Mi luz de agosto

En la natación, al menos en el arco de tiempo de los ochenta al 2000 —no sé si siga siendo igual ahora—, los entrenamientos reflejaban una estructura a varios niveles. Existía una programación para la temporada —en mi caso con la meta puesta en los campeonatos nacionales de México—, que estaba integrada por otras programaciones a una escala menor, para cada semana y cada día.

Un entrenamiento regular consistía en un calentamiento, unos ejercicios de técnica, dos series de ejercicios exigentes, de velocidad y de resistencia, y un afloje. Los días de la semana variaban en el número de kilómetros, así como este cambiaba de una semana a otra. En los campeonatos nacionales a mediados y a finales de año se cumplía en su diseño cada programa.

Entrenamiento del Prof. Mario Vázquez Honorato.
Puesta en página de quien me entrenaba, Prof. Juan Angel Torres Herrero.

Hoy sábado 15 de agosto, me encuentro sentado a mi escritorio con una taza de café. Mis padres escuchan a Diana Krall. Tengo en la pantalla de mi computadora un poema de una amiga. Voluntariamente, y por algunas circunstancias de la vida, me he llevado a mí mismo a aquella área de los ejercicios de técnica, e incluso a la del calentamiento.

“Tengo en la pantalla de mi computadora un poema de una amiga.”

El ritmo de las cosas resulta distinto. Mi respiración se abre al oxígeno con un volumen más redondo. Cuido más el orden de la sintaxis en mis palabras y mis obras. Me duelen menos las envidias, intento apreciar mejor a mis amigos. Descubro que las series principales de velocidad y resistencia las están haciendo otras personas, pero que a mí con lo mío me resulta suficiente. Tengo un trabajo en Soochow University (Suzhou, Jiangsu, China), con un equipo humano entrañable. Tengo correos electrónicos de amigos invaluables. En mis vacaciones leí Luz de agosto de William Faulkner. El silencio me habla con la misma lengua de mi corazón.


Xalapa, Veracruz, México
15 de agosto de 2020
Juan Angel Torres Rechy
torres_rechy@hotmail.com