Viernes, 4 de diciembre de 2020

¿Existió la Generación del 27?

En el año 1956 apareció en las playas de Punta Umbría un cadáver con documentación falsa. Lo único que se supo de él es que iba vestido con el uniforme del ejército inglés.

Hacía mucho tiempo que en el mundo de habla hispana se hablaba de la Generación del 27, y ya había quedado más atrás la Generación del 98. A mí esto de las etiquetas siempre me ha parecido una manía de candelero, pero si sirve para que José Luis Cano antes y ahora José Luis Ferris, imprescindibles en la literatura, nos iluminen mejor el camino hacia ellos y ellas, pues no le demos vueltas y admitamos a todos como compañía de aquella pujanza.

Sobre la Generación del 98 yo tengo menos dudas. Fue un grupo de escritores nacidos de un fracaso de país y una conciencia colectiva. Agotada la Restauración y sus instituciones, ellos  se negaron al desgarro definitivo. Se rebelaron contra el anquilosamiento. Y se situaron en la vanguardia cultural y liberal del país.  El mismo Pedro Salinas ve años después sin vacilación aquellos principios y los mismos perfiles exactos de un nuevo complejo unitario que irrumpió en la vida española. Son sus palabras.

¿Ocurrió lo mismo con la llamada Generación del 27?

No sé, no sé. Nada unía a aquel grupo fervoroso de jóvenes nacido con la dictadura de Primo de Rivera y que alcanzó el principio de su plenitud con la segunda república. Tal vez en esto último esté el motivo y no en la celebración del tercer centenario de la muerte de Góngora.

El primero en acuñar social, cultural, y escolarmente este término fue Gerardo Diego (a quien tanto debo) nada más acabada la guerra. La réplica vino de Cuba en 1944 y lleva el nombre de Juan Chabás. Y cuando el nombre de Generación del 27 pasa a la historia y se queda, apoyada en las editoriales franquistas, es  cuando un  Dámaso Alonso con gran poder moral sobre el resto lanza “Hijos de la ira”, que entronca con los salmos agónicos de Unamuno. A Dámaso Alonso ya no se le discute y es verdad el antes y después en la poesía española desde la publicación de este libro.

Gerardo Diego y Dámaso Alonso se salen con la suya. Porque yo creo que la denominación de Generación del 27 sirve sobre todo para tapar lo que en la dictadura resultaba imperdonable: la idea republicana.

Guerra a los olvidos. José Luis Ferris, a quien si no hubiera existido echaríamos de menos, está en ello. También está Pepa Merlo, a quien yo debo públicamente una disculpa. Una vez escribí un libro, a ella le gustó y pidió un trocito para estar en él. El libro luego no vio la luz pero el gesto de Pepa Merlo no tiene precio. Porque Pepa Merlo no es la mujer de, sino Pepa Merlo a quien tanto debemos, entre otras cosas su aportación al rescate de las mujeres en “Peces en la tierra”.

Y me alegra hasta el jolgorio que una Isabel Miguel, culta, inmensa poeta, excelente profesora que sigue siendo aunque no acuda a clase, se haya acordado de Juan Chabás.

Tal vez si preguntamos a pichones hembra o macho de la tribu no alcancen a dibujar la dimensión exacta de Juan Chabás. Estoy seguro de que Isabel Miguel, sí.

Juan Chabás cultivó la poesía, pero sobre todo destaca con el asombro de una prosa tan rica como la mironiana. Y fue el mejor crítico literario de aquel tiempo donde si algo sobraba era talento. ¿Por qué se habla tan poco sobre Juan Chabás? No hay escritor de aquella época tan versátil a la hora de la poesía, la novela, el ensayo, la crónica, la crítica, el periodismo. Su diversidad y adaptación al medio es la mejor cultivadora, sin perder pie nunca. Me parece inexplicable la indiferencia ante un hombre que hizo bandera de la literatura y del amor.

Está su obra al alcance de todos. Y está su historia, tan obediente a Guillén, viviendo antes que escribiendo. Comunista hasta las cejas, no dudó en compartir novia con un Borbón, el rey Alfonso XIII. Además ella, la actriz Carmen Ruiz Moragues, era la mujer del torero Rodolfo Gaona, una gloria nacional de México.

Gaona se apartó pronto, a un torero tan macho le habían casado los padres de Carmen para que se dejase de hablar del encamamiento de la hija con el rey. Se quedaron solos el comunista Juan Chabás, el rey borbón Alfonso XIII, y la novia de los dos, Carmen Ruiz Moragues. ¿Veis, descreídos, cómo los tripartitos ya funcionaban antes de llegar Vox?

Por entonces nació Leandro. Y cuando pasaron los años, Leandro resultó muy espabilado. Entre ser hijo de un comunista y un rey Borbón, no cabían dudas. Cuidó más su imagen alfonsina, se paseó por las televisiones dando noticia de sí mismo, pidió a la familia real su reconocimiento por las buenas o por pruebas de paternidad. Para que aquella bola de nieve parase, la monarquía reconoció enseguida su apellido y no sé si algo más. Murió de viejo creo que en el mismo hospital donde a mí tratan de salvarme la vida. Qué cosas. Hasta el último suspiro te roza la monarquía, quieras o no quieras.

Juan Chabás, el alicantino que tuvo una vida corta y una herencia escrita larga, amó hasta la muerte a Carmen Ruiz Moragues que se fue un mes antes del golpe de Estado. Javier Pérez Bazo, catedrático de literatura española en la universidad de Toulouse, no ha dejado de recuperarlo apoyado sobre todo por el Instituto de Estudios Alicantino y la Biblioteca Valenciana.

Ah, para saber quién era el hombre que nunca existió hay que preguntar a Clifton Webb. Lo malo es que Clifton Webb se murió cuando yo tenía 20 años o así.