Una semana europea más de la movilidad. Sin emisiones.

Un año más llega la semana que pretende promover la movilidad sostenible urbana impulsada por la Unión Europea. El lema es “Por una Movilidad sin emisiones”, y “refleja el objetivo ambicioso de lograr un continente climáticamente neutro para el año 2050” declaración de la Presidenta de la Comisión Europea recogida en la Guía temática. Continúa con “subraya la importancia de la accesibilidad de un transporte sin emisiones y promueve un marco inclusivo en el que participen todos los actores” (el subrayado es mio).

Según esa guía, se han reducido los desplazamientos en coche en las grandes ciudades. Pero la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) confirma un aumento del 28% entre 1990 y 2018 de las emisiones del transporte, y su cuota de energía renovable permaneció en el 8,1% en 2018. Alerta sobre los efectos del cambio climático y fenómenos ambientales relacionados como inundaciones, sequía u olas de calor, como amenaza inmediata para el bienestar de la ciudadanía europea.

Lista de compromisos permanentes​ recogidos en la adhesión del Ayuntamiento de Salamanca a la campaña de este año.

Aplicar medidas directas afrontando la contaminación, las emisiones de carbono o la congestión del tráfico puede tener efectos inmediatos. La congestión en los entornos urbanas cuesta casi 100.000 millones de euros al año, el 1% del PIB de la UE. La contaminación atmosférica causa más de 400.000 muertes prematuras, al menos 30.000 en España. Medidas de largo plazo como fomentar el uso de la bicicleta, los desplazamientos a pie, o un transporte público de bajas emisiones y neutralidad climática, producirá efectos inmediatos muy positivos.


Pero este año es diferente. Por ello Ecologistas en Acción creó la campaña “Confinemos los coches”, para devolver el espacio urbano a las personas frente a los vehículos. Además de emisiones contaminantes y de efecto invernadero, el tráfico también es responsable destacado de la contaminación acústica. Para corregirlo proponen impulsar Zonas de Bajas Emisiones. Como Madrid Central, que en su primer año redujo un 20 % la concentración de gases contaminantes en el centro de esa ciudad.

La Universidad toma medidas modestas. Facilitar que el transporte público vuelva a circular por el Campus Miguel de Unamuno debe de ser de una gran complejidad técnica. Nada que ver con la facilidad con la que lo expulsaron.

Un problema especialmente grave es la situación del transporte público. A pesar de no encontrarse brotes de contagios de COVID–19 relacionados con él, se considera poco seguro. Atizado por mensajes sin fundamento científico lanzados por autoridades y amplificados por medios de comunicación. A la par que olvidan poner medios para evitar aglomeraciones, salvo raras excepciones. El resultado es el descenso generalizado del uso del transporte público y un repunte del coche. De mantenerse aumentarán los atascos y la contaminación, con las consecuencias conocidas para la calidad de la vida y la salud pública. La vuelta al cole en Salamanca esta semana no ha sido muy edificante al respecto.

Y no olvidemos el ferrocarril, Renfe sigue sin poner en marcha todos sus servicios, ni siquiera en las líneas con obligación de servicio público. Así caen más aún los usuarios del tren y una larga lista de ciudades, como Salamanca, y pueblos ven aún más mermadas sus conexiones. Una política que se aleja de uno de los principios fundamentales de un gobierno progresista que dice apostar por la transición ecológica.