Lunes, 28 de septiembre de 2020

Celso Lagar, dignidad y tristeza

    Da pena leer la biografía de Celso Lagar por Narciso Alba, “Celso Lagar, aquel maldito de Montparnasse”. Nos cuenta que nadie de la familia quiso colaborar , que nadie le dijo absolutamente nada sobre él. Y así nos quedamos sin su infancia, la edad más reveladora del hombre. Da miedo tanta mezquindad, tanta rabia. Encuentras a un gran pintor solitario incluso después de muerto, condenado  a la cercenación.

    Siempre me ha fascinado Celso Lagar, desde que vi una exposición sobre él en Compostela. Pero ahora que estoy aquí, que sé que nació en Ciudad Rodrigo, me interesa todavía más. Quiero ir a Ciudad Rodrigo, buscar la casa donde nació, pero temo que me contesten con desplantes, que no quieran saber nada de su memoria.

     Y sin embargo triunfó en París con los grandes, destacó entre los pintores de la Escuela de París, Modigliani le hizo un retrato emocionante. Lo querían en Normandía y cada cierto tiempo exponía en Honfleur y le compraban todas sus obras. Sus cuadros se exponen con cariño allí.  Cuando murió su mujer, como no se movía, dijeron que estaba loco, lo metieron en un manicomio, y los burócratas franceses, para pagar los gastos, vendieron todas sus obras, incluso los bocetos, con muy buen resultado.

     Felizmente veo unas cuantas obras suyas en el museo Lis de Salamanca. En todas ellas destaca la soledad y el orgullo callado, la tristeza y la dignidad. Pinta mucho el mundo del circo, pero incluso los monos tienen un aire pensativo y digno, y los payasos dicen: no estoy aquí para que te burles, gilipollas, estoy aquí para aportarte algo. Y sus barcas en Honfleur tienen toda  esa soledad animada, toda esa rebeldía metafísica. Siempre pienso que una barca solitaria en el puerto es el propio Lagar.  Brindo por él y en contra de todos los burócratas mezquinos e hijos de familia congelados.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR