La foto 

Era una tarde apacible del mes de julio cuando hice esta foto de amigos sentados en un rústico banco de madera que estaba en –La Parcela-(ver foto).

La comida había sido copiosa con orujo de Ourense como final y era el momento de reposar mientras-Millán Sagrado que había sido picador de toros; hacía alardes de canciones charras con su tamboril y gaita. Tengo que resaltar, que en el fondo de la-Parcela-, se notan por entonces la falta de árboles que luego con el pasar del tiempo la han poblado y asentado ahora tal vez en demasía.  Pero ello y ahora, no tiene más importancia; lo verdaderamente singular y significativo es la-FOTO-. Pues todos los que están   sentados en el viejo banco de madera y dejaron su silueta… ¡han muerto!

¡Es una foto terrible y fiel exponente del paso de la vida!

Sí, señor Manuel, terrible y efímera. Paulatinamente todos fueron muriendo: Jose, Gabriel, Millán, Mariano, Juanjo y Toñin, uno detrás de otros y distinta diferencia de tiempo. Pero todos ellos tenían historias singulares para contar y sobre todo; eran unas buenas personas con las que tuve la suerte de poder estar en muchas jornadas de caza, en temas de la vida cotidiana de amistad y compañerismo, en muchas comidas en la-Parcela-,… en penas y alegrías.

Todos murieron. El viejo banco de madera donde se aposentaban aún continua, pero ahora solitario (Ver foto), en la-Parcela-, más pletórica y guardando su recuerdo y espíritu, el de aquellos seres humanos que transitaron por ella en muchos días de vinos y rosas, de amistad, compañerismo y saber estar. Qué pena… ¿Verdad señor Manuel?

Verdad absoluta. Les conocí a todos cuando venían a verte junto a sus esposas y familiares y me asombraron; cada uno de ellos con su estilo propio y manera de comportarse… ¡Qué descansen en Paz!

Eso de ¡Qué descansen el Paz! Que usted mienta, me obliga el hacer una pregunta que no tiene por parte de ellos respuesta puntual… ¿Qué pensarían estos amigos de la situación actual en la que vivimos los que “aún” estamos aquí?

¿Te refieres al-coronavirus y sus rebrotes?

Efectivamente amigo señor Manuel; esto es para ¡volverse loco! Pues hemos perdido la libertad otra vez, estamos en un encierro y para más mala leche con la boca tapada con una mascarilla que además se tiene que cambiar continuamente. Se acabó la vivencia cotidiana entre trabajo y entretenimiento y han saltado hechos triza, todos los esquemas habidos y por haber. Como consecuencia de todo ello, han aparecido problemas psicológicos que derivan en tensión, nervios y enorme ansiedad por estar informados a todas horas de los avances y retrocesos del dichoso-coronavirus.

Pero la pregunta crucial es… ¿Hasta dónde llegaremos?

Efectivamente. Pero se puede hacer otra pregunta de mucho calado ¿Vamos a notar y echar de menos las muchas cosas que antes rechazábamos?

¡Es buena! Y no me extrañaría nada que así fuese. ¡Vivir para ver!...

Bueno señor Manuel; con la pena por la muerte de tantos amigos queridos que pasaron “por aquí” y en la-Parcela-, mientras usted y yo vamos a tomarnos nuestro-vermú-con anchoas y queso, quiero contarle un pequeño “sucedido” dentro de los muchos que le ocurrieron en su dilatada trayectoria;  al bueno de-Millán Sagrado- notable picador de toros bravos. Y con ello, terminamos hoy un –Artículo-, triste que nos ha compungido el cuerpo y el alma. He intentamos paliar el mal rato pasado.

Vamos a ello.

Le pregunté a-Millán… ¿Arrepentido de algo?

No. Lo pasé bien en mi época de picador de toros bravos; siempre fuimos a hoteles buenos, los compañeros  eran fenomenales y las anécdotas no faltaban. Una vez en-Aranda de Duero me tiraron todas las botellas de agua que había en la plaza de toros y más de tres garrafas grandes ¡vamos que casi me matan! Y… todo ¿Por qué? Pues porque el toro era muy chico y la gente estaba indignada al máximo. Yo, la verdad; me “pase de la raya” con el caballo y terminé picando a el toro en el centro del ruedo. Ello estaba muy penado y dos policías me esperaban en la-Puerta de Picadores-, y uno de ellos me decía muy indignado… Venga, al calabozo, al calabozo. Así que me armé de paciencia y le contesté… ¿Con caballo o sin caballo?

Era una persona “maja”-Millán-.

Lo era. Como todos los demás. ¡Que descansen en Paz!