¡Qué futuro nos espera! 

¡Quién lo sabe!. El futuro ya no es lo que era, ha pasado a ser algo cercano, casi inmediato, aunque difícilmente podemos vislumbrarlo. Solo puede ser imaginario. Así nos lo ha venido a confirmar esta pandemia del coronavirus que ha puesto al mundo patas arriba, abriendo el abanico de todos los escenarios posibles, aunque sombríos, en cualquier caso.

La ONU encargó un informe con el objetivo de aprender de los errores en las últimas epidemias, el cual le fue entregado en la última semana de septiembre de 2019 por expertos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y el Banco Mundial. El informe alertaba sobre el alto riesgo de una emergencia sanitaria global próxima y de que el mundo no tenía estructura ni herramientas suficientes para evitar su fuerza devastadora. Se llevaría por delante millones de muertos y un 5% de la economía mundial. 

De poco sirvió. Las autoridades mundiales y los gobiernos de los diferentes países no le prestaron la atención necesaria. Todos reaccionaron tarde, al menos en las previsiones. El virus llegó, se convirtió en pandemia a gran velocidad, confinó en sus casas a más de la mitad de la población mundial y determinará cómo será nuestro futuro. 

¿Cómo será el futuro tras el coronavirus? No lo sabemos. Como tampoco sabemos las amenazas que nos esperan, ni el rumbo que tomará la sociedad. Sí podemos intuir que llegarán nuevas amenazas globales y que la sociedad ha de tomarse muy en serio el peligro que, individual y colectivamente, estamos corriendo. Si no cambiamos nuestro comportamiento y formas de vida, asumiendo nuestra responsabilidad individual y colectiva, pereceremos.

El sociólogo Manuel Castells dice que “Sólo hay futuro en una reencarnación colectiva de nuestra especie”. Yo creo que la pandemia de la Covid-19 no va a cambiar el mundo, pero sí va a acelerar y a profundizar muchos de los cambios que ya estaban sucediendo y que va a introducir otros necesarios para la convivencia humana. El futuro que nos espera ha de centrarse más en el bien común y menos en los egoísmos particulares.

A mi entender, el futuro ha de asentarse en tres pilares: el humanismo, la responsabilidad y la sostenibilidad del planeta. Ello requiere un cambio en los comportamientos individuales, en las organizaciones, en la sociedad como colectivo y en la política como gestora de las instituciones. Se hace necesario cambiar los parámetros y las relaciones de la globalización actual. Llevar a cabo un cambio en los Estados que profundice en la interdependencia entre regiones y países, para dar una respuesta conjunta a los retos y emergencias de la vida, basada en el conocimiento científico, la consideración humana, la voluntad popular y el bien común, por encima de todo. 

Es necesario poner al ser humano en el centro de la vida, para que nuestras actividades resulten más útiles a todos. Decía Albert Einstein que “es en la crisis donde nace la inventiva”, yo pienso que la capacidad de invención es innata en nosotros y que es en las crisis donde se desarrolla y se pone de manifiesto, indicándonos el futuro.