Brevísima relación de la postergación de las Indias

“...que nunca los indios de todas las Indias hicieron mal alguno a cristianos, antes los tuvieron por venidos del cielo, hasta que, primero, muchas veces hobieron  recebido ellos o sus vecinos muchos males, robos, muertes, violencias y vejaciones dellos mesmos.” BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Brevísima relación de la destruición de las Indias, 1552.

No dejaremos de lamentar que el seguidismo y la baratura de la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles roza el servilismo. Uno puede en la actualidad escuchar noticiarios radiofónicos, ver telediarios u hojear la prensa escrita diaria, que se topará siempre con temas repetidos, apenas tocados por el detalle ideológico de variación editorial y, siempre, acotados como marcialmente a los mismos temas. Esta situación, que es especialmente frustrante para quienes buscan o buscamos en los medios de comunicación una visión global, racional y apoyada en el interés social de lo que está sucediendo en un mundo cada día (dicen) más globalizado, se vuelve especialmente sangrante en estos días de desazón y alarmas en lo que respecta a la información sobre los países de Latinoamérica, precisamente aquellos ámbitos extranjeros que deberían concitar más, y mejor, atención por parte de quienes comparten con ellos mucho más que la lengua de Cervantes. Y es en esta situación especialmente doloroso que se mantengan, quizá hasta potenciados, los mismos rasgos de superioridad, indiferencia y falsa magnanimidad sobre lo que ocurre en América Latina, donde hasta el virus que nos mata, allí pareciera no importarnos.

Hace ya bastante más de doscientos años, las naciones americanas sostenían cruentas batallas por su independencia contra las potencias colonizadoras (especialmente España), en un proceso que siempre convocó los más rancios nacionalismos españolistas y, consecuentemente, una continuada labor de desprecio y abaratamiento públicos de los argumentos identitarios de las naciones americanas. Aunque trabajosa y dolorosamente los países latinoamericanos antes de dominio español consiguieron sus independencias, la rémora de dependencia económica, cultural y, sobre todo política, siguió lastrando el crecimiento y desarrollo de países que hubiesen merecido un mucho mejor trato por parte de sus antiguos dueños. La existencia de gobernantes-títere en diferentes períodos del asentamiento de la identidad nacional en muchos de esos países, construyeron una leyenda épica de buenismo españolista que creó conceptos como “la madre patria”, “el encuentro de dos mundos”, “la gesta del Descubrimiento”, “la evangelización” y otras perlas verbales que apenas ocultaban, ni ocultan, las salvajadas cometidas por la inmensa barbarie del llamado “Descubrimiento” español, con un rosario de genocidios, aniquilaciones culturales y apropiaciones violentas y robos de la tierra, la hacienda y el alma propias de aquella tierra, que se sucedieron desde los primeros viajes de los “conquistadores” españoles.

Hoy, en un mundo que merecería miradas más fraternales, sobre todo en un tiempo de zozobra colectiva y mal común, siguen manteniéndose las rémoras imperialistas, los “tics” de dominación y una suerte de cuasi genética superioridad en la mentalidad colectiva de los antiguos dominadores (los españoles), que se comprueba fácilmente en el  paternalismo con que son abordadas las (escasas) noticias que se publican aquí de la realidad de América Latina, la inmensa mayoría relacionadas con los intereses político-financieros de las empresas españolas allí radicadas o con intereses directos de explotación, o con la política española partidista y las miserias ideológicas que la conforman, y el resto dedicadas a la narración de lo más luctuoso de unas sociedades pobremente armadas frente a los grandes negocios del narcotráfico, la corrupción política e institucional y otras lacras, muchas todavía consecuencia de un crecimiento erróneo, inmerso siempre en una lucha por, entre otras cosas, la identidad negada una y otra vez por los antiguos “conquistadores” y con un inocultable complejo de inferioridad consecuencia, en gran medida, de la permanente colonización empresarial, económica, industrial y política que todavía ejercen países como España.

Si las publicaciones, iniciadas hace unos años en España, de supuestamente “sesudos” estudios de negación de lo que se llamó “la leyenda negra”, que incluyen el intento de profundo lavado de imagen de todo lo relacionado con la “conquista de América”, han contribuido a remachar la leyenda de la bondad de las actuaciones del reino de España en América del Sur desde 1492 hasta hoy, intentando una revalorización (por manipulación del sentido) de los bárbaros actos y actitudes de los españoles en Sudamérica, no es menos lamentable la existencia de manifiestos, opiniones, tergiversaciones académicas y otras formas de reescritura de la historia, que infectando los textos de enseñanza por mor de las inquietudes de los “especialistas” de las diecisiete visiones históricas de nuestra piel de toro, hacen que las nuevas generaciones sigan considerando a las naciones latinoamericanas como apéndices de la nuestra, sucursales de un supuesto imperio aún existente y, sobre todo, alberguen en el herramentaje de sus conocimientos una información tan falsa como la que les ha sido “enseñada”, por ejemplo, sobre la Guerra Civil Española.

La homogeneización ideológica, basada siempre en lo económico, de entidades tales como la UE, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OTAN y otros organismos dedicados a las diferentes relecturas del capitalismo, propician que la “visión” paternalista que en España (Inglaterra, Portugal, Holanda y otros en mayor o menor medida) se tiene de la “inferioridad” de los países latinoamericanos, se haya extendido en la autodenominada con estúpida jactancia “Comunidad Internacional”, que ha otorgado cualquier adjetivo despectivo no solo a las naciones de América del Sur sino, como en este país, la calificación de “sudaca” a cualquiera de sus habitantes que ponga sus pies en la, nunca mejor dicho, vieja Europa.

Vaya desde aquí el reconocimiento, el abrazo y la solidaridad, sirva ello de lo que sirva, a la República Oriental del Uruguay, al Estado Plurinacional de Bolivia, a la República de Chile, a la República del Ecuador, a la República Bolivariana de Venezuela, a la República Argentina,  a la República del Perú, a la República del Paraguay, a la República de Colombia, a la República Federativa de Brasil y a la República de Surinam. Y, por extensión, a los países centroamericanos, del mismo modo ninguneados, informativa y socialmente en cuanto a su realidad y tan admirables como Belice, la República de Panamá, la República de Costa Rica, la República de Nicaragua, la República de El Salvador, la República de Honduras o la República de Guatemala. Y a los Estados Unidos Mexicanos.