Viernes, 7 de agosto de 2020

Un verano distinto 

En el que estamos, está ocurriendo ya, será un verano distinto. Pese a los reclamos publicitarios de todo tipo, bastante más de la mitad de los españoles (eso dicen los sondeos de opinión, que divulgan los medios) no saldrá de vacaciones a los lugares turísticos habituales de playas.

Sí que se utilizará, sin embargo, a tenor de lo que vamos viendo, ese recurso vacacional –que, no lo olvidemos, es el que utiliza buena parte de la población– de volver a los pueblos de origen, desde los que se emigró a las capitales y lugares en los que había trabajo (País Vasco, Madrid y otros destinos).

Vamos viendo a nuestros paisanos volver a sus pueblos, poco a poco, con sus equipajes y los enseres necesarios para pasar unas semanas, un mes o, incluso, toda la temporada veraniega. Nuestros pueblos se animan.

Pero, en estos días veraniegos, no se podrán celebrar las fiestas patronales como de costumbre, ya que, debido al peligro de los rebrotes del virus corona, las autoridades han de tratar de evitar todo tipo de concentraciones: bailes, conciertos, procesiones, iglesias y plazas saturadas en las fiestas patronales…y otros acontecimientos por el estilo. Y también conllevan peligro las reuniones masivas, para comer, para tomar algo, o para cualquier otra cosa.

En este sentido y más allá de prohibiciones y normas, el elemento clave es la llamada a la responsabilidad individual y personal de cada uno de los ciudadanos, para guardar distancias, evitar participar y formar parte de cualquier acontecimiento masivo que conlleve peligro sanitario.

Hay un recurso, sin embargo, que es sano y que se puede realizar perfectamente en el mundo rural, como es el de caminar, entrar en contacto con la naturaleza y con parajes naturales atractivos (montañas, lagunas, ríos, valles…); conocer enclaves significativos en las zonas en las que se esté, ya sea de tipo civil o religioso, desde un ámbito arqueológico, una iglesia o ermita, un monasterio, cualquier tipo de ruinas, castillos… y tantos otros bienes patrimoniales como tenemos en nuestras provincias y en nuestra propia comunidad.

Y otro recurso que, al tiempo que entretiene es civilizador y formativo, es el de la lectura; un recurso al alcance de todos y que constituye un bien que se debiera fomentar, tanto en los adultos, como, sobre todo, en nuestros niños, adolescentes y jóvenes. La lectura es una buena tarea para un verano como este.

Y, siempre, pero guardando las distancias físicas y utilizando la mascarilla, ese cultivo de la sociabilidad, a través del diálogo con nuestros paisanos, con nuestros familiares, con nuestros amigos…, como uno de los medios más eficaces para cargar las pilas.

Porque, nos guste o no, estamos viviendo un tiempo como de realidad en suspenso, marcado por una incertidumbre que no sabemos dónde conducirá, qué deriva terminará teniendo.

Y hemos de ser responsables, disfrutando, con sensatez, del tiempo veraniego.