Miércoles, 2 de diciembre de 2020

En memoria de…

“España ha contraído una obligación moral, la de reconocer la dignidad de los fallecidos” (Felipe VI)

En memoria de las víctimas de la COVID-19 en España”, podíamos leer ayer, junto a un lazo negro, al abrir el buscador Google. Y es que el jueves se celebró en el Patio de la Armería del Palacio Real el homenaje de Estado a las víctimas de la pandemia. Un acto presidido por Reyes e Infantas, miembros del Gobierno al completo, Presidentes de todas las Comunidades Autónomas y también de las principales instituciones de la nación. El Rey señalo en sus palabras que: España ha contraído una obligación moral, la de reconocer la dignidad de los fallecidos. Antes de nada diré que no me parece mal que se realizara el acto, si hubiera sido invitado hubiera asistido sin dudarlo pero, hubo cosas que no me gustaron.

No me gustó que el hermano del fallecido por el virus José Maria Calleja, al que admiraba, citara sólo los nombres de algunas víctimas muy conocidas (actores, empresarios, exministros, futbolistas, escritores o periodistas) pues, aunque terminara su enumeración diciendo hoy no estamos aquí para honrar las glorias de nadie…, lo cierto es que ya estaban honradas al ser citadas por sus nombres. creo que no debió haber referencia expresa a nadie para así recordar a todos.

No me gusto el enorme esfuerzo que se hizo por transmitir la idea de que no se trataba de un acto político, pues ese mismo innecesario esfuerzo ya lo hacía sospechoso. Además, cualquier acto al que asisten los Reyes, el Gobierno en pleno y las más altas autoridades autonómicas e institucionales, es un acto político, y no quiero decir que eso sea necesariamente malo.

No me gusto el momento, porque pudiera parecer que la pandemia ha terminado y nada más lejos de la realidad ¿se incluirá en este homenaje a las próximas víctimas que están por llegar o con el acto ya hemos cumplido con todos y todas a futuro?     

No me ha gustado que Isabel Díaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid, anunciara la construcción del memorial en recuerdo y homenaje de las víctimas de la COVID-19 y también a sus héroes. Porque si este tipo de homenajes se da a aquellas personas que han sido afectadas por causas que no podemos controlar, yo me pregunto ¿por qué precisamente a las víctimas de la COVID-19? ¿Por qué no a los parapléjicos por accidentes de tráfico del año pasado, a los fallecidos por gripe y hepatitis C o al colectivo de personas que fueron afectadas por el aceite de colza y que siguen sufriendo secuelas por ello? Y pensando en una situación similar, también un pandemia causada por un virus paRra el que aún no hemos conseguido vencer y sigue actuando ¿por qué no a los muertos a causa del VIH-Sida y a los muchos héroes que estuvieron a su lado cuidándoles y para reivindicar sus derechos a una atención sanitaria digna?

El Rey dijo: España ha contraído una obligación moral, la de reconocer la dignidad de los fallecidos. ¿A caso a unos fallecidos se les reconoce la dignidad y a otros no? El Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala claramente: Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

El VIH-Sida, no fue una pandemia, es aún una pandemia, pues continúa en todo el mundo sin que contemos con una vacuna para detenerla. Según los últimos datos facilitados por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), el pasado año 2019 vivían con el virus en el mundo 38 millones de personas (13,5 millones por COVID-19), se produjeron 1,7 millones de nuevas infecciones (13,5 millones COVID-19) y murieron más de 690.000 personas (586.896 por COVID-19). Desde el año 2000 son ya más de 8 millones las víctimas del virus[1].

A día de hoy en España se producen entorno a los 4.000 nuevos diagnósticos de VIH al año, pero 4 de cada 5 personas son asintomáticas y desconocen ser portadoras. Entre 140.000 y 170.000 personas están infectadas y en 2017, último dato disponible ya que la información no es ni tan exhaustiva ni tan ágil como en el caso de la COVID-19, son 442 personas las que fallecieron por causas relacionadas con el virus.

¿Qué que tiene que ver todo esto? Pues que con relación al VIH-Sida nunca he visto lazos negros, ni días de luto, ni banderas a media asta, ni homenajes a la víctimas, ni informaciones diarias por radio y televisión sobre la situación, ofrecidas por los miembros de un gabinete de crisis (porque no hubo ninguno), tampoco he escuchado aplausos en las calles para las muchas personas que literalmente se dejaron la piel defendiendo los derechos de las personas afectadas. Será tal vez por los colectivos a los que con mayor dureza golpeo y sigue golpeando, por lo que no he visto ni oído nada de esto 

Pero la cosa no ha terminado para los afectados por el VIH porque, también según ONUSIDA, los efectos de la COVID-19 ponen en riesgo los avances en la lucha contra este letal virus. Los confinamientos y los cierres de fronteras impuestos para detener la COVID-19 están afectando tanto a la producción de medicamentos como a su distribución, lo que podría generar aumentos en sus costes y problemas de suministro. Se estima que el coste final de los medicamentos antirretrovíricos exportados desde la India podría aumentar entre un 10 % y un 25 % con respecto al precio normal. Los modelos recientes estiman que una interrupción completa de seis meses en el tratamiento del VIH podría provocar más de 500.000 muertes adicionales por enfermedades relacionadas con el SIDA. ¿Cuestión de prioridades?

El premio Novel de literatura colombiano Gabriel García Márquez escribió: La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido, y también, recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para quien tiene corazón. Quizas necesitamos más corazón y menos memoria.