Verano sin verbenas

No me gusta hablar del coronavirus porque independientemente de las muertes y sufrimientos que ha traído nos recuerda cada día que todo lo acaban convirtiendo en negocio.

Todos hemos leído y escuchado a muchos virólogos y especialistas que no se ponen de acuerdo y todos estamos viendo la carrera de las vacunas con intenciones más que sanitarias.

Sea como fuere ha influido en el día a día de las sociedades de una gran parte del mundo, ya que en las más desheredadas tienen problemas mayores.

Respecto a lo que nos está aportando, ya el planeta se está olvidando de los beneficios porque la contaminación sigue y las fuentes de energía siguen siendo las mismas sobre todo por los poderes fácticos. Recursos científicos para más energías alternativas y renovables hay.

Cierto es que los que viajamos y viajamos buscando algo que parece se nos ha perdido o incluso con buenas intenciones de cooperación al desarrollo este año nos hemos quedado en el pueblo de los abuelos y sin verbenas.

Para los que nos gusta bailar los pasodobles y algo más ha sido un pequeño contratiempo. Se va a la misa costumbrista de la Asunción y  a la de San Roque, con medidas de distanciamiento y gel. Un punto de encuentro para la gente de los pueblos y de socialización porque como no tengan bar la compañía se hace difícil para muchos.

Se cierran  pabellones y parques infantiles y siguen las peñas en los garajes con los botellones y lo que sea. Sin estado de alarma algunos pasan olímpicamente de todo.

Considero que la sociedad está polarizada entre los inconscientes y los que el exceso de miedo les está dejando secuelas psicológicas.

Hoy escuchando la vida admirable de San Roque, de donar posesiones a los pobres y atender a los apestados, pensaba en cómo lo interpretará algún obispo que conozco o los propios feligreses que a veces seguimos la costumbre. En Cuba los patrones de los pueblos si no entendí mal eran algunos guerrilleros de la época del Ché.

Nos enfrentamos a un incierto septiembre para el comienzo de las clases. Tengo más miedo a las decisiones políticas y a la irresponsabilidad de muchos profesionales que al propio virus.

El proteger nuestra vida más que la de los demás me parece un acto de egoísmo y de insolidaridad ante los que viven en peores condiciones. Considero que es muy importante empezar las clases presenciales aunque tengamos que tener a la mitad de los alumnos en clase y hacer grupos estables. No se puede suplir con el on line, ni es justo para la atención a diversidad. En el confinamiento me contaban de una señora con alzeimer que ya no reconocía a la familia,  le ponían un piano delante y tocaba a Mozart. Yo creo que tengo algunas minusvalías pero ante los alumnos me ilusiono.