Martes, 22 de septiembre de 2020

Volviendo a los recuerdos 

Dice el diccionario que ‘mitigar’ es “moderar, aplacar, disminuir o suavizar una cosa rigurosa o áspera”. Y eso es lo que voy intentar hacer hoy cuando he vuelto a los recuerdos. En ello estaba, cuando llega el señor Manuel a la parcela con su cachaza habitual que muchas veces me hace dudar, si será su manera normal de ser o consecuencia de los dolores producidos por su “jodía pata mala” (como él mismo comenta), y de lo que es reacio a operarse…

- Buenos días señor Manuel.

- Buenos y santos prenda. Por cierto te veo con cara de estar pensando en cosas trascendentes a más no poder… ¿Es así?

- ¡Vaya hombre! Usted a su manera es un adivino. Así es.

- Pues cuenta, cuenta, si no tienes inconveniente. Para eso están los amigos.

- Pues le agradezco esta comprensión, que no es muy habitual el saber escuchar.

- ¡Qué remedio!... (El señor Manuel por lo “bajines”).

- ¿Decía usted algo Señor Manuel? Ya sabe usted que mí capacidad auditiva en la distancia que tenemos que conversar por el dichoso virus… no es muy boyante.

- No, nada importante. Continúa.

- Pues verá usted, hace unos días repasando cosas en mí “cubículo” o “rincón de pensar”, me encontré con un diario que comencé a escribir el 18 de agosto 2012 ‘Volviendo a los recuerdos’ en tropel y sin misericordia. 

- ¡Me lo figuro! Tenías 78 años y ahora son 86... como para no estar acongojado, siendo suave al decirlo.

- Y más cuando abro página sin mirar del Diario y sale: Escrito en la habitación 503 del Hotel Riazor (La Coruña)-(Ver foto), el día 24 de agosto 2012… “Salimos de Salamanca a las 8,00 horas en el coche de Susana y Nacho. Viaje tranquilo. De 485 kilometros; con una parada intermedia llagamos a La Coruña, en medio de un fuerte aguacero que presagiaba mal tiempo ¡pero no! al momento escampó saliendo un sol radiante que nos permitió ver desde la magnífica posición de la ventana en la habitación 503 , ¡La Mar!... Solamente por ello hubiera merecido el venir.

… A las 8,00 horas del día 25 estoy en la Playa  y tengo la enorme satisfacción de ser la única persona que pisa su arena. (Ver foto). Se está fantástico. La arena está dura, la mar embravecida dejando algas en la orilla. Hay un olor inconfundible a mar… ¡Oh la mar! ¡Qué momento!

- Ya se te nota que aquello fue fantástico y digno de vivirse. ¿Has vuelto a ir?

- Pues no señor Manuel; “aquello” ha quedado en este ‘Volver de los Recuerdos’ para siempre. Además amigo mío se dará usted cuenta del valor que estas vivencias alcanzan ahora cuando vemos a lo que hemos llegado con esta venida inesperada del Coronavirus. Aquello que viví se ha quedado en algo inolvidable con el recuerdo de otros métodos, otras personas, otros tiempos, otras ilusiones. ¡Por Dios diría nuestra querida Mari Loli! ¡Como ha cambiado todo!

- Efectivamente y que nunca volverá a ser como fue. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Mucha gente amiga y conocida se ha quedado en el camino de la vida en esta pandemia. Y este año a la fiesta de San Agustín ha venido menos gente conocida y más de los que ya no conozco.

- Tienes toda la razón. Y te voy a decir con sinceridad que a nuestra edad estamos ya fuera de todo esto, no lo entendemos. Pero si comprendemos más al señor Jacinto cuando dice su soliloquio repetido: “… por lo demás, todo igual, los mismos problemas, los mismos miedos, la misma soledad, el mismo aburrimiento. Me cansa la tele me cansa y preocupa el coronavirus, y ya no estoy para nada. Me estoy haciendo viejo, muy viejo, y los planes a largo plazo ya no tienen para mí ningún valor”.

- Pues está bueno el patio. Ya decía yo al principio que iba a intentar mitigar algo el tema de los recuerdos. Pero comprendo que es difícil. ¿Sabe una cosa señor Manuel?

- Tú dirás prenda.

- Pues que otro día hablaremos y escribiremos sobre la felicidad que no es otra cosa que “un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Satisfacción, gusto, contento, suerte dichosa”.

- Eso…. ¿En teoría?

- Sí, claro. Teóricamente.

- Pues como bien decía un amigo nuestro: “Pero aunque la suerte puede ayudar a la felicidad, no basta. La felicidad es una conquista. Hay que trabajársela”. Pues eso.