Sábado, 28 de noviembre de 2020

Amores divinos VI. Pasión destructiva. Medea y Jasón

No creo que Eurípides, aquel que llegó a ser uno de los tres grandes poetas trágicos de Grecia, imaginara por un momento que su Medea, estrenada durante las Olimpiadas del año 431 a. C., continuara siendo leída y representada casi 2.500 después en grandes certámenes teatrales, ni que sirviera de inspiración para una ópera o que el director Pier Paolo Pasolini llegara a dirigir una película (1969) cuyo papel principal fue para la diva Maria Callas en su única incursión en el cine, pero así ha sido. “Medea es una semidiosa que puso toda su fe en un hombre. Al mismo tiempo es una mujer con todas las experiencias del dolor y el sacrificio… y trató de sobrevivir”. Así definió la Callas al personaje.

Se trata de una historia larga y complicada que trataré de resumir lo suficiente para que sea comprendida pero sin resultar tediosa.

Nieta del titán Helios, personificación del Sol y sobrina de Selene, la luna, Medea era hija de Eetes, rey de la Cólquida[1], y de la ninfa Idía, hija de Océano, pero además de contar con tan ilustres parientes, fue sacerdotisa de Hécate, hechicera, bruja y señora de los terrores de la oscuridad, y alumna aventajada de Circe[2], todo esto hizo de Medea una mujer muy especial. 

Por su parte Jasón era hijo Esón, rey de Yolco, al que su hermanastro Pelias había asesinado arrebatándole el trono. Su madre, temerosa de que quisiera acabar también con la vida del pequeño príncipe, heredero legítimo, simuló su muerte y en secreto le envió junto al centauro Quirón[3] para que este lo cuidara, educara y adiestrara. Los que le conocieron dicen que era arrogante y orgulloso pero dotado de un gran encanto personal lo que le hacía ser amado por todos.

Finalizada su formación, y digamos que de viaje de fin de curso, su maestro le mando a conocer mundo y Jasón, impulsivo como era, partió raudo a Yolco a reclamar su trono. Pelias, como suele suceder en estos casos, había sido advertido por un oráculo de que un joven con una sola sandalia pondría fin a su vida y le arrebataría el trono y allí se presentó Jasón, para que se cumpliera la profecía, calzando una única sandalia porque la otra la había perdido ayudando a una anciana a cruzar un rio. Mucho se rumoreo que aquella anciana no era sino la diosa Hera.

El rey al verle, manipulo la información (estas cosas viene de lejos) y le acusó del crimen que el mismo había cometido años atrás, pero temiendo la ira de los dioses y el pueblo, no ordenó matarle sino enviarle a los confines del mundo a realizar una hazaña imposible: robar el Vellocino de Oro.

El joven príncipe aceptó el desafío y partió sin demora hacia la Cólquida al mando de sus argonautas, protegidos por las diosas Hera y Atenea, en busca del Vellocino, un valioso objeto situado en el Jardín de las Hespéridas y custodiado por un enorme dragón. Las diosas pidieron ayuda a Afrodita para aquellos valientes y a la diosa del amor y la belleza no se le ocurrió otra cosa que convencer a su hijo Eros para que con una de sus doraras flechas hiciera que Medea, hija del rey de aquel lugar, se enamorase perdidamente de Jasón y le apoyase en el cumplimiento de su misión. Este fue el instante en que el destino de la hija de Eetes quedó trágicamente marcado.

El rey se negó a entregarle tan valioso objeto pero Jasón siguió en sus trece. Medea prometió ayudarle si le juraba amor eterno y el héroe lo hizo sin dudar. Utilizando sus conocimientos de hechicería Medea durmió al dragón mientras su amado robaba el Vellocino. De inmediato ambos embarcaron en el Argos y regresaron a Yolco.

Jasón había cumplido pero Pelias no quería soltar el trono, así que Medea puso de nuevo en marcha sus siniestras habilidades y enloqueció a sus hijas hasta lograr que pusieran fin a la vida de su padre. Pero la mala conciencia del príncipe por lo sucedido enturbió la relación entre ambos por lo que decidieron viajar para dejar todo aquello atrás. 

El destino les llevo hasta Corinto, ciudad gobernada por Creonte. Allí pasaron 10 años felices y tuvieron 2 hijos. Pero todo se complicó cuando Jasón se enamoró de Glauce, la hija del rey, y dijo a Medea que la iba a abandonar para casarse con la joven princesa además, ¡qué desfachatez!, pidió que le liberara de su promesa de amor eterno.

Medea se consumía de celos, sin embargo se mostró tranquila y sumisa mientras fraguaba su venganza. Unos días antes, como regalo de boda, hizo llegar a la novia un hermoso vestido tejido por ella misma que, en secreto, había impregnado con sangre tóxica de centauro. El mismo día de los esponsales, al contacto con aquella hechizada prenda la muchacha comenzó a arder y, junto a su padre que acudió en su ayuda, murió abrasada. Para herir aún más a Jasón asesinó a sus dos hijos.

Segura de que habría represalias de su ex, Medea huyó, dicen que volando, hasta Atenas donde, según se rumoreo, comenzó una nueva y anónima vida, pero nadie sabe si logró olvidar a Jasón. Por su parte, el héroe se sumió en una delirante depresión, y cuentan que se quedó a vivir en su nave, junto al mar, hasta que una tormenta rompió el palo mayor que cayendo sobre su cabeza puso fin a su vida.

Yo comprendo qué crimen tan grande voy a cometer, pero en mis decisiones impera la pasión, que es la mayor culpable de los males humanos” Así quiere justificar Eurípides a la protagonista de su tragedia. Diderot, el gran enciclopedista francés, será más preciso al apostillar: Se habla sin cesar contra las pasiones. Se las considera la fuente de todo mal humano, pero se olvida que también lo son de todo placer. Siempre en su justa medida que diría el gran Epicuro.

 


[1] Se cree que era una región situada en el actual estado de Georgia en la costa del mar Negro.

[2] La hechicera que con sus pócimas hacía olvidar su hogar a los hombres y con su bastón los podía transformar en animales. Odisea la conoció bien en una etapa de su viaje (La Odisea, Canto X, 229)

[3] Entre sus numerosos e ilustres alumnos están héroes como Aquiles, laertes, Teseo, Néstor, Peleo, Eneas, Orfeo o Heracles.