Lunes, 28 de septiembre de 2020

La verdadera bomba vírica

Ya que los políticos, al parecer, también son de carne y hueso, bueno sería que supieran entonar el mea culpa cuando, intentando ocultar sus propias deficiencias, son capaces de lanzar alguna inconveniencia –a veces, más bien exabruptos- para censurar la labor de sus adversarios políticos. El comentario del presidente de Castilla la Mancha, además de ser una afirmación carente de refrendo y muy alejada de la verdad, constituye un ardid barriobajero impropio de quien ha ostentado unas calamitosas cifras en su política de contención del virus dentro de su territorio. Habría ganado muchos enteros si, haciendo bandera de su pretendida predisposición a criticar los errores de su propio partido, hubiera tenido la valentía de no sumarse a esa descarada campaña de acoso y derribo de los dirigentes de la comunidad de Madrid por el repugnante delito de que el inicio de su mandato haya despertado el respeto y la consideración de propios y extraños. Ante las primeras muestras de notoriedad, captadas tanto en la calle como en no pocos medios de comunicación, la izquierda toca a rebato y, como un solo hombre, los medios afines a La Moncloa y todos los sujetos a la nómina facilitada por el gobierno, han saltado a la yugular de la presidenta de la comunidad y su alcalde. Han decidido que, si no se corta de raíz esa corriente de aprobación, se pone en entredicho la posible vuelta de la izquierda a esas instituciones.

En esta ocasión, el Sr. García-Page no ha faltado a lista. Se ve que ha podido más su apego al cargo que la pretendida amistad que dice tener con la comunidad vecina – a la que no duda pedir ayuda para que se desplacen los madrileños y así poder aumentar sus ingresos por turismo, ¿eso no le preocupa? - Tal vez, por su formación en Letras desconoce lo que es una bomba radioactiva, pero creo que se ha pasado varios pueblos y ganaría muchos enteros disculpándose.

En esa campaña anti-Madrid, no vendría mal una dosis de imparcialidad y sentido común. En primer lugar, resulta demasiado descarado cargar las tintas en los datos de Madrid –que no son buenos- y olvidarse, curiosamente, de los de otras comunidades no gobernadas por el PP, y con cifras no precisamente mejores. Además, la especial situación de Madrid, centro de la Península, punto de paso obligado del sistema radial que caracteriza nuestras comunicaciones y sede del aeropuerto internacional de Barajas, obliga a un constante flujo de entrada y salida de personal. Si a todo lo anterior añadimos los problemas de aglomeración de personas en transportes públicos para asistir a los lugares de trabajo, podremos explicar las razones que posibilitan esas cifras en las grandes urbes. Todo es susceptible de mejorar, y la gestión sanitaria en Madrid, también. Pero algunas de las medidas de control de viajeros son exclusiva responsabilidad del gobierno central, y no se nota que, por poner un ejemplo, en Barajas se extreme el celo a la hora analizar a los que llegan a Madrid –y, tal vez, vayan también a Toledo-, como también se relajan en los puestos fronterizos.

Sr. García-Page, no le dé más vueltas. La verdadera bomba vírica, con visos de convertir a la comunidad de Madrid en una minúscula copia de lo que llegará a ser toda España, es la que está lanzando sus gérmenes desde La Moncloa. Contra el poder del aparato de propaganda del Sr. Sánchez no caben mascarillas ni distancia social. Y lo peor de todo es que el único que se ha lavado las manos ha sido él. Por culpa del coronavirus, además de las gravísimas consecuencias sanitarias –que no se pueden medir en euros-, somos presos de una asfixiante crisis económica. Nuestra economía está bajo cero, ingresada en la UCI y esperando el respirador que tiene que llegar desde Bruselas –y que, de momento, se resiste a proporcionarlo porque el enfermo no quiere seguir el tratamiento propuesto por los facultativos. Una primera vacuna sería la aprobación de unos PG racionales y susceptibles de ser cumplidos. Ni que decir tiene que para lograr el consenso de la cámara necesitará la aceptación de los partidos que apoyaron su investidura y la varios de los que se opusieron. Y en esas estamos.

Como si se pudiera engañar a los españoles en todo tiempo y en todos los temas, Sánchez hace lo que aquel padre que pegaba a sus hijos y los prohibía llorar. Exige, porque sí, que le aprueben los presupuestos, aunque suponga estar de acuerdo con una política diametralmente opuesta al propio programa. Reclama “unidad” cuando se niega a escuchar cualquier propuesta que no haya salido del obrador del repostero Redondo. Concede prebendas que rayan en la anticonstitucionalidad si con ellas consigue un voto que afiance su poltrona. Promete lo que no tiene, aunque, a la vuelta de la esquina, si te he visto no me acuerdo.

En el colmo del cinismo –¡hay que tener la cara de cemento o haberse fumado algo raro !- quiere adoptar el papel de predicador moralista cuando echa en cara a la derecha que no siga el ejemplo de otros partidos –léase PNV, EH Bildu o ERC- que han sido capaces de acudir en su ayuda “por amor a España”. ¿No será que el PSOE de Sánchez ama a España tanto como ellos? A la vista de los movimientos y las declaraciones de muchos dirigentes socialistas, no parece que este PSOE sea capaz de garantizar nuestra estabilidad, tanto económica como política. Está en un callejón sin salida y pretende que le saquemos los demás.

Nuestro presidente solicita de todos lo que él no practica. En época de estrecheces y privaciones, nos permitimos el lujo de mantener más carteras ministeriales que nadie y completar el nepotismo con todo en ejército de asesores cuya eficacia salta a la vista. Cuando hay tantas personas en el paro, con lo mínimo para poder llegar a final de mes -incluso sin ese mínimo-, los españoles están esperando un pequeño detalle por parte de esos políticos que disponen de una generosa nómina, apretándose un poco su cinturón. Sé que más de uno me tildará de demagogo porque sería el chocolate del loro.  Pero también es cierto lo de la mujer del César y, o mucho me equivoco, o no se darán por aludidos.

Pues bien, a pesar de los pesares, todo lo anterior carece de interés para Sánchez. El rotundo fracaso de su tardía respuesta al Covid-19 costó muchas vidas de españoles que hoy debían estar con nosotros. Eso no fue obstáculo parque se colgara la medalla. Por exceso de triunfalismo, y por inacción de quien había monopolizado las operaciones, vino la dejación de funciones y la irresponsabilidad de los que pensaban estar a salvo de contagios. Llegaron los rebrotes, se dispararon todos los índices y Sánchez hizo mutis por el foro. Ni el coronavirus, ni la debacle de nuestra economía, ni el envite de los separatistas, ni la constante amenaza al régimen del 78. Nada de eso. El verdadero problema de Sánchez son los Presupuestos, Sabe que no todo lo que predice Tezanos pueda realizarse y que unas elecciones anticipadas podían dar al traste con su palacete de La Moncloa. No menos oscuro tiene el porvenir su vice. Ese es el peligro, que, ante lo irremediable, quieran morir matando ¿No hay nadie capaz de convencer a Sánchez que ese no es el camino? ¿O es que son mayoría los españoles que quieren ver a España convertida en otra Venezuela?