Por el derecho humano a la privacidad: Amnistía Internacional contra Facebook y Google

Uno de los últimos informes de Amnistía Internacional cuestiona los modelos de negocio de estos dos gigantes tecnológicos, afirmando que se construyen en base a la vigilancia de sus usuarios

Marcos Díaz Prado

Defensor de los Derechos Humanos

¿Perdemos nuestro derecho humano a la privacidad cuando usamos los servicios que ofrecen los gigantes tecnológicos, como Facebook o Google? El último informe de Amnistía Internacional, titulado Gigantes de la Vigilancia, afirma que sí, reavivando el debate sobre uno de los modelos de negocio más rentables de nuestro tiempo.

Todos nosotros, en mayor o menor medida, utilizamos los servicios que ofrecen Google o Facebook. Estos dos cuasi-monopolios de la vida social en internet ofrecen servicios gratuitos a cambio de los datos que dichas compañías obtienen de sus usuarios. Mediante esta información, pueden presentar publicidad personalizada en base a nuestros gustos, miedos, aspiraciones o necesidades.

Al menos, esta podía ser la idea inicial. Según Amnistía Internacional, este modelo de negocio ha evolucionado hasta el punto de atraparnos en él, sin posibilidad de recuperar el control de nuestros datos.

El informe acusa concretamente a Google y a Facebook de amenazar los derechos humanos con su modelo de negocio, presentando una opción alternativa que nadie escogería hoy en día. Puesto que, realmente, ¿es posible vivir hoy en día al margen de la vida digital, sin hacer uso de ninguna aplicación o servicio de estas dos compañías?

Google y Facebook no monetizan sus productos, sino a sus usuarios. Amnistía Internacional recuerda también la peligrosidad de un concepto tan abstracto e intangible como son los “datos”, pero que se refieren a hechos de nuestras vidas y a nuestro propio comportamiento. Una vez procesados estos datos y analizados por Inteligencia Artificial, revelan mucho más sobre nuestros pensamientos e identidades, en definitiva, sobre quiénes somos.

Los psicólogos definen la personalidad humana como una combinación de nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Para que su modelo de negocio basado en anuncios personalizados funcione, es necesario que con cada click y búsqueda, Facebook y Google nos conozcan cada vez mejor.

Ahora bien, posiblemente la crítica que más daño pudiera hacer a estas dos grandes compañías es aquella centrada en el gran dominio oligopolístico que ambas ejercen sobre el mercado. El informe Gigantes de la Vigilancia muestra de una manera detallada la cantidad de servicios que ofrecen ambas compañías, y como en la mayoría de los casos tienen una posición dominante sobre el sector; desde la mensajería instantánea, las redes sociales, los buscadores, las plataformas de vídeo y el correo electrónico.

Es en este último punto donde el informe de Amnistía Internacional abre el debate. ¿Deberían ser divididas estas empresas? Esta cuestión ha adquirido recientemente gran relevancia, teniendo en cuenta las sugerencias de varios políticos estadounidenses que han afirmado que Facebook tendría que ser dividida en varias compañías. De la misma forma, la UE planteó lo mismo respecto a Google.

El argumento a favor de la división de estos gigantes tecnológicos se basa en que se trata de empresas tan dominantes que se hace necesario que sus partes se independicen en pro de garantizar la estabilidad del mercado, y proteger así los derechos de privacidad de los usuarios de internet —según datos del Banco Mundial, más de la mitad de la población global—. En este sentido, una Facebook dividida tendría más dificultades a la hora de compartir y manejar datos entre Instagram, Whatsapp y su propia red social como hace hoy en día.

Facebook respondió al informe de Amnistía Internacional con una crítica velada, negando la vigilancia de los usuarios y alegando que nadie está obligado a utilizar ninguno de sus servicios. Por su parte, Google no ha respondido aún a la publicación del informe.

Sin embargo, Facebook ha sido acusada de forma reiterada por rastrear y construir perfiles psicológicos de sus usuarios, por lo que Mark Zuckerberg tuvo que pedir perdón de forma pública ante el Congreso de los Estados Unidos en 2018. Pero además, Facebook ha sido acusada también por rastrear a otros internautas que no tienen cuenta, utilizando, entre otras cosas, sus famosos botones de “Me gusta”, lo que claramente desmonta ambos argumentos de su respuesta al informe de Amnistía Internacional.