Viernes, 7 de agosto de 2020

El rábano por las hojas

Haber nacido en la tierra de Cervantes tiene como premio contar con la posibilidad de ilustrar una idea empleando uno de los muchos refranes que adornan nuestra lengua. Cuando alguien, por equivocación o intencionadamente, defiende como esencial algo que es totalmente secundario, decimos que ha tomado el rábano por las hojas. Este vicio suele estar bastante arraigado entre los políticos que carecen de argumentos de peso para justificar sus yerros. A falta de razones convincentes, rebuscan la ocasión en que el adversario no estuvo muy acertado para zurrarle la badana. Cada partido tiene en plantilla su equipo de rastreadores en busca de otro virus: la pifia del oponente. Cuando se llega al parlamento, poco importa lo que exponga al orador de turno. El encargado de dar la réplica ya lleva preparada la banderilla, venga o no venga a cuento, y suelta el arponazo, en un intento de minar su moral. Claro está, el replicado –formado en análoga escuela- tiene también su contra réplica y, de esta forma, olvidan el tema principal y caen de lleno en el clásico “¡Y tú, más!”

            Coger el rábano por las hojas es lo que ha hecho Sánchez a la vuelta de su actuación en la Cumbre de la Unión Europea. Ya estamos preparados para asumir que el que no esté dispuesto a felicitarle por su extraordinaria aportación al éxito final de la misma, o es un facha o no es buen español. No seré yo quien critique el acuerdo final porque España resulta muy beneficiada y, además, tampoco estamos en condiciones de poner demasiadas pegas. Necesitamos esos euros –de momento- más que nadie. Lo que hay que dejar muy claro es que el acuerdo final dista mucho de parecerse a lo que se nos había “vendido” antes de acudir a Bruselas. Ya no se trata sólo de la corrección que ha experimentado el montante final que nos ha correspondido en ese reparto, que no ha sido muy severa. El meollo de la cuestión, no explicado debidamente, está en los requisitos que debe reunir cada receptor antes de tomar posesión de los fondos. Los llamados países “frugales”, con Holanda a la cabeza, eran partidarios de que esas cantidades fueran repartidas en concepto de préstamo, y no a fondo perdido. Desde este lado de la película se hablaba de insolidaridad y desde el frente tacaño de despilfarro. No conviene olvidar que estos fondos han sido concebidos para paliar las graves consecuencias del Covid-19 y, en esta parcela, Sánchez era el menos indicado para sacar pecho. Ni lo fue en los momentos más graves, ni lo sigue siendo ahora. Por mucho paseíllo a hombros de sus ministros, Sánchez no se distinguió en esa Cumbre por su soltura ni por llevar los deberes hechos. Por el contrario, tuvo más de un requerimiento con algún primer ministro/a que se sintió indebidamente aludido/a. Si se llegó al acuerdo final, hay que apuntar la mayor parte del éxito a la intervención de Frau Angela Merkel y de Monsieur Emmanuel Macron. Sin ellos dos, Sánchez se habría quedado sin pasillo de campeón y hoy estaría culpando de todo a Pablo Casado. No quiere reconocer que, además de haber comprobado la falta de un plan adecuado para el relanzamiento de nuestra economía, de haber presentado más de una vez informes muy alejados de la realidad, lo que de verdad está preocupando a nuestros socios europeos son las consignas lanzadas por este gobierno de coalición, diametralmente opuestas a lo que se plantea fuera de nuestras fronteras. Mientras a Pedro y Pablo se les llena la boca alardeando de un gobierno “progresista”, fuera de aquí, incluidos los verdaderos socialdemócratas, se está optando por planes básicamente conservadores. Aquí se pretende subir la presión fiscal y, fuera de aquí, bajarla. Allí se contempla una política laboral que facilite la creación de empleo y aquí se habla de hipotecar a la empresa. Allí se vigila el déficit y aquí se aboga por gastar más de lo que se ingresa. Curiosamente, la frugalidad de esos países –con deuda y déficit asumibles- también se mide prescindiendo de tantos ministerios como aquí, y de tanto estómago agradecido, sin cometido claro.

            Pedro Sánchez toma el rábano por las hojas cuando, formando parte de un gobierno en clara minoría, pretende que todos los partidos, sea cual sea su credo político, apoyen todas sus ocurrencias, fruto unas veces de su propia cosecha, y otras de las exigencias de sus compañeros de viaje. La exagerada pleitesía que recibe de sus palmeros parece haber deformado su mente hasta creerse dueño absoluto de la razón.

            Pedro Sánchez toma el rábano por las hojas cuando predica una religión, pero practica otra. Tratando de lograr un acuerdo para la reconstrucción de nuestra economía, el Congreso aprueba las medidas sanitarias, congela hasta nueva votación las económicas y rechaza las sociales. Entre los que han apoyado esas medidas, figuran partidos que votaron en contra de su investidura. Entre los que han rechazado algunas otras, también figuran partidos que apoyaron tanto la moción de censura como su posterior investidura. ¿Unos y otros son menos demócratas por expresar su opinión? ¿Deben doblegarse a sus desvaríos, aunque representen un seguro peligro para nuestro porvenir? ¿Se ha parado a pensar que no comulgan con sus ideas partidos más “progresistas” que el suyo? España no es una excepción y, como en toda democracia, hay quien considera progresista al gobierno que busca el bienestar de todos los que tienen adquirido el derecho al voto; al que no pretende favorecer a unos sectores a base de perjudicar a otros; al que se esfuerza por conseguir un clima de reconciliación, después de haber transcurrido 80 años desde el final de nuestra guerra civil, y no se empeña en resucitar rencores para satisfacer los deseos de un bando olvidándose del otro; al que tiende la mano a la oposición, cuando necesita su apoyo, pero no la ofende y ridiculiza cuando se limita a discrepar. El día que el actual gobierno de coalición practicara estos postulados no sé si sería verdaderamente progresista, pero sí que progresaríamos todos los españoles, que bien necesitados estamos.

            Pedro Sánchez vuelve a tomar el rábano por las hojas cuando altera el orden de prioridad de nuestros muchos problemas. Somos el socio de la UE que más ha sufrido con esta pandemia y que mayor quebranto económico ha sufrido, por la especial naturaleza de nuestro tejido productivo. Cuando creíamos haber alcanzado nuestra “nueva normalidad”, nos encontramos con la triste realidad de volver a encabezar la lista de socios con mayor número de rebrotes. Estamos asistiendo a situaciones ya vividas y, en esta ocasión, el mismo gobierno que entonces intervino las actuaciones, centralizando el mando de las operaciones, huye ahora despavorido, esperando crucificar a esas autonomías que antes ninguneó. Mientras tanto, el gobierno se empeña en resucitar una memoria histórica selectiva al tiempo que nuestra economía está ya en la UCI.

            Unos y otros, gobierno y oposición, si no están dispuestos a alcanzar el consenso, anteponiendo el bienestar común al egoísmo personal; si, en lugar de coger el rábano por las hojas, no están dispuestos a agarrar al toro de la crisis por los cuernos de una solución consensuada, serán responsables de la debacle que ya se cierne sobre nosotros.