La segunda oleada está a las puertas

Cuando se escriben estas líneas en el mundo hay contabilizados 20.263.891 de infectados por el coronavirus y en España 326.612. Cada zona del globo terráqueo se encuentra en un estadio y situación determinada. En el caso de España la expansión del virus se está acelerando con más de 1.000 contagios diarios, superando ya el 5% de tasa de positividad que recomienda la OMS para considerar que la pandemia está controlada. En algunos territorios, los repuntes con contagios están arrojando unas cifras parecidas a las de finales de abril, cuando estábamos en pleno estado de alarma.

La situación se parece, cada vez más, a una segunda ola de contagio que, a poco que nos descuidemos, puede ser peor que la primera, porque el número de infectados de los que partimos es superior a aquella. Los contagios no han parado de crecer desde mediados de julio. Continúan apareciendo rebrotes del coronavirus por todas partes con unas cotas elevada de expansión.

Estamos a las puertas de la segunda ola de la Covid-19, incluso algunas comunidades autónomas dicen estar ya en ella, aunque mucho más contenida que la primera, porque ha iniciado su propagación con menos fuerza, se están dando las condiciones para que sea más generalizada. No cabe relajarse porque el virus tiene la misma capacidad de infectar y de propagarse que tuvo en marzo.

¿Podemos controlar su expansión? Sí, podemos y debemos, entre todos. Ya sabemos lo que hay que hacer: lavado frecuente de manos, uso de mascarillas, distanciamiento físico, evitar aglomeraciones. Pero está claro que eso no es suficiente. Es preciso reducir al máximo la actividad social, hacer más y más pruebas diagnósticas, rastreo de contactos, mayor control de cumplimiento de las normas en los espacios de ocio tanto públicos como privados, amén de un control más exhaustivo en la actividad laboral. Sabemos lo que hay que hacer, hagámoslo. Está en juego tu vida y la de los demás.   

Pero nos cuesta hacerlo y una de las posibles razones puede que sea la de que mucha gente aún no ha modificado o no ha adaptado su comportamiento a pesar de los meses que llevamos de pandemia y del alto número de víctimas. Todavía hay quien se resiste a llevar mascarilla. Los encuentros y reuniones sociales, así como los actos festivos con gran número de participantes siguen produciéndose reiteradamente.

Algunos grupos o sectores de la población no han modificado su comportamiento, porque la percepción del riesgo que comporta no ha permeado en ellos. La percepción o exposición constante y prolongada ante los efectos y la información sobre el coronavirus, hace que desarrollemos un conjunto de respuestas psicológicas inconscientes que Mark Schaller de la Universidad de Columbia (Canadá) denomina el “Sistema inmunológico de conducta” que actúan en primera línea de defensa al objeto de reducir nuestro contacto con posibles patógenos. Por su parte, Lene Aaroe de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) dice que “El sistema inmunológico de conducta funciona con una lógica de ‘más vale prevenir que curar'” como ya desde tiempos remotos nos viene diciendo el refranero castellano.

Pero el sistema inmunológico de conducta no influye en todos por igual sino de forma distinta en cada individuo y, consecuentemente, no todos vemos el mismo grado de riesgo ni reaccionamos con la misma intensidad. Si no somos conscientes del riesgo y de la amenaza que representa un rebrote del coronavirus, no modificamos nuestra conducta. Por eso, es preciso intensificar los programas institucionales encaminados a concienciar a la población sobre el riesgo que como individuo se corre y hacer más pedagogía frente a la pandemia con mensajes dirigidos a la persona, individualmente, implicándola como parte de la solución.

Escribo estas líneas en un 12 de agosto, el “día de la juventud”, esa a la que le decimos “juventud divino tesoro”, “que es el futuro”, que tiene frescura, fuerza, generosidad, alegría. Tanta que no les importa demasiado correr un plus de riesgo por el posible contagio y se lanzan a vivir la noche en grupos. Sobre ellos está cayendo una parte de la responsabilidad de los rebrotes. Creo que no ha lugar a criminalizar a los jóvenes, pero sí pedirles que sean responsables, que se protejan así mismo como la mejor manera de proteger a los suyos y que sean parte de la solución para evitar la segunda oleada que está ahí, a las puertas.

Como un canto de esperanza frente a esta segunda oleada maligna, hoy nos quedamos con Rocío Jurado y su canción de amor “Como una ola”: https://www.youtube.com/watch?v=oksQkvQ7Z6U                                                                                                                

                                                                                                                             Aguadero@acta.es ©Francisco Aguadero Fernández