Sábado, 19 de septiembre de 2020

La caída de Constantinopla

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Está semana ha comenzado el curso político con sesiones de control al gobierno, tanto en el Senado como en el Congreso de los Diputados. Lo más triste es que este periodo de sesiones ha comenzado igual que finalizó en anterior, con bronca entre los parlamentarios de unas formaciones y otras; la oposición contra el gobierno, al que no ha dado ninguna tregua desde la composición de mismo, a principios de año, y el gobierno contra la oposición. Desde la oposición ultra conservadora de Vox, se acusa al gobierno de ser el peor en 80 años; es decir, que hasta el gobierno de Franco, el del final de la Guerra Civil, el que ejecutaba sin piedad a miles y miles de españoles (ya en tiempo de paz) por pensar de otra manera, en las tapias de los cementerios, al amanecer, mediante juicios sumarísimos que eran una auténtica farsa, o que, por medio de las criminales teorías del psiquiatra Vallejo Nájera -que consideraba a los rojos como seres salvajes, inferiores y delincuentes- se permitía separar a los niños de las presas republicanas para darlos en adopción a familias adineradas del Régimen. Según Abascal, aquél gobierno de Franco era mejor que el actual. Claro, son sus referentes ideológicos.

Por su parte, la otra derecha, la del PP de Casado, ha puesto ya tantos palos en las ruedas de la gobernabilidad y del progreso de los españoles, que parece que conducen el carruaje griego que llevaba Messala (con hierros cortantes horizontales que salían del centro de las ruedas para destrozar los ejes de las del resto de los vehículos de los participantes, inhabilitándolos para seguir compitiendo, jugando siempre con trampa, no de forma honesta y limpia) en la mítica carrera de cuadrigas de la película Ben-Hur; porque el PP, como el entonces general romano Messala, quiere mandar a toda costa, pisoteando, con saña, no sólo a los adversarios sino también a a los amigos íntimos de la infancia, que con los años se mantuvieron fieles en la defensa de sus ideales, como Judá Ben Hur, por la ambición desmedida de la consecución de un poder absoluto y despiadado.

Casado se ha propuesto no colaborar en nada, no sólo no apoyar, sino ni siquiera negociar unos PGE tan necesarios para España como están haciendo otras fuerzas políticas (Ciudadanos Ezquerra Republicana o PNV) en un momento muy crítico para nuestra economía y para nuestra convivencia, derivado de la pandemia por la Covid-19. España necesita aprobar esos PGE para poder destinar los fondos europeos de la recuperación, esos que el PP intentó boicotear en las instituciones europeas. Ya se sabe, si no gobiernan, cuanto peor le vaya a España y a los españoles, mejor para ellos, porque tienen más posibilidades de que se adelanten los comicios para ganarlos y “mandar”. Y hacerlo con mayoría absoluta, junto a Vox, para volver a la política caciquil y clientelar y reproducir los años de Gürtel, de Lezo, de Púnica o del espionaje parapolicial pagado con fondos reservados para conseguir documentación comprometida para el PP y ocultarlo al juez que investigaba la corrupción de este partido. Pablo Casado no puede “escurrir el bulto”, porque ha estado en cargos muy relevantes cuando afloró la corrupción del PP: presidente de Nuevas Generaciones de Madrid cuando el gobierno de esta comunidad estuvo presidido por Esperanza Aguirre e Ignacio González y Vicesecretario y responsable de la campaña electoral del PP cuando se cometieron los espionajes a Bárcenas pagados con fondos reservados.

Un ejemplo de que el PP disfruta con el mal ajeno se vio ayer cuando el Congreso de los Diputados rechazó el Decreto que permitía al Estado el acceso a los remanentes de las cuentas de los ayuntamientos, en virtud de una Ley aprobada por el gobierno de M. Rajoy, siendo ministro de Hacienda Cristóbal Montoro. La satisfacción que tenía Casado y su núcleo duro en la rueda de prensa rayaba el sadismo.

En 1453, el último estándar del mundo clásico, la antigua Constantinopla, cayó a manos de los turcos otomanos. Constantino XI decidió hacerles frente, mientras los nobles, el clero y los intelectuales empleaban su tiempo en discutir sobre el sexo de los ángeles en vez de aunar sus fuerzas contra el enemigo, que les destruyó para siempre. Los bizantinos discutían sobre si los querubines eran chicos o chicas.

Ahora no estamos en guerras contra otros países y civilizaciones, pero sí es necesario -ante una situación tan adversa como la ocasionada por la pandemia del coronavirus- que todas las fuerzas políticas: gobierno y oposición, se sienten a negociar, dialoguen y lleguen a acuerdos sensatos y coherentes que nos beneficien a todos los españoles, que aprueben los PGE y refuercen las políticas públicas: sanidad, educación, servicios sociales, justicia para que ningún ciudadano se quede fuera de la embarcación que nos conduzca al progreso y al bienestar. Esto sí es ser patriota y no ensalzar interesadamente los emblemas, estandartes y banderas (que son de todos) para apropiarse de los mismos, trasladar a los demás que son los únicos españoles y quiénes no los lleven son, sencillamente, la anti España.