Lunes, 28 de septiembre de 2020

El gesto de una enfermera

Los estragos ocasionados por la pandemia desde su aparición hasta la actualidad nadie duda que quedarán en ese pozo de experiencia que es la Historia. ¿Pero qué podemos sacar nosotros de experiencias similares?

Entremos en la Historia y rescatemos la viruela, enfermedad producida por un virus, y allí comprobamos que después de miles de años con brotes en burbujas poblacionales, fue oficialmente declarada extinguida por la Organización Mundial de la Salud en 1980, después de saltar a grandes comunidades y ser letal para más de trescientos millones de personas en el siglo XX.

Su erradicación llegó gracias a la vacuna descubierta por un médico rural llamado Edward Jennes, quien en su aldea británica observa que en mujeres recolectoras de leche (ordeñadoras) contagiadas con la viruela bovina ninguna sufría el contagio de la terrorífica viruela humana. Esta fue la razón para que a través de la viruela de la vaca se hallara el principio activo de inmunidad de aquella viruela que asolaba la Humanidad.

Por su procedencia de viruela de la vaca (en latín, vacca) el descubrimiento contra la viruela humana fue bautizado por Jenner como variolae vaceinae, siendo Pasteur quien en homenaje a su ilustre predecesor el que acuñó el término “vacuna” y “vacunación” para todas las inoculaciones.

Los negacionistas no son solo de nuestro tiempo, ya entonces, hablamos de 1798, hubo quienes detestaban la vacuna por su procedencia bovina, considerando que con su implantación brotarían en las personas los apéndices del animal, además de no faltar el tradicional desencuentro ciencia-religión, que en opinión del reverendo cristiano londinense Edmund Massey esas eran prácticas que se oponían a los designios de Dios.

Es conocido que varios reyes murieron de viruela, entre ellos Luis XV de Francia, y se da como cierto que los brotes de viruela devastaron los imperios Inca y Azteca. Este último, con la llegada de los españoles redujo la población a menos del diez por ciento. Moctezuma falleció aquejado de la viruela.

Y aunque no fuera un gesto de desagravio por lo dicho en el párrafo anterior, sí fue de humanidad y empatía el viaje que realizó la coruñesa Isabel Zendal Gómez como la única mujer que zarpó en 1803 con la corbeta “María Pita” para formar parte de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, con la que se pretendía acabar con la epidemia de viruela que asolaba las colonias españolas de América y Filipinas.

El viaje de Isabel no fue casual, ya que hasta entonces era la directora del hospicio de A Coruña, de donde partió con 22 niños, entre los cuales llevaba a su hijo biológico tenido de soltera. Eran niños de distintas edades, de tres a nueve años, y llevaban inoculado en sus cuerpos la reciente vacuna. Una manera rudimentaria, aunque eficaz, de transportarla, pues hasta 1864, sesenta años después, no se descubrió el método de pasar de ternera en ternera la ninfa vacunal. 

La expedición, promovida por el rey Carlos IV como remedio a la catástrofe sanitaria que la enfermedad había desatado en sus posesiones de ultramar, se encontraba bajo la dirección del médico Francisco Xavier Balmis, aunque la custodia de los niños fue responsabilidad de Isabel. (No obstante, desde nuestros días es impensable valorar esta acción humanitaria hecha con la utilización de niños, héroes a la fuerza o héroes sin voz).

Aquella campaña duró cuatro años y fue la primera misión internacional de inmunización en la historia de la salud pública y la mayor gesta que hizo España por la humanidad. Ninguno de los niños, ni la propia Isabel, regresó de vuelta a España, pues por estudios realizados hasta hoy se conoce que Zendal se quedó en Puebla (México), pero hasta la actualidad su tumba no se ha localizado.

No obstante, no le han faltado reconocimientos. El Congreso Panamericano de Salud celebrado en Washington hace 67 años la reconoció como “la primera enfermera de la historia en misión internacional de salud pública”, y el Gobierno de México creó en su nombre el Premio Nacional de Enfermería. Y ya en España, poco a poco se distingue su obra nombrándola hija predilecta de Ordes, o la Universidade da Coruña creando la Cátedra de Divulgación Científica Isabel Zendal.

Y se llega hasta el día de hoy con Isabel Zendal Gómez de más actualidad que nunca, ya que el hospital para las pandemias que se está construyendo en Madrid llevará la denominación de tan humanitaria enfermera. Un homenaje extrapolable a toda la profesión de Enfermería.