¿Por qué la idiotez artificial?

    Si a Google le pides las bases de un premio literario te da las bases de 2015, de 2012, de 2007, que sé yo. Si se las pidieras a una persona ya sabría que quieres las del año actual, que las demás (salvo algún caso muy excepcional) no te interesan. Pero Google es un montón de máquinas muertas que relacionan datos muertos  del mundo entero.

     Si pones una máquina a traducir un texto de un idioma a otro te da una traducción idiota, un montón de trasvases literales de palabra a palabra, sin sentido de la atmósfera, del conjunto, del alma del idioma, una pura idiotez.  Si analizas unos datos tú mismo te fijas en matices, en líneas vivas. Pero si los analiza una máquina te da en plan bruto un análisis bruto, más que bruto.   Si suena una alarma en la casa de enfrente, pero no pasa nada, la alarma sigue idiota toda la mañana dándote el coñazo. Si fuera una persona vería que no hay nadie y se callaría. Pero una máquina es una máquina y nada más. Si cobras un sueldo y después el paro a las máquinas de Hacienda les salen dos pagadores, aunque cobres menos, y quizá te jodan.  ¿Habrá mayor idiotez? Todo lo mecánico es frío, muerto, abstracto, idiota.

      Cuantas cosas se les escapan a las máquinas. Y se les escapa siempre lo principal. Las máquinas son ciegas, automáticas, estúpidas. No  tienen en cuenta nada, no se enteran de nada. No conocen la vida. La vida es la lucidez. La inteligencia de verdad está viva, ya lo decía Ortega.   ¿Y esto es la inteligencia artificial? ¿Pero qué coño hacemos con las palabras? ¿Le vamos a entregar a esa idiotez nuestras vidas? Si pones una máquina a considerar procesos vivos los mata, los enfría, los empobrece, los desertiza. ¿Y en eso confiamos? ¿Queremos matarlo todo?   Nosotros mismos nos idiotizamos y nos mecanizamos cada vez más. Al entregarnos con las manos atadas a las máquinas nos matamos. Es un suicidio colectivo. 

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR