Viernes, 7 de agosto de 2020

Covid-19 y espiritualidad

 

 

 

 

 

 

    

     No tengo yo mucha experiencia en pandemias, aunque algunas me han rozado más o menos de cerca, como el cólera, desatado en algunas zonas de Bolivia cuando tuve que viajar allí; esa la esquivé, confieso mi pecado, yéndome al mejor hotel  de Santa Cruz de la Sierra. Pero allí mismo pude comprobar que la solución no es encerrarse, como me lo demostraron el obispo Nicolás Castellanos y otros amigos de Palencia que vivían en uno de los núcleos duros de la pobreza y, por consiguiente, de la epidemia de cólera, el “Plan Tres Mil”.

     Cuando comenzó el SIDA, o VIH, todo eran remilgos y desconfianzas, pero también me rozó de cerca y, convenientemente asesorado – Cáritas–Salamanca y Proyecto Hombre tienen mucha experiencia al respecto-, pude acompañar a una persona drogodependiente en su fase de rehabilitación – como “persona de confianza” a la Farmacia del Hospital de la que salíamos cargados de antirretrovirales y de euros, pues costaban un pastón- y conocer a la que sería su esposa, con la que se casó una vez embridada la enfermedad, y a sus hijos nacidos después, a cual más guapo y buen niño.

     Esta de la Covid 19 es más traidora y democrática, pues no entiende de fronteras ni de clases sociales, aunque la pobreza es un factor no desdeñable de contagio, como se ha demostrado con los temporeros y se está viendo ahora con los inmigrantes que siguen llegando en patera y con los jóvenes, a los que esta sociedad de nuestros pecados no ha proporcionado mejor esparcimiento que la movida nocturna, donde por definición es más difícil ejercer el necesario comportamiento responsable.

     Dice San Pablo que, para los que aman a Dios, todo les sirve para el Bien. O de otra manera, la confianza, ejercida desde el núcleo de la fe, puede hacer salir de estas piedras hijos de Abrahán; es decir, que este virus traidor y asesino puede y debe ayudarnos a cambiar algunos de nuestros comportamientos y, lo que es más difícil, algunas de las ideas y motivaciones que nos mueven en la vida. Y así, parece que tendremos que reflexionar sobre si el maltrato que estamos dando al planeta no es una de las causas de fondo de la aparición de esta pandemia, de otras que la han precedido y de las que vendrán en un futuro más o menos inmediato. A corto plazo parece que la solución es medieval: distanciarnos y taparnos la boca. A corto-medio plazo una o varias vacunas parecen de aparición inminente en el mercado farmacéutico. Pero no funcionarán bien si no se gestionan con espíritu parecido a como el Reino de España e Indias, y más concretamente su rey Carlos IV, organizó la Expedición filantrópica de la Vacuna. En los comienzos del Siglo XIX, con el Imperio español en insalvable decadencia y colapso, Carlos IV reclutó a los Drs. Balmis y Salvany  y a la enfermera Isabel Zendal y, en unos pocos años, sin aviones, ni internet, ni teléfonos inteligentes, consiguieron erradicar la viruela porque se propusieron, desde el primer momento, vacunar a todos, a los ricos, a los pobres y a los medianos, a mujeres y hombres porque, si la viruela no hacía distinciones, lo racional es que los vacunadores tampoco las hicieran. Además, tenemos ahora una potencia industrial que permitiría llegar hasta el último rincón y al más escondido habitante del planeta.

     Sería legítimo que los descubridores de las vacunas se llevaran una ganancia financiera, además del reconocimiento social universal, pero espero que no caigamos en el error de primar la ganancia hasta el punto de no caer en la cuenta de que si queremos salvarnos nosotros, tenemos que ayudar a que se salven todos. Me temo que las luchas de poder no van a cesar y hasta es posible que nos adentremos en una especie de nueva Guerra Fría entre potencias globales. Pero ni siquiera esa Guerra Fría será posible si no atajamos al virus entre todos.

     Desde un punto de vista espiritual la pandemia nos está dando algunas lecciones. Una de ellas es la conciencia de nuestra fragilidad globalizada. Somos carne de verdad, somos materia, somos interrelación, somos “ambiente”, somos “barro”. Uno de nuestros errores más graves y más recientes deriva de nuestro modo de entender y ejercer la razón, pues nos hemos creído “los reyes del mambo” que podíamos dominar la Naturaleza a nuestro servicio y capricho e, incluso, sin darnos cuenta de que los avances tecnológicos son fruto de los avances científicos previos, hemos pretendido independizarnos de la Naturaleza olvidando que, también nosotros, los humanos, somos seres naturales.

     Pero no solo los financieros y los tecnócratas han pretendido inútilmente separarse de la Naturaleza. También determinadas corrientes “espirituales” han buscado separarse del cuerpo para encontrar directamente, sin atajos, “los bienes de allá arriba”, sin caer en la cuenta de que la Encarnación, la Pasión, la Cruz y el barro –“polvo enamorado” nos definió el poeta- son el paso necesario, insustituible, para alcanzar las más altas espiritualidades, de todo lo cual nos dan cumplido ejemplo los grandes y los pequeños místicos. Porque parece que, si nos tomamos medianamente en serio el capítulo primero del Evangelio de San Juan –“El Verbo, la Palabra. El Logos, se hizo carne”- necesariamente tendremos que conocer y respetar a quien nos da noticia de que somos carne y qué tipo de carne somos. Necesariamente tenemos que respetar a la Ciencia, que es intérprete privilegiado de los mensajes de “la carne”, junto con las Bellas Artes y la Poesía. Por no salir “de casa” me parece constatar que, entre un número significativo de creyentes pretendidamente ilustrados, hay una cierta falta de respeto hacia la Ciencia. Deberíamos aplicarnos a nosotros mismos el famoso aforismo de Antonio Machado en Juan de Mairena, de que “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”.

     Para terminar por hoy, un leve apunte político: Sr. Vicepresidente del Gobierno, Diputado D. Pablo Iglesias Turrión: ¿por qué no pide ayuda al CNI –algo tiene Vd. que ver con ello- para que le hagan una lista más o menos completa de youtubers e influencers, los reúne presencial o telemáticamente y les convence de que convenzan a los más jóvenes para que colaboren más activamente en las “medidas medievales” de distanciamiento y embozamiento necesarias en la etapa actual de la lucha contra el SARS-CoV-2? No es una idea nueva. Ya la puso en práctica la joven Primera ministra de Finlandia. Se vale copiar.