Viernes, 4 de diciembre de 2020

Amores divinos II. Celosa Cibeles.

La única relación existente entre la diosa de la que hablaremos hoy y los aficionados del Real Madrid es que estos, no se sabe porque razón, celebran junto a su estatua los títulos del equipo.

Y es que si la semana pasada vimos las dramáticas consecuencia de una venganza, hoy nos detendremos en los males que puede acarrear un amor excesivamente posesivo, unos exagerados celos, pues pocas emociones son tan complejas.

Los protagonistas del relato tienen más de 6.000 años, por tanto son mucho más antiguos que la mismísima cultura griega. Se trata de Cibeles, diosa considerada Madre en los cultos frigios[1], por ser creadora y personificar la naturaleza y los animales salvajes[2], las cavernas, las montañas y la fertilidad de la tierra.

Cibeles[3] lleva puesta una corona con forma de muralla y en su mano porta las llaves que dan acceso a todas las riquezas de la tierra. Su representación más frecuente es sentada en un carro tirado por dos leones. Dicho sea de paso, los animales son según nos cuenta Ovidio[4], Hipómenes el astuto y vigoroso guerrero, y la experta cazadora Atalanta que, víctimas de una pasión desmedida unieron sus cuerpos en el sagrado recinto del templo de la diosa. Esta falta de respeto la enfureció tanto que transformó a ambos en leones, condenados a tirar de su carro eternamente y obligados a mirar a lados opuestos para que no pudieran verse uno a otro. Ese fue el triste destino de los amantes, pero sigamos con Cibeles.

La gran diosa tuvo un hijo a quién puso por nombre Atis. A medida que el niño crecía su amor por él se volvía más intenso, desbordando el natural cariño de una madre. Para que no se alejara de ella le nombró Sumo Sacerdote de su culto, lo que obligó a Atis a contraer un voto perpetuo de celibato absoluto y un encierro de por vida en el recinto sagrado.

Pero, como es natural, el joven Atis no podía permanecer para siempre alejado del mundo exterior. La tentación por dejar su obligado encierro era fuerte, deseaba conocer el mundo exterior. Así que, poco a poco, sus escapadas secretas por las colinas próximas al templo se hicieron cada vez más frecuentes y prolongadas. En una de ellas, mientras descansaba de su paseo bajo un gran pino, escuchó voces y al levantar la vista encontró frente a sí una bella muchacha de la que se enamoró al instante y a la que poseyó allí mismo. La ninfa, pues eso era, desconociendo de quién se trataba no opuso resistencia.

Pero nada puede permanecer oculto por mucho tiempo a los ojos de una diosa y menos de una madre. Enterada de la infidelidad de su hijo, Cibeles enfureció y presa de un ataque de celos enloquecedor, golpeo con fuerza a su infiel hijo hasta casi matarlo, además le castró para asegurarse de que nunca volvería a quebrantar su voto.

El joven quedó mortalmente herido y se fue desangrando hasta morir en los brazos de su madre. Pero Atis también era un dios por lo que su muerte no fue definitiva y cada primavera renacía para pasar el verano junto a madre que no se separaba de él ni un momento por lo que pudiera pasar. Meses después, con la llegada del el invierno, moría de nuevo y la diosa de la naturaleza lloraba su ausencia hasta la siguiente primavera[5]. Pero ¿cómo llegó esta historia hasta la cultura griega?

Pues cuentan que Zeus tuvo un sueño en el que se le apareció un ser de un poder sorprendente. El padre de los dioses le preguntó su nombre y el ser respondió “Soy Agdistis, hombre y mujer, todo al mismo tiempo”. Al despertar aquel ser hermafrodita estaba ante él con toda su belleza, su fuerza y su poder.

Desde su llegada, Agdistis no cayó bien al resto de los dioses olímpicos. Lo consideraban demasiado bello, demasiado impetuoso, demasiado atrevido, por lo que veían peligrar sus posiciones de privilegios. Así que para evitar males mayores, se confabularon contra él y convencieron a Zeus para hacer algo. Sabedores de que su fuerza estaba en el hecho de ser hombre y mujer al tiempo, decidieron usar la hoz de oro con la que Cronos había castrado a su padre Urano y con ella cortaron el miembro de Agdistis mientras dormía. Además el propio Zeus ordenó que a partir de ese momento se le diera el nombre de Cibeles pues su condición era ya únicamente de mujer.

El miembro masculino de Agdistis cayó a tierra y de él floreció un hermoso almendro. Un buen día una muchacha llamada Nana, que paseaba junto al árbol, tomó del suelo algunas almendras y las llevó a casa en su regazo. A la mañana siguiente se dio cuenta de que estaba embarazada. Cuando nació su hijo le puso por nombre Atis, pero no era una buena madre y lo perdió (o lo abandonó según otras versiones) junto a un grupo de cabras que cuidaron de él durante años.

Así que el pequeño Atis creció pensando que era una fea cabra pues no se parecía en nada a las demás y decidió huir de allí. Años después se encontró con un grupo de ninfas que le hicieron ver que no era una cabra, que era un hombre, un joven bello y gentil. Se quedó a vivir con ellas un tiempo y poco a poco fue perdiendo su temor, su vergüenza y acercándose con ellas a los poblados de los hombres. Fue en una de esas ocasiones de convivencia con los humanos cuando Cibeles lo descubrió ¡por fin había encontrado la parte que le faltaba! De lo que sucedió después hay muchas versiones, aunque en ninguna de ellas salen bien parados ni Atis ni sus genitales.

El deseo de posesión enfermiza, la falsa creencia de que la otra persona nos pertenece en exclusiva, esconde las inseguridades de los celosos y su falta de autoestima. Voltaire, escritor, historiador y filósofo francés, uno de los más insignes representantes de la Ilustración, dejó escrito: Los celos cuando son furiosos, producen más crímenes que el interés y la ambición.

 

[1] Frigia fue una antigua región de Asia Menor que ocupaba la mayor parte de la península de Anatolia, en el territorio que actualmente corresponde a Turquía.

[2] Los griegos la adoptaron, como a otros muchos dioses y diosas extranjeros identificándola con Gea, diosa de la tierra y esposa del Cronos

[3] Una réplica exacta de la que existe en la capital de España se encuentra en Plaza de Madrid en México. Fue inaugurada en 1980 cuando era Alcalde Enrique Tierno Galván.

[4] Ovidio “Las metamorfosis”. A otras versiones de Heródoto, Timoteo de Eleusis, Pausanias, Ovidio, Estrabón.

[5] Este relato podría ser el antecedente del mito de Perséfone raptada por su tío Hades.