Martes, 20 de octubre de 2020

Celia Corral Cañas, ‘Tiempo para los pájaros’, un premio de narrativa Carmen Martín Gaite para el día del Libro

La joven autora firma ejemplares de su obra este jueves, a las 20.00 horas, en Letras Corsarias

        

La escritora Celia Corral con su novela "Tiempo para los pájaros". Foto de Carmen Borrego

         Tiene Celia Corral Cañas la brevedad de un pájaro, la ligereza de su vuelo. Cuando entrevistamos al abrigo de las ramas, Carmen Borrego y yo, a la poeta, profesora, doctora en Filología y flamante ganadora del Premio de Narrativa Carmen Martín Gaite, no sabíamos que se demoraría la edición por la pandemia, y que tardaríamos tanto en disfrutar de este Tiempo para los pájaros, que tiene, como la autora, cualidad de ligereza, brevedad y peso pluma con una altura que sorprende al lector por la calidad de su prosa y la altura insigne de su vuelo.

         Es Tiempo para los pájaros un asombroso descubrimiento. El suyo es un discurso cercano y aparentemente sencillo para el lector que encubre su auténtico peso de manifiesto generacional. Porque esta breve novela es la mejor descripción de una generación, la de la autora nacida en Reinosa en 1987, marcada por la infinita preparación académica y profesional, la falta de trabajo estable, la capacidad de resilencia, el interés por la ecología, la vida concienciada y sobre todo, por la visión, un tanto escéptica, un tanto resignada y sin embargo, plenamente comprometida de una vida que no parece pertenecerles.

         ¿Cómo llamaríamos a la generación de los que ahora tienen treinta y tantos años y se enfrentan a la vida plenos de referencias culturales, populares donde se confunden las series, las películas, los superhéroes, las novelas, la música, los filósofos, los programas de televisión, internet, la ecología? Ni siquiera la protagonista de esta novela tiene nombre, de ella sabemos todo y sin embargo, su discurso aparentemente autobiográfico no se detiene a nombrarse en un ejercicio inusual. Se trata de una novela en primera persona con todos los convencionalismos de la narración confesional y sin embargo, plena de originalidad a la hora de abordarlo.

         Es así porque Celia se inquiere, se desliza por los escenarios de su Reinosa evocada, su infancia hilvanada en el recuerdo, por las calles de una Salamanca invernal plena de referencias a un lector que sabe seguirla y lo hace desde su vivencia, que de tan íntima es colectiva. De lo particular a lo general, nos enseñaban en esta Anaya en la que Carmen Borrego retrata a la autora profesora.

En la obra, dedicada al trabajo, a la vida interior de la casa compartida con el amor y la gata, la protagonista se enfrenta a la vida “desde la perspectiva del ángulo”, observadora de sí misma y de su entorno capaz de reflexiones tan hermosas y certeras que se quedan en la mente del lector como versos “El dolor anímico permite el diálogo, es incluso convincente, adictivo. El dolor físico no. El dolor físico es un dictador”.

         El lector recorre maravillado el discurso vital de la protagonista. Ni un solo diálogo en esta reflexión, evocación, narración aparentemente casual, flujo de consciencia. La observadora observa su propia vida, mira a los pájaros, mira a su alrededor, reflexiona sobre su falta de trabajo fijo, lo que sorprende a su padre “A tu edad yo…”, se atreve a cuestionarse “Tratas de ser una buena persona, solidaria, amable, pero a la vez no dejas de pertenecer a la parte afortunada que abusa de la desafortunada (…) no dejas de contaminar y de general gasto energético, por mucho que recicles y utilices el transporte público y subas las escaleras”. Un cuestionamiento consciente, sin dramatismos, sereno, pleno de referencias donde todo cabe: la literatura –cuántas citas literarias en esta breve novela, cuánto vuelo de la filóloga, la doctora- la serie, el programa de televisión, la publicidad, los hechos del Telediario, la sobreinformación, la cultura culta y popular al alcance de la pantalla ¿Cuáles son las características de esta generación a la que pertenece Celia Corral y la voz de su alter ego? Leer con cuidado, con atención esta novela nos haría no una taxonomía de elementos generacionales, sino una certera radiografía desde el conocimiento y la pertenencia.

         Celia tiene veinte años menos que yo. Cuando hablamos de nuestra mutua, compartida admiración por Carmen Martín Gaite, ella se inclinaba hacia la novela Lo raro es vivir que tanto eco tiene en esta obra: “Qué fácil no ser y sin embargo, somos” mientras yo seguía rumiando la vida entre visillos.

Ambas saludamos a la Gaite cuando pasamos por la Plaza de los Bandos. Ambas la extrañamos, y ella, en un ejercicio de amor por la autora salmantina, no solo la cita y evoca, sino que se presentó al concurso movida por su nombre como nos contó en aquella entrevista: “Mi obra favorita es Lo raro es vivir, fue lo primero que leí de ella, y luego, al volver a releerla he comprobado que me ha enseñado mucho. No solo esa novela, sino la figura de Carmen, su visión de la vida, como la describe, su sencillez, yo me presenté a ese concurso por su nombre ya ha sido un inmenso honor ganarlo”.

         Carmen Martín Gaite se presentó al Nadal con una novela que retrataba a toda una generación de mujeres en el escenario triste y provinciano de una Salamanca que no ha variado sustancialmente. Celia Corral, que retrata a toda una generación, no de mujeres, sino de jóvenes sobradamente preparados, estudiantes y trabajadores de la ciudad universitaria, no es condescendiente, como Martín Gaite, con esta Salamanca que ambas aman y retratan con inteligencia.

No es un escenario para las dos, es un personaje más donde tanto Natalia como la protagonista de los pájaros reflexionan sobre su vida y aquellos que la circundan. Gentes que, como bien nos dijo Celia, tienen como característica fundamental su inmensa preparación y su vinculación con la vida laboral que, en el fondo, es la vida. Jóvenes a los que no se puede reprochar nada. No es cierto ese discurso de que no leen, no se preparan, no saben nada, nada les importa.

En absoluto: "Tengo 32 años, creo que ahora somos gente joven durante mucho tiempo. Se estira ese periodo de incertidumbre, de duda. La gente de mi edad hemos aprendido a vivir con un pie en el aire, lo que es algo positivo en cierta manera: por ejemplo, no nos ceñimos a un trabajo tan pronto, la generación de mi padre sabía que tenía un trabajo que era para siempre, nosotros no. Eso no tiene que ser malo, aprendemos más cosas, viajamos más, probamos, en el fondo es positivo, pero no hay que olvidar que no es algo elegido”.

         ¿Es el discurso autobiográfico un selfie de una autora que lo mismo cita a Martín Gaite, que a la Celia de Fortún que a “Juego de Tronos? ¿Es este tiempo de pájaros el de una generación, una juventud abocada al trabajo precario, a la culpabilidad por vivir en una sociedad injusta y ser consciente de ello? ¿Es esta novela un ejercicio bellísimo de introspección que se desarrolla en una ciudad provinciana, quieta y solariega? ¿Es sencillamente, un milagro en equilibrio de la literatura a la que no cesa la autora, paradójicamente, de criticar por la inmensa producción editorial y el deseo de escribir de tanta gente?

Todo eso y más es esta joya autorrefencial, esta reflexión metaliteraria que no solo retrata a los jóvenes de la edad de la autora, sino que nos cuestiona a todos. Porque todos nos detenemos a reflexionar con ella, todos paseamos estas calles en las que suceden las mismas cosas y nos caemos, nos encontramos, nos vivimos, nos habitamos.

Porque hasta en el detalle más breve encuentra el pájaro su vuelo y Celia la belleza del lenguaje. Un lenguaje que no solo comunica, sino que aporta, enriquece, mueve a la reflexión, se hace bello, se hace vuelo, se hace arco en este cielo salmantino que nos cobija… a lectores, escritores, columnistas –exquisita la referencia a su trabajo en SALAMANA AL DÍA, agradecida su referencia a la Librería Letras Corsarias donde escucha a otros autores, a otros intelectuales, donde se nutre, bebedero generoso de pájaros ávidos-.

Este libro es un milagro, como lo es celebrar el día del Libro el 23 de Julio. Por eso hay que acudir a las librerías, espacios de luz de autores como pájaros, y llevarse este libro con la firma de la autora. Yo ya tengo el mío. Y créamne, no voy a parar de recomendarlo. Porque es tiempo de pájaros y de páginas, tiempo de una filóloga en plenitud de talento: tiempo de Celia Corral Cañas, escritora. Escritora.

Charo Alonso

Fotografías de Carmen Borrego