Silencios entre la voz y los caracteres Parte I

Dos personas me han hecho la misma pregunta:
¿para qué sirve la poesía? Y yo les he dicho: bueno,
¿para qué sirve la muerte? ¿para qué sirve el sabor
del café? ¿para qué sirve el universo?
¿para qué sirvo yo? ¿para qué servimos?
¿Qué cosa más rara que se pregunte eso, ¿no?”
Jorge Luis Borges

Epígrafe ofrecido por Esperanza y Juan Angel

 

En «Nueve de México», el pórtico del libro Silencios entre la voz y los caracteres, el poeta y profesor de la Universidad de Salamanca Alfredo Pérez Alencart, columnista de SALAMANCA rtv AL DÍA, escribe:

I.
Todo es recomienzo, también en Poesía,
ese arrullo que acompaña al mundo desde la primera infancia de la especie, asombro tras asombro con el entorno y la tosca cotidianeidad, o con el cosmos, al menos con la intuición que de él tenemos todavía, ya que hay misterios que nunca se acuestan a dormir.

Así se hace camino, con el intransferible paso de la Poesía que deja huellas, marcas por donde hormiguean emociones o referencias sensoriales y gozosas, intensificadas con el lenguaje que trasmuta la realidad en una celebración verbal que, sin dejar de apoyarse en lo observado, echa raíces hasta en el viento que nunca se alcanza.

Nuevas voces surgen buscando lograr imágenes fecundantes, de requerida viveza bajo cables de alta tensión, sorteando tabús o navegando en la tradición que conviene preservar porque nunca se fractura...

 

Monserrat Vázquez Cruz

 

La primera de esas voces se debe a la pluma de Monserrat Vázquez Cruz (1988), Papantla, Veracruz. Su obra comprende la creación poética, pero también abarca otros espacios artísticos, no siempre ligados de manera directa a la palabra. Como ejemplo de estos últimos casos, podemos citar sus labores de tallerista y artesana. El arte para ella se refleja tanto en piezas puras, donde la pretensión se centra en la manufactura de objetos bellos, como en otro tipo de piezas inclinadas en el sueño de la ayuda social. Monserrat es mediadora de lectura y colaboradora de la Universidad Veracruzana Intercultural, institución de una política educativa abierta al arco de la diversidad cultural, en favor del fortalecimiento de las lenguas y culturas del estado de Veracruz y de México.


Acuífera

Modesta vierte en mis oídos
sus cánticos de agua,
su cuerpo intempestivo
me ata a la idílica inquietud
de su ritual.

Impávida
como la lluvia,
llega y tierna y suavemente se deja
c
a
e
r
sobre
MÍ.

 


Trivial

No duermo, soy lacrimosamente insensible.
No sé cuándo es día, ni tarde, ni noche
—conozco únicamente la oscuridad de mis abismos—.

Soy un drama manipulador,
que aguarda la caída de las hojas
    para su existencia llorar
        —gris, sí, así soy—.

Siempre hay alguien mirando
... a lo lejos. Alguien hay.
Muy distante de mi realidad.

No sabes mentir,
no puedes negar
que disfrutas del sexo con la sórdida materia,
no la de mi cuerpo. No en esta noche.

Cuando todo oscurece:
flores somos entre la felicidad y la majestuosa agonía de los Vencidos
—Entonces, heterogéneas moléculas dentro de un plus mediocre—.

Sin novedad:
sigue la monotonía aferrada a mi debilidad constante.

Deja de maldecir mi nombre,
aún observo las fotos de sepia en mi cabeza,
los recuerdos que dejaste en mi lastimera forma humana.

 


La poesía de Monserrat usa imágenes de la naturaleza para comunicar sentidos de la geografía de su espíritu. Un impulso lírico sensual no deja de apreciarse en algunos de sus versos, como sucede en «Acuífera» y «Trivial». Sus poemas también constituyen una exploración del tiempo y de sus efectos en dinámicas sociales de órdenes distintos. Esto lo podremos notar en el poema siguiente, «Sobre los reencuentros», que cerrará la columna presente y nos emplazará para la segunda parte, donde presentaremos a Romina Torrealba Torre y daremos cuenta del proyecto literario compilado por Rómulo Pardo Urías y por quien redacta estas palabras, en el marco del sello letraherido Aun con los años. ANCLA.

 

Xalapa, Veracruz, México
Foto del autor de la columna

 

Sobre los reencuentros

Salgo a la calle,
te busco y
en cada musa que al amanecer me abandona
te encuentro.

La rutina ya no suena,
no, no sin el trémulo ritmo
de tu matinal cadencia
—despertando la inquietud de mi cama—.

El eco fantasmal de tus pasos,
acompaña en su abandono a tu cocina intacta.
Tu cocina: pretexto enloquecedor para quemar la casa.

El atardecer duele,
recordar me provoca fobia
y a lo único que suena la noche
    es a miedo a llanto.

Un disco casi rayado,
el gato gris que no sabe maullar,
la casa sola que nadie toma:
Pretextos que detienen mi huida.

Durante el día
te extraño,
tras su muerte,
    SALGO;
Te busco,
te encuentro en esas musas
de las cuales desconozco el nombre
y de cuyo cuerpo las facciones tengo grabadas en mis manos.
Y nuevamente
    TE VAS,
Escondiéndote de mí
    En ellas.

 

Alfredo Pérez Alencart, Teotihuacán, México, 2009
foto de Jacqueline Alencar

 

Xalapa, Veracruz, México
22 de agosto de 2020
Juan Angel Torres Rechy
torres_rechy@hotmail.com