Viernes, 7 de agosto de 2020

La actividad sexual es una condición necesaria para la salud

"Quienes defendemos las diversidades sexuales, no deberíamos caer en el error de postular las relaciones sexuales como obligatorias para toda la población"

Este mito lo defendieron pioneros de la revolución sexual  y ahora se ha generalizado como nuevo mito. Lo defendió el primer Freud y, de forma especialmente radical, uno de sus discípulos, W. Reich.

W. Reich, no solo se quedó fijado en el primer  Freud, sino que la simplificó y radicalizó. La libido, cuya naturaleza creyó haber descubierto, llamándola “orgón”, exige una satisfacción directa con conductas genitales, sin las cuales no puede haber salud. Cuando hay problemas sexuales o psicológicos, el requisito para una curación es hacer consciente la sexualidad reprimida y tener actividad sexual orgásmica.

 Esta postura teórica, sin que los que la defienden  hoy día hayan estudiado a Freud y Reich, vuelve,  como nuevo mito, al reducir el ser humano a biología.  Pueden encontrarla  en consejos terapéuticos y, sobre todo, en los valores y discursos de la sociedad de mercado expresados en la publicidad y los productos sexuales.

La publicidad trata con mucha frecuencia la sexualidad como un producto del mercado  que conviene o es necesario consumir. No son pocos los terapeutas que, de una u otra forma, se centran en la mecánica de la respuesta sexual y los educadores sexuales que trabajan con el supuesto de que todos los adolescentes, por ejemplo, tienen o deben masturbarse y coitar. Antes nos decían que se secaba el cerebro si nos masturbábamos y ahora que eso sucede precisamente si no lo hacemos.

Un señor de 75 años, reflejaba bien este mito, cuando en uno de mis cursos se levantó y dijo:

“Durante toda mi vida me dijeron que tener relaciones sexuales era peligroso, desgastaba, envejecía, era pecado, etc., si no era con la esposa, y solo para tener hijos; ahora me dicen que es obligatorio”

Mi respuesta fue: “le engañaban antes y le engañan ahora. Usted es dueño de su vida y puede tomar decisiones sobre su vida sexual y amorosa, sea libre”.

¿Por qué respondí al señor de 75 años que le engañaban antes y le engañan ahora?  Porque el ser humano es más complejo, es biología, emociones-afectos y mente con poder de representación e interpretación, no es solo un organismo biológico. Estos componentes están en interacción y forman una unidad psicosomática, que no puede interpretarse solo desde la biología.

Este planteamiento que reduce la sexualidad a energía y acaba haciendo de la actividad sexual una obligación se basa en un razonamiento erróneo:

Premisa científicamente correcta: la motivación sexual es poderosa, la actividad sexual es placentera y saludable.

Conclusión científicamente errónea: la actividad sexual es una condición necesaria a la salud; la actividad sexual es obligatoria si queremos mantener la salud.

De la premisa, no se puede sacar esa conclusión, hay un salto en el razonamiento, porque cabe la posibilidad de que haya salud y bienestar vital sin actividad sexual, por más que ésta sea saludable y placentera. Las personas pueden tener otras motivaciones vitales y tomar decisiones diferentes y pasar tiempo, incluso años o la vida entera, sin actividad sexual. Que haya personas que les cueste mucho renunciar a la actividad sexual es muy normal, puesto que es una motivación muy fuerte; pero de eso, no podemos deducir que pierdan la salud. La sexualidad no es un instinto como el hambre, escribíamos hace unos días, ni la actividad sexual (autoerótica o compartida) es una condición necesaria a la salud, aunque sea placentera y saludable ¿Es que todo lo saludable y placentero  debe ser obligatorio?

 Finalmente, quienes defendemos las diversidades sexuales, no deberíamos caer en el error de postular las relaciones sexuales como obligatorias para toda la población ¡Curiosa y significativa incoherencia!

Desde el punto de vista de la salud, las personas pueden tener razones para decidir, temporalmente o de por vida, no tener relaciones sexuales. Otras personas,  en determinadas épocas de la vida, incluso pueden haber perdido la motivación sexual. No nos parece adecuado pasar del mito de la represión a la obligación. ¿Por qué no nos   responsabilizamos de la libertad para decidir que nos ha dado la naturaleza de la sexualidad humana?