Para rascarse la nariz no hace falta una máquina

PARA RASCARSE LA NARIZ NO HACE FALTA UNA MÁQUINA

    Algo haremos alguna vez por nosotros mismos. Con nuestras manos cálidas, con nuestras piernas vibrantes. Con nuestros codos que reciben la brisa. No se nos atrofiará todo porque todo lo hacen las máquinas. Respiraremos nosotros y no habrá una máquina que respire por nosotros. Ya que no quieren que vayamos a pagar el recibo y tiene que hacerlo una máquina al menos nos dejarán coger la copa con las manos y que no nos la lleve una máquina a los labios.

    Algo haremos todavía y notaremos que hacemos algo, que estamos vivos. En esta manía de la comodidad infinita todavía tendremos aliento para frotarnos los ojos. Nos levantaremos del sofá para alguna cosa aunque sea para coger un pañuelo, y que no lo haga la puta máquina. Todavía besaremos a alguien nosotros mismos o lo saludaremos de lejos nosotros mismos.

     Pero al menos ese placer de rascarse la nariz con el dedo, qué delicia. Esa sensualidad de pasar la uña, de notar la morbidez de la nariz en la punta de la uña. Ese esfuerzo de levantar la mano y doblar el dedo. A alguno todavía le parecerá mucho esfuerzo. Pero por favor que al menos nos dejen rascarnos nosotros mismos la nariz. Ya que inventan máquinas para todo, ya  que no nos dejan hacer nada,  que nos dejen al menos rascarnos la nariz.

     Estoy de acuerdo, está muy bien hablar con alguien que está lejos, aumentar la velocidad del transporte, que una máquina nos lave la ropa. Pero esto de inventar cosas para la más mínima actividad, de acercar la mano al grifo que  tiene no sé qué célula porque no quieres levantar el grifo, de acercar el dedo a una puerta porque no quieres empujar la puerta, este complicar todas las cosas más sencillas, para qué, Dios mío.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR