Maravillas de la mecánica

MARAVILLAS DE LA MECÁNICA

     Les pongo esto como ejemplo de dónde nos lleva la mecanización absoluta de toda nuestra vida.

     En una estación desolada de Renfe voy a al baño a refrescarme. Antes con un grifo normal lo abría con un dedo, sacaba el chorro que quería, fuerte, suave, mucho, poco, tres cuartos, a ratos más rápido, a ratos más lento, según las necesidades, según las circunstancias, según mis deseos.  La vida es así, imprevisible, infinita, no sujeta a ningún programa, cada instante tiene su exigencia, su revelación.

     Pero encuentro un grifo al que hay que golpear con la palma y suelta durante unos segundos agua. Si quieres más agua golpeas otra vez y te la da durante unos segundos. Y siempre hace así, necesites lo que necesites, quieras lo que quieras, ocurra lo que ocurra. Si quieres poca agua por algún motivo te jodes. Si quieres mucha por otro motivo también te jodes. Las máquinas son así, no hacen caso de nada, hacen siempre lo mismo. Son ciegas y estúpidas.  

     Me deslumbra el progreso que significa el invento de ese grifo mecánico.  Me maravilla como una mente tan prodigiosa pudo tener esa ocurrencia. Cuánto progresó la humanidad cuando algún prepotente genio nos impuso eso, nos gustara o no.  Tantas veces me deslumbran las maravillas mecánicas y como simplifican la vida, como la matan, como la idiotizan.

     Por supuesto ni se te ocurra ponerte a beber de ese grifo aunque te mueras de sed. Yo he bebido gloriosamente agua fría abundante en los aeropuertos y me he emocionado de agradecimiento. Pero allí el agua estaba caliente y solo salía durante unos segundos. La tacañez era otro progreso. Y si tienes sed paga, coño, paga agua en otra máquina.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR