchalos!

“Hablar es una necesidad, escuchar es un arte” (Johan W. Von Goethe). Con el tiempo he valorado mucho a aquellos personajes que colaboraron contigo en tu trabajo, en tus logros, tus tareas, tus objetivos. Mucha gente anónima, retribuida a Convenio, todos los días, trabajan con entusiasmo e incondicionalmente. Y admiro, sobre todo, a aquellos que “sabían escuchar” aunque en las reuniones de trabajo parecían siempre destacar aquellos que gesticulaban y hablaban mucho. Decía S. J. Lec que “A veces tienes que estar callado para que te escuchen”.

         ¿Oímos? ¿Escuchamos? ¿Entendemos? ¿Interpretamos? ¿Estamos sordos? ¿Por qué se nos taponan los sentidos? ¿Sin habernos cruzado una sola palabra, ya sabemos lo que piensa nuestro interlocutor? - “¿Estás sordo?... - ¡Si, peso ya más de ochenta kilos…!” Sin duda, nos estamos convirtiendo en “incomunicados funcionales”. Y es verdad que el diálogo para besugos existe: “ – ¿Oye, vas de pesca…?” – “¡Noooo! ¡Voy de pesca!”. – “¡Ah…! ¡Creí que ibas de pesca…!” 

Un entrenador de fútbol “cabreado” predispone a la incomunicación. “¡Oiga, señor entrenador, por qué cambió a un delantero por un defensa? Y mirando por el rabillo del ojo, el entrenador sentencia: “¡Es que el entrenador soy yo… esa es mi responsabilidad!”. Es verdad que hay preguntas de segunda y de tercera intención, pero el entrenador, nunca mejor dicho, tiene que estar entrenado para ello. Porque, es una evidencia, la falta de educación de las partes que provoca una deficiente cultura de grupo y se forman cadenas negativas, nadie se escucha. Y un diálogo que debiera producirse de manera natural se convierte en una “jauría” de preguntadores de mala fe que no esperan respuestas transparentes sino exabruptos que les viene muy bien para engordar titulares. 

La moda a principios de esta Liga 2020/21 es criticar a Zinedine Zidane porque no aprovecha a jugadores como Mariano, Jovic, Reguilón, Ceballos, James o Bale, entre otros. Curiosamente, volvemos a las andadas porque los mejores jugadores para la prensa son precisamente los que no juegan. O sea, lo de menos es el fútbol, el equipo, las plantillas; lo fundamental para un periodista es encontrar una veta con la que entrometerse y generar contenidos negativos que son muy prácticos para las portadas. Pero regresemos a lo de antes, ¿Vds., creen que Zidane desestima a esos jugadores si no tuviera otros con mayor nivel competitivo? Tanto él como el conjunto de entrenadores actúan con esa lógica que los medios se atreven a cuestionar simplemente para incordiar y no favorecen la comunicación franca entre los miembros de los equipos, incluidos los aficionados. Yo me afiliaría al dicho de Charles Chaplin: “No esperes a que te toque el turno de hablar, escucha de veras y serás diferente”.