Lunes, 28 de septiembre de 2020

Simple reflexión, reflexión simple         

Desde principios de año apenas se habla de otra cosa que no sean los aspectos médicos de la pandemia provocada por el COVID-19 (Un ser vivo e infinitamente pequeño que causa grandes daños). A estas alturas ya sabemos lo devastadora que ha sido, los millones de personas que se han y se siguen infectando y las centenas de miles que han muerto. Para sacar conclusiones positivas, se debería empezar a reflexionar, y a eso vamos:

Sabemos que el ser humano es el animal más depredador del ecosistema en que vive, que está muy orgulloso de la evolución que ha tenido a lo largo de varios siglos y de el impresionante desarrollo tecnológico que ha implementado para “dominar la naturaleza”, pero egoísta y negligente ha ignorado que esa forma de proceder se ha vuelto en su contra. Entre otros desatinos importantes, ha provocado un calentamiento del planeta en que vive, causando la extinción de muchas especies y otras están en peligro de desaparecer. Los coronavirus han existido en el planeta desde hace miles de años de acuerdo a la paleontovirología en diversas especies salvajes que han desarrollado anticuerpos contra ellos, no así el ser humano, al tener el hombre contacto con una especie de estos virus por primera vez, y lo que es peor: al ingerirlos, y siendo este tipo de coronavirus desconocido para su sistema inmunológico ha sido presa fácil y sucumbido a ellos.

Debido al confinamiento que el hombre ha necesitado tener para no infectarse, la Madre Naturaleza lo ha agradecido. Como muestra de ello muchas playas han vuelto a tener aguas cristalinas, algunas con pececillos, se ha vuelto a observar la fotoluminiscencia producida por algas que han vuelto a aparecer, ha disminuido la contaminación del mar por gasolina o diesel, han sido vistos delfines tornillo cerca de las playas, se han vuelto a escuchar el trinar de más aves, más mariposas monarcas han llegado a los bosques y las grandes ciudades se han quitado la boina de contaminación para lucir sus bellezas entre cielos azules y jardines multicolores.

Surge la pregunta: ¿Es necesaria la muerte de tantos miles de personas para preservar la naturaleza? 

En los últimos meses la atención ha estado puesta en la pandemia por coronavirus y nadie se ha vuelto a mirar a hacia nuestro ecosistema, los científicos están muy ocupados en la atención de enfermos, en las medidas para minimizar los efectos dañinos, en desarrollar una vacuna y un antiviral eficaz, pero muy pocos se han puesto a reflexionar sobre el medio ambiente, a salvar nuestro ecosistema y a entender que la pandemia que vivimos está directamente relacionada con un profundo desequilibrio medio ambiental.