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Lunes, 25 de enero de 2021

De la ciudad de la luz a la luz de las pupilas blancas en el corazón de África

Según datos de la OMS existen 50 millones de personas ciegas en el mundo, el 90% de ellas en países del Tercer Mundo. Tres cuartas partes de los casos de ceguera son reversibles o tratables, pero la falta de recursos sanitarios hace que estas personas pierdan la visión.

Hoy mi colaboración en mi columna de SALAMANCA AL DÍA es una propuesta de solidaridad y admiración hacia todas aquellas personas de corazón generoso que hacen viajes a la pobreza para rescatar personas de todos aquellos males que aquejan a los submundos que coexisten con los países acomodados de occidente.

Por eso traigo a mi columna al Doctor Manuel Marcos Robles, oftalmólogo salmantino que próximamente publicará un libro sobre su experiencia en un programa contra la ceguera en zonas castigadas por la pobreza.

Según datos de la OMS existen 50 millones de personas ciegas en el mundo, el 90% de ellas en países del Tercer Mundo. Tres cuartas partes de los casos de ceguera son reversibles o tratables, pero la falta de recursos sanitarios hace que estas personas pierdan la visión.

Sobre “África, miradas con pupilas blancas” Dialogando con el Doctor Manuel Marcos Robles

“Es difícil vivir y quizá más difícil escribir sobre la vida y sus vivencias”

Mi semana mauritana fue una experiencia inolvidable y nada mejor para no olvidarla que compartirla. Dos razones me han llevado a imprimir mis apuntes en este libro de memorias: en primer lugar el deseo de que mucha gente se informe de la existencia de estas calamidades y en segundo término reflejar en mis palabras unos sentimientos que giran en torno a pupilas cerradas por las cataratas completas, maduras, blancas como la espuma y duras como piedras que no encuentran quien las opere.

Una vez eliminadas, los pacientes vuelven a vivir, a ver, a caminar sin vacilación y a seguir siempre adelante”. Manuel Marcos Robles

Este libro-memoria qué aporta al conocimiento del drama que viven muchas personas con las pupilas blancas.

He oído hablar en bastantes ocasiones a compañeros que viajan a países de África, de América Latina y de Asia a operar patologías oftalmológicas en zonas donde la pobreza les hace carecer de salud y de médicos, de sanitarios en general y de estructuras hospitalarias asistenciales. De la mano de la Fundación “Jorge Alió” para la Prevención de la Ceguera, que ha establecido su centro de atención humanitaria en Nouadhibou, Mauritania, he querido colaborar en esa lucha contra la ceguera acudiendo a la 14ª expedición. Y he conocido sin mensajeros el drama sanitario visual con el que viven muchas personas en África. Y me apunto a mejorar la eficacia de las soluciones que vamos dando.

Centro de la Fundación Alió , en Nouadhibou, Mauritania

 

Como voy leyendo en sus páginas ¿es este libro un diario vital de tu experiencia?

Cuando preparamos el viaje, además de la burocracia de pasaporte y solicitudes de permisos y acreditación de mi titulación y las vacunas oportunas para viajar con más seguridad sanitaria a la zona de trabajo, metí en la maleta un cuaderno en blanco para tomar notas. No soy escritor ni periodista, así que las notas se quedaron muy cortas y no hacen justicia completa a lo que mis ojos vieron y mis oídos escucharon, pero me han dado pie a describir con desgarros de realismo una experiencia profesional diferente, en la que nuestro trabajo se compensa en muchos casos de inmediato porque los pacientes ven, pacientes que me explican su mejoría con una mirada sonriente porque han vuelto a ver y les hemos sacado de su pozo de desesperanza.

¿Cuál fue la motivación de esta generosa aventura -si algo tiene de aventura este viaje a la pobreza-?

Mi formación como oftalmólogo está muy ligada al profesor Jorge Alió, ya que fue mi tutor cuando yo era médico residente. Su fundación me abría fácilmente las puertas para realizar esta colaboración que sabía era muy útil para muchas personas de esos 40 millones de ciegos que reconoce la Organización Mundial de la Salud que existen en el mundo debido a que tienen cataratas. Vivo ya una etapa profesional en la que puedo asumir los riesgos que para la propia salud comporta viajar a esos países con pobreza y subdesarrollo sanitario. Y a Nouadhibou, Mauritania, fuimos.


Esta actividad exige superar muchas dificultades. Viaje a una nación en la que el aeropuerto es poco más que una pista de aterrizaje y unas salas, llenas de arena del desierto. El control de entrada se realiza en una oficina de recogida de pasaportes en las que hay dos personas uniformadas manejando sendos ordenadores y que cobran una tasa para acceder al país. En la sala de recogida de equipaje hay arena y maletas que llevan días abandonadas u olvidadas, amontonadas aleatoriamente.

Carencia de medios, dificultades sociales y culturales ¿cómo se resuelve allí este tipo de operaciones que aquí en nuestro país es algo tan desarrollado?

Viajar con el apoyo de la Fundación “Jorge Alió”, que ya acumula el conocimiento de muchas expediciones anteriores, hace mucho más fáciles los trámites. Tienen una persona de total confianza, Salah E. Bechir, que nos recoge en el aeropuerto, agiliza la burocracia y nos ayuda en el traslado al hotel tras recibirnos primeramente con agradable hospitalidad en su casa.

Visitamos también al llegar las instalaciones de la clínica, un edificio grande, bien dotado de espacio, sin habitaciones de ingreso, pero muy bien equipado para la realización de consultas y cirugía ambulatoria.

¿Los  médicos que vais allí contáis con algún  tipo de ayuda gubernamental?

La Fundación “Jorge Alió” había establecido buena relación con las autoridades municipales de Nouadhibou, pero como las circunstancias políticas también cambian en África, parece que el apoyo actual es un poco peor. No obstante, dada la motivación altruista de la actividad de la Fundación, se intentan nuevos lazos de colaboración, necesaria para mayor beneficio de los habitantes de la ciudad.

Las autoridades españolas, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, facilitan los trámites necesarios para la cooperación internacional de estas expediciones humanitarias.

¿Una experiencia de este tipo qué te dice a ti y qué le puede decir a los habitantes de los países desarrollados?

Desde el punto de vista personal, el trabajo altruista realizado simplemente por ayudar a personas necesitadas siempre compensa. Aquí en Europa, en España y en Salamanca también se puede realizar, sin ninguna duda. Pero hacerlo en una ciudad como Nouadhibou, la segunda ciudad de Mauritania y en la que la pobreza se manifiesta desde que se acerca el avión a la pista de aterrizaje, tiene mucho más sentido porque casi todas las personas que consulta no tendrían solución con la estructura sanitaria de esa región que está a hora y media de avión de Las Palmas.

Que nuestros conciudadanos y los habitantes de países desarrollados económicamente conozcan esta situación mueve conciencias y actitudes para que compartan los bienes con Fundaciones y Entidades caritativas que desarrollan una actividad encomiable en esas zonas. No tienen estructura, ni probablemente mentalidad ni capacidad financiera, para acceder al desarrollo sanitario. De hecho esas magníficas instalaciones que ha proporcionado la Fundación “Jorge Alió” no encuentran profesionales con una estabilidad suficiente como para realizar una gran tarea tangible. Pueden estimarse que los costes de mantenimiento de la estructura básica para el funcionamiento del hospital oftalmológico (personal de plantilla, dotación de energía y agua corriente, …) pueden alcanzar los 3000¿? Euros al mes.

¿Qué te gustaría añadir partiendo de tu experiencia y tu reflexión?

Que quien conozca la actividad de esta o de otras Fundaciones y ONGs aporten medios económicos o personales para el desarrollo de esta actividad tan necesaria. Todo necesita dinero y muchos pocos pueden conseguir un mucho.

Desde el punto de vista personal, en el futuro me gustaría dedicar al menos un mes de actividad para que tuviera mayor desarrollo y tuviera tiempo para enseñar a médicos locales técnicas para operar allí las cataratas. Difícil tarea que además se enfrenta a que el que domine técnicas eficaces para operar cataratas querrá marcharse a otras ciudades africanas o de otras partes del mundo para convertir en medio de sustento personal/familiar su conocimiento.

Muy agradecido por este tiempo de diálogo con el Doctor Marcos Robles, también mi deseo de que esta conversación y su libro publicado remueva las conciencias y el afán de apoyar estas iniciativas que nos hablan de esperanza en medio del egoísmo del mundo actual.