Viernes, 7 de agosto de 2020

Legítimo, Ético y Honrado

“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero” (Bejamin Franklin)

-Cuando a un político, banquero, corredor de bolsa, empresas de construcción, de consultoría, y otras de negocios, donde la base fundamental, son las transacciones y manejos de capitales, donde se habla de cifras astronómicas- o al menos lo son para cualquier mortal. -Cuando se descubre o se detiene a alguno de estos individuos por los negocios turbios, se plantean dilemas imprevistos, surgen voces, discusiones, griterío periodístico, político, jurídico, social etc., que hacen interpretaciones de toda índole y condición, donde casi siempre se termina discutiendo sobre lo que para unos es legítimo, y para otros no es ético, y no sé cómo se pueden resolver estas cuestiones, donde la moralidad, la codicia, el egoísmo, el abuso, lo ético y lo estético, no terminan de distinguirse de manera clara y precisa. Lo hemos visto, oído y seguido en unos cuantos de procesos, - que no hará falta nombrar aquí-. Pero lo peor, es que seguiremos en ese trance, mientras el eufemismo de : - La justicia es igual para todos, puede ser que lo sea, pero no para los encargados de aplicarla.

Lo que se deduce y parece cierto, es que muchos o todos, de los enganchados en estos tumultuosos casos, donde el procurarse una buena valija de dinero, el evadir los impuestos, y pegarse la gran vida para él y su generación, ha sido la impronta, que ha removido sus conciencias, donde la poca vergüenza y la ausencia de ética, han sido su modus vivendi. Evidentemente hay casos prácticos de ética, que se pueden estudiar o al menos reflexionar sobre ellos. Este tiempo de confinamiento observado el panorama hospitalario, la pérdida de empleo, los comedores de gentes vapuleadas, la necesidad de ayuda etc., ha puesto a prueba la razón de la necesidad. ¿Es correcto que un menesteroso robe medicamentos para curar a su esposa? ¿A quién se debería beneficiar con un respirador, o con el único corazón disponible, a la madre de tres niños o a un científico?... Quien se pronuncia con estas distinciones de índole moral, es capaz de reconocer y rechazar un negocio cuestionable, o la indecente solicitud de un superior. Por desgracia esta conclusión se basa en un equívoco en cuanto que hace buenas a las personas. La conducta recta es el resultado de un adiestramiento, no de una reflexión. Como insistiera  Aristóteles hace milenios (un adulto bueno antes fue un niño bueno a quien se habituó a actuar con rectitud). Los elogios por decir la verdad y los castigos por mentir harán que sea, con el tiempo, “naturalmente” honrado. Es decir las personas honradas no tienen que pensar cómo responder cuando están bajo juramento. Y esa es la madre del cordero, porque muchos de aquellos que hoy se encuentran envueltos en interminables juicios y procesos no exentos de ingeniería jurídica, habían prestado juramento además, en público y eso es la etiqueta, el marchamo, para ser una persona ética, honrada sincera y legitima.

Son preguntas interesantes y difíciles de contestar, pero no es probable que la mayoría de las personas deba encontrarles respuesta. Menos desconcertantes, pero de mayor importancia, en conjunto, para el carácter de la sociedad, son los pequeños retos de cada día, como decidir si se debe compartir alguna suma inesperada de dinero con una institución de beneficencia, o  irse de compras.

La honradez, el trabajo y el respeto a los demás – no una serie de posiciones sobre cómo alcanzar ciertas metas sociales- forman el núcleo que estabiliza al individuo en su viaje por la vida. Un alto responsable de cualquier entramado más o menos importante, no puede ni debe contaminarse. Y debe denunciar la corrupción. Distinguir lo correcto de lo incorrecto en la vida diaria no es tan difícil; lo que si resulta arduo es vencer la pereza y la cobardía para hacer lo que sabemos perfectamente bien que debemos hacer…. Vamos que aplicando el sentido común, nos despejara muchas dudas y no pocos sinsabores… Digo yo… oye