Miércoles, 30 de septiembre de 2020

De agosto a septiembre en un verano extraño

Tras el paso del mes de agosto más extraño que se recuerda, septiembre ya está aquí, cogiéndole el relevo en el calendario, y teniendo como carta de presentación el endurecimiento de las medidas anti-covid en la ciudad de Salamanca, hecho que nos pone sobre aviso de que la llegada de un nuevo mes no acabará con la rara avis que fue este año agosto.

Y es que, si en este agosto no hubo ferias en Viti o Lumbrales, ni sanbartolos en Aldeadávila, ni sanroques en Villarino, ni tantos y tantos festejos en otras localidades como Vilvestre o Villavieja, entre otros, que se ponen sus mejores galas para llenar sus calles de alegría y fiesta en el mes veraniego por excelencia, septiembre no cambiará el guión, y Barruecopardo, Mieza o Encinasola se quedarán este año sin las festividades a que nos tienen acostumbrados por estas fechas.

A ellos se sumarán, en aquello de quedarse este año sin fiestas, importantes localidades de la provincia, como la propia capital, Salamanca, o la ciudad de Béjar, que en estos días deberían estar inmersos en honrar a sus patronas, la Virgen de la Vega y la Virgen del Castañar, respectivamente.

Ni que decir tiene que, en una tierra como la nuestra, donde muchos marcharon con sus macutos a trabajar fuera, y regresan en verano para las fiestas de sus localidades de origen, las tristes y peculiares circunstancias de este año han supuesto que algunos no vuelvan este año al pueblo, mientras que, muchos de los que han vuelto, han tendido a alternar menos en los bares y hacer un verano más casero, con lo que este año los ingresos que ayudan a mantener con vida a parte de los establecimientos de nuestros pueblos se han visto reducidos considerablemente.

En esta coyuntura, agosto ha dado paso a septiembre, que ya nos anuncia que la llegada del otoño está más que cercana, rodeada de incertidumbres, tras un verano que no ha sido verano tal y como lo concebimos, en el que los abrazos han sido sustituidos por unos choques de codo, más fríos y menos afectivos, pero más seguros para intentar no hacernos más daño como sociedad del que ya venimos sufriendo.

En todo caso, más allá del estado sanitario, el sol sí se ha encargado de recordarnos las fechas en que nos movemos, ofreciendo unas puestas al atardecer con los habituales tonos rojizos veraniegos, tan espectaculares como creadoras de nostalgias, pues los atardeceres veraniegos en nuestros pueblos, son algo indescriptible y a la vez insustituible.

Y es que, en un año tan raro y duro como este 2020, en que tantas cosas se nos han arrebatado sociedad, con miles de paisanos fallecidos víctimas de una pandemia que parece no tener fin, el dichoso bicho al menos no nos ha podido arrebatar la luz de nuestro sol, que en su último rayo de luz del día parece querer recordarnos a aquellos que fueron tan importantes para todos nosotros y ya no están en este mundo, y a aquella niñez que se fue con el paso del tiempo.