Lunes, 3 de agosto de 2020

Adiós de un vitalista: Froilán Hidalgo Acera

Este mismo lunes pasado, a los 68 años, se nos iba del mundo Froilán Hidalgo Acera, médico cirujano infantil, oriundo de la Sierra de Francia, de esa localidad que tiene estructura amurallada defensiva, sin parecerlo, y, sobre todo, amigo desde que, él a los once años y yo a los diez, comenzáramos nuestros estudios de bachiller en Linares de Riofrío. Una amistad que ha durado toda nuestra vida y que ha estado basada siempre, además de en el paisanaje, sobre todo en una sintonía humana más allá de cualquier razonamiento.

            Además de la de su profesión médica, Froilán tenía dos pasiones que, de distinto modo, cultivó, como fueron las del deporte –particularmente, el fútbol– y del arte. Cuando yo editaba mis ‘plaquetes’ poéticas ‘Pavesas. Hojas de poesía’, Froilán las seguía, con devoción, y hasta me llegó a proporcionar viñetas para la portada y contraportada de alguna de ellas, como, por ejemplo, –creo recordar ahora–, del artista salmantino Félix Curto.

            Froilán Hidalgo Acera pertenecía a la estirpe de los vitalistas. Su vida estuvo marcada siempre por una inquietud constante, por un dinamismo fuera de lo común, por un fulgor irradiante, por una entrega y una disponibilidad que ponía en práctica, tanto en su vida, como en su profesión médica.

            Tal entrega, de hecho, la hizo realidad, por ejemplo, en su experiencia como cirujano y como médico en el Hospital Católico de Wamba (en Kenia), dentro de los programas de la Fundación “Cirujanos Plástikos Mundi”. En tal experiencia, que nos narro en un libro como el titulado ‘Urgencias vitales en el deporte’, descubrimos a un médico español humanista, con intuiciones antropológicas, con un espíritu de entrega ilimitado y con una disponibilidad hacia esa humanidad doliente y frágil, como es la africana, que nos arrojan mucha luz y nos llevan hacia uno de los sentidos más hondos del ser humano: el de la fraternidad.

            Froilán Hidalgo Acera era un serrano tenaz, entregado, laborioso, vitalista, que, además, atesoraba otra cualidad que le conozco desde muchacho –cuando, en Linares de Riofrío, formábamos parte del mismo grupo de “amigos siempre”: el de “Rin-tin-tín”–: su capacidad para rodearse de las gentes más valiosas y capaces, para formar equipos marcados por la eficacia y por el empeño para abordar las más diversas situaciones y resolver los problemas más arduos.

            Son estas unas meras pinceladas de lo que era Froilán Hidalgo Acera, el cirujano infantil, que ejerciera durante tantos años en el hospital de Salamanca, el apasionado por el arte y por el deporte, pero, sobre todo, ese amigo vitalista que encandilaba a todos y que a todos nos transmitía entusiasmo por la vida verdadera.

            Estamos seguros que su vida no ha transcurrido en vano, que habrá dejado huellas en todos los que de verdad lo conocieron. Su generosidad y entrega a la sociedad fueron cualidades que tenía y que recibió en su formación en Linares de Riofrío, como todos los que pasamos por allí.

            En su memoria y como homenaje y reconocimiento de su existir, –tras su reciente marcha de entre nosotros– estas palabras.