Viernes, 7 de agosto de 2020

Cumpleaños

- Señor Manuel.

- Dime prenda.

- Pues que hoy tenemos mucho de qué hablar. Pero antes quería hacerle un par de –reflexiones, muy reflexionadas; ya que nuestro entorno y más después del coronavirus, está evolucionando vertiginosamente. Nosotros nos hemos hecho viejos sin darnos cuenta y el pasado, aunque nos resistamos, se está difuminando a pasos de gigante en nuestra memoria. A esto añadimos que, estamos totalmente sorprendidos a nuestros ¡86! años de edad e invadidos por una sensación de absoluta perplejidad viendo a la velocidad que se producen los acontecimientos últimamente.

La segunda reflexión, es que estoy, y pienso que usted también totalmente de acuerdo con lo que reflexiona otro buen amigo nuestro veterano de muchas amanecidas y alguna anochecida: “Las personas que nacimos en la época de los años 30 y más en el caso de usted que nació en el pueblo; hemos conocido hasta el arado romano “conducido” por un labriego con enorme esfuerzo, tras pareja de bueyes o mulas y de sol a sol”…

Y del que decía tú buen amigo-Millán-(q.e.p.d) qué: “Era un elemento de trabajo muy ca… ¡Pero que cuanta hambre quitó!

- Sí, señor Manuel; pero déjeme continuar con lo que estoy reflexionando.

- Continua sí, pues es interesante el tema, ya que todas las generaciones, habidas y por haber, que van pasando piensan que están viviendo tiempos excepcionales… la caída del Imperio Romano, lo de Napoleón Bonaparte, la Primera y Segunda guerra mundial, la llegada del Teléfono., la Prensa y Televisión, el pisar la Luna hasta llegar a la época actual con tanto adelanto tecnológico que ha cambiado la manera de vivir, ser y estar de la Humanidad y no quiero cometer un sacrilegio monumental si menciono… ¡La Resurrección de Jesucristo!

- Pare, pare señor Manuel que me está volviendo “tarumba” con tanta mención atrasada, y lo peor es que no sé hasta dónde pretende usted llegar.

- Pues está a la vista; no hay más que salir a la calle y “toparse” con todo el personal con su mascarilla correspondiente. ¿Tú habías pensado alguna vez?...  ¡ni en sueños! ¿En llegar a una situación actual en la que nos encontramos? ¡Vamos hombre! Si esto que está sucediendo, no te parecen tiempos excepcionales… ¡Apaga y vámonos!

- Pero…

- No hay pero que valga, pero escucha mí profecía: Como dijo alguien: “Todo lo que está mal… se puede poner peor”. Todo esto que está ocurriendo, irá a más. Al tiempo.

- Y ahora, sigue reflexionando a tú manera.

- Pues no puedo ya. Con exposición espontánea y llena de matices me ha cambiado usted todos los esquemas y no sé ni por donde iba. Así que considerando que: “Todas las grandes obras nacen del silencio; mejor me callo”.

- Entonces puedo, dejando lo anterior y bajando a lo terrenal y cotidiano darte las gracias.

- ¿A mí por qué?

- Hombre, pues por algo que sentí el otro día y que siempre ha existido llamada empatía, (preocuparnos por los otros). Por ello, podemos ser capaces de sentir las emociones que experimentan otras personas, como si fueran nuestras. Y tal fue el caso, cuando nos invitaste el otro día a un grupo de amigos a tú ¡86! Cumpleaños. Y que dadas las circunstancias actuales propiciadas por el “bicho”… fuimos capaces de sentir esas emociones… como si fueran nuestras.

- Pues me ha “pisado” usted el tema que yo quería exponer cuando al principio le decía: “Pues hoy tenemos mucho que hablar.”Y así ocurrió;  después de esta reunión reducida de un grupo de amigos. Primero en la-Parcela-, degustando nuestro ya clásico-Vermú- con anchoas y unos ricos cangrejos (¡Recién pescados!), y que había llevado-José Ignacio-. Más tarde sería la comida “seria” en el estupendo mirador del restaurante ‘El Mirador’ de Cabrerizos. Con entrega final de una placa vistosa conmemorativa de tal día de… ¡Hace tantos años! Puedo asegurarle ,señor Manuel, que sentí vivamente esa empatía de la que hablábamos antes y también mucho agradecimiento a usted y a los amigos de la-Peña Los Magníficos que me acompañaron en esos momentos.

- Y me voy a sincerar con usted amigo. Y con estos buenos amigos. No soy  adivinador… pero ya “cuento” con ¡86! años de edad y presiento que esta reunión que tuvimos en armonía y buen yantar… ¡será la última! celebración de mí cumpleaños. Qué no sé; si será debido a causas naturales propiciadas por la propia edad o porque ya no merezca la pena el celebrar nada de nada… Eso lo puede responder solamente la providencia… Pues eso.