Escribir (y leer) es una manera peculiar de viajar

A muchos lectores les pasará como a mí, que con el panorama de alto riesgo sanitario que nos rodea, en lugar de tender a inmovilizarnos y no salir de casa, se nos despierta una añoranza irresistible por viajar…a ser posible a lugares limpios de epidemias. Pero el sentido común se impone: el mejor refugio suele ser la propia casa.

Prisionero de las circunstancias y de mi viejo deseo de viajar, me di cuenta de que mi actividad de escritor incluía una vivencia intensa de viaje: escribir es desplazarse mentalmente al espacio y al tiempo donde suceden los hechos y viven los personajes creados. Es también llegar hasta el fondo de los personajes que creas (si son imaginarios) o que recreas ( si son históricos). Y existe una dimensión más: aunque el relato sea de un argumento muy ajeno ( al menos conscientemente) al escritor, escribir es siempre un viaje hacia el “interior” de uno mismo.

            En los más de veinte años que llevo escribiendo   biografías de grandes artistas, he pasado por varias etapas: en una primera, mi atención primordial estaba puesta en el/la biografiada; su vida, su personalidad, sus amores, sus desdichas, sus realizaciones…En esta primera etapa apenas me interesaba por el grupo de lectores que pudieran interesarse por mi trabajo. En una segunda etapa apareció mi interés por el tipo de lectores que se acercaban a mis obras y en una tercera etapa, además del relato, los personajes y los desconocidos lectores, mi atención viajó también a zonas internas de mí mismo, que afloraban o se esclarecían con la escritura de personajes ajenos. La pregunta inicial de ¿por qué me interesa tanto este personaje? dio lugar a muchas otras preguntas que incluyen, el tiempo histórico  (¿por qué me gratifica tanto viajar de nuevo al siglo XVI o XVIII?), el espacio geográfico ( por qué no me importa volver de nuevo a La Mancha, o al norte de Alemania, o a Nápoles?) o los procesos artísticos (¿cómo nacen, se desarrollan, finalizan, se modifican?).

Y finalmente la pregunta más apasionante que me formulo ahora en mi tarea de escribir es: ¿Por qué me siento más y más atrapado en este adentrarme y descubrir nuevas dimensiones del lenguaje, de tal modo que parecería que esta tarea de continuo descubrimiento del lenguaje es la única o la que más me interesa de la actividad de escribir?

Por sencillo que sea el relato, lector, que usted desee escribir, (o leer), va a sentir que tiene que viajar mentalmente al lugar, a la época, a la geografía, donde vive su héroe o heroína. Y sentirá que sus vivencias imaginarias serán muchas veces más intensas que si  las hubiera vivido con su persona. Este es el gran misterio del lenguaje escrito: que da lugar a una apertura de ideas y de vivencias tan intensas, que no solo el escritor  se abre a modos de ser y estar desconocidos, sino también, en las mejores ocasiones, el lector viaja también a  nuevas y desconocidas dimensiones del alma humana.