Lunes, 28 de septiembre de 2020

Recordando.

Siempre me ha resultado difícil tratar el recuerdo de personas que nos han dejado. Pero, aparte de familiares, hay quien deja sensación de pérdida notable, y estos últimos años han sido unos cuantos. Quizás el primero fue Nicolás Martín Sosa, profesor de nuestra Universidad y Ecologista, en unos meses serán 20 los años privados de su compañía y sabiduría.

Lo anterior viene a cuento porque ayer viernes se cumplieron 15 años de la desaparición del médico José María Francia Viña. Querido amigo y compañero en algunas fatigas, también Ecologistas. Es difícil no recordarlo con cada uno de los todavía frecuentes reventones en la red de aguas de nuestra ciudad. O cuando el vertedero de Gomecello parece haberse llenado más rápido de lo provisto. Y ya ni te cuento si se habla de sanidad vinculada a la ordenación del territorio, que centró sus últimos años dirigiendo el Grupo de Estudios de Salud Pública y Medio Ambiente, y con su apoyo a las gentes de Ciudad Rodrigo.

Cuando fue concejal de Medio Ambiente, Sanidad y Consumo entre 1991 y 1995 tuvo la extraña idea de impulsar el Consejo Sectorial de Medio Ambiente, cuya vigencia actual desconozco. Eso llamado participación ciudadana, de interés para el entonces PSOE gobernante en la ciudad. El mecanismo podría ser imperfecto, pero daba más espacio a la sociedad de lo que tenemos ahora. Salamanca se adhiere al Programa de Ciudades Saludables de la FEMP, y ello obliga a analizar la situación de la salud salmantina. Se audita al servicio municipal de aguas, que a pesar de su precariedad daba beneficios a las arcas municipales y hoy es de gestión privada. También se pone encima de la mesa el vertedero al borde del desborde. Y, una vez más, el rio Tormes.

Con el objetivo de buscar y planificar soluciones, el compromiso es elaborar un Plan municipal de Salud. Este pretendía, además de planificar intervenciones futuras, la coordinación interna de políticas sectoriales y evaluación de los programas municipales relacionados con Salud Publica y Medio Ambiente, además de la cooperación con otras Administraciones. También articular la participación ciudadana y comunitaria en el seguimiento, control y desarrollo de los servicios de salud y de medio ambiente urbanos. Supongo que el curso superior de Salud Pública que José Mari realizó en 1976 en la Escuela Nacional de Salud no fue ajeno a su interés por todo esto.

Fue un momento importante. Se entendió la importancia de la planificación para construir el futuro de la ciudad, no solo del urbanismo al servicio de unos pocos, con la gente. Con aciertos y errores claro. Él decía en la introducción de las “Fichas de diagnóstico de salud” “Garantizar la continuidad institucional del programa Salamanca Ciudad Saludable requiere, articular un complejo proceso de participación a través del esfuerzo sostenido de grupos voluntarios, de profesionales y funcionarios que se comprometan día a día con el programa”. El cambio político en 1995 acabó con esto, privatizó la gestión del agua, mantuvo una deficiente política de residuos, e instauró una política ambiental publicitaria.

Tras el paso por la política municipal, estuvo en la pelea por defender el arbolado de la Plaza de Los Bandos, de la Plaza de la Fuente (todavía sobreviven en buen estado gran parte de los árboles trasplantados a la Aldehuela) o el antiguo Depósito de la Avenida de Campoamor. Y en Buenos Aires, y en Ciudad Rodrigo. Mirar atrás trae buenos recuerdos de personas queridas, pero demasiadas veces te hace pensar si el refrán “cualquier tiempo pasado fue mejor” en ocasiones no esconde mucha verdad.