Lunes, 28 de septiembre de 2020

Las fiestas de septiembre

Todo lo está alterando la pandemia. Una de las mayores incertidumbres de estos días es la provocada por el inicio del curso escolar. A maestros y profesores, se les está realizando la prueba, para comprobar que no están infectados por el corona virus; en ocasiones, de una manera improvisada, como ocurría estos días pasados en Madrid y de lo que los medios de comunicación se han hecho eco.

            A ver en qué deriva la puesta en marcha del curso. Sería deseable, por el bien de todos –alumnado, profesorado y familias–, que la normalidad terminara por imponerse, dentro de todo tipo de precauciones que se han de tomar y de actitudes responsables que todos hemos de asumir. Las autoridades tendrían que reforzar el profesorado, con más contrataciones, en los centros docentes, para evitar masificaciones. Y no sabemos si lo están realizando de verdad, o solo sobre el papel.

            Septiembre, como mes de inicio del curso y, también, de las actividades laborales, tras los días vacacionales del verano, es un mes que está tradicionalmente marcado por una serie de celebraciones o fiestas de tipo mariano y cristológico, como despedida de la estación.

            Las fiestas marianas, con muy diversas advocaciones, según los lugares (ya sean ciudades, villas o pueblos) gravitan, sobre todo, en torno al día ocho de septiembre, celebración de la natividad de la Virgen. Mientras que las de los Cristos, también con muy diversas advocaciones, tienen al catorce del mes, como su fecha emblemática.

            La vida tradicional de nuestros pueblos tiene en el calendario festivo uno de sus hitos más emblemáticos, lo mismo que en el calendario cíclico y estacional. Pero también la pandemia ha afectado y está afectando la dinámica de la celebración de todas estas fiestas.

            Como ha pasado con las de verano (agosto, recordémoslo, es el mes en que más fiestas patronales se celebran en todos nuestros pueblos), estas dos fiestas emblemáticas que marcan el mes de septiembre, con todas sus variaciones de advocaciones y de días de celebración, se verán afectadas, sin duda alguna, por la presencia de la pandemia.

            De hecho, la gran mayoría de las fiestas, por no decir todas, se han suprimido este verano pasado. Lo hemos comprobado con nuestros propios ojos. Se han dejado de celebrar bailes, danzas, procesiones, capeas, actividades lúdicas y todo tipo de actividades que marcan nuestras celebraciones.

            Es un precio más que estamos pagando por la crisis sanitaria que se nos ha venido encima. Un precio necesario, que, creemos, por lo que hemos comprobado, nuestros pueblos están asumiendo con responsabilidad.

            Y a esa responsabilidad, individual y social, hemos de apelar siempre, para que, con las necesarias privaciones que hemos de asumir, no se hundan ni nuestra cultura, economía ni la propia sociedad caiga en el desánimo. Por el bien de todos.