Astillas de un árbol muy vivo

Cada año, por septiembre, cuando el día catorce tantos pueblos celebran a Cristo en “la fiesta del Cristo”, alguien es invitado para exaltar la Cruz en la iglesia a ella dedicada en Salamanca. Lo hace la Cofradía de la Vera Cruz desde 2006, el año de su quinto centenario, y lo que fue un acto más de las conmemoraciones, iniciativa en la que tuvo parte destacada el hermano Antonio Borrego, fue consolidado por la junta directiva presidida entonces por Jesús López como oficioso comienzo del curso cofrade en Salamanca.

En este año de la pandemia, además de la notable limitación de aforo, pues no permite más de veinticinco asistentes la normativa sanitaria en una iglesia (diferente trato se dispensa a las convenciones sindicales), el exaltador hubo de guardar aislamiento en su día. Por desgracia, hubieron de prestar voz sendos cofrades, Mar y Carlos, al brillante texto de Alberto García Soto, que no obstante lo pronunció para que llegara a más personas a través de este vídeo. El zamorano, cofrade de la Vera Cruz salmantina y orientador escolar ahora en la comarca de Aliste, ensalzó la Cruz como debe ser ensalzada, subrayando que es la humildad su corona y la pobreza su tesoro. Entre esas “astillas” del Lignum Crucis, que buscó en su convulsa historia, en las procesiones de la cofradía evocadas con el alma en la palabra, en los retos del mundo actual y de la Iglesia en este trance tan difícil, destaco sus búsquedas y hallazgos en su quehacer profesional como psicólogo en el mundo educativo. Astillas de cruces familiares en las que Cristo vuelve a ser crucificado, porque asocia todo dolor humano a su Pasión. Invito a escuchar a Alberto, mientras recuerdo las astillas que otros, antes y en el mismo lugar que él debiera haber ocupado, señalaron como reliquias vivientes y encarnadas de la Cruz de Cristo.

Desde aquella exaltación inaugural de Ángel Ferreira, abogado y fundador de cofradías, figura imprescindible en recientes décadas de la Semana Santa salmantina, han desfilado por el atril cofrades y no cofrades, pero todos se atrevieron a señalar la Cruz con el corazón en la mano. Han pasado hombres de ciencia y docencia como Félix Torres, adentrado también en la ciencia de la Cruz y en sus enseñanzas, y hombres de leyes, como Alejandro Pérez de la Sota y Enrique González, que además lo hicieron mientras ejercían como hermanos mayores del Nazareno y de la Universitaria, respectivamente. Pasó Ana Pedrero, por ahora la única mujer, siempre pionera, otra zamorana azul, bien cerca de su Cristo de los Doctrinos, y después más periodistas como Ángel Benito y Paco Gómez, referentes en nuestra Pasión local. Breve e intenso fue el acercamiento lírico de Toño Blázquez, mientras que Rafael López Borrego usó como hilo conductor su campo docente, la historia del arte. El primer presbítero en exaltar la Cruz fue Fernando García Herrero, y también lo hicieron el añorado Fructuoso Mangas, en una de las intervenciones más personales, y Javier Fresno, cofrade antes que cura, y durante, como quedó claro en su pregón, igual que la profundidad poética de José Manuel Ferreira se dejó sentir en la edición de 2012. Otro cofrade, quien esto firma, tuvo el honor, el mayor que se me ocurre para un hermano de la Vera Cruz, hace cinco años, y estoy seguro de que muchos otros, en los años venideros, continuarán haciendo camino. Como deseó el presidente de la cofradía, Antonio Santos, que completa en estos días su mandato, ojalá la siguiente Exaltación de la Cruz pueda celebrarse en otras condiciones. Con la capilla llena, como era costumbre.

Astillas todas de un árbol muy vivo, que brota en cada hombre que cree, que espera y que ama, o que sufre mientras le faltan el amor, la esperanza o la fe. Un árbol lleno de vida que unos odian y persiguen, que en otros suscita burla o prejuicio, que hay quien quiere hacer volar o resignificar despojándolo de su mensaje de paz y reconciliación. Un árbol frondoso, de sombra segura y perenne eternidad, que necesita ser mirado con los ojos bien abiertos, porque no pueden cerrarse ante la fuerza de Dios ni privarlos de contemplar su sabiduría.

En la fotografía, uno de esos cruceros alistanos que traen luz de Cruz a las encrucijadas