Dos veces en la misma piedra

¿Será que la edad nos vuelve más timoratos? ¿O, tal vez, nos cubrimos la cabeza antes de recibir la pedrada? En cualquier caso, algo está volviendo a fallar en esta España de mis pesares. Llevamos quince días con libertad de movimientos y han sido suficientes para asistir a toda clase de despropósitos. Ya nos hemos olvidado de los hospitales desbordados, las UCI,s  colapsadas y los ataúdes aparcados en los palacios de hielo. Fue anteayer, pero ya no lo recordamos. Sólo nos falta añadir aquella coletilla: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. ¿Será necesario revivir los mismos escenarios para entrar en razón?

                Hace cuatro meses, cuando los contagios no estaban tan generalizados como hoy, el gobierno no acababa de creerse las noticias que llegaban del exterior. El desconocimiento, la autosuficiencia y los oscuros manejos para intentar salvar el “éxito político” de la manifestación del 8-M fueron los culpables de todo lo que vino después.

                Ahora no se puede alegar ignorancia. Si algún ciudadano incumple la norma, el poder legítimo está obligado a corregir esa conducta en función de la gravedad de los hechos. Cuando este gobierno se vio desbordado por la triste realidad, tomó la decisión de asumir el mando único en todos los frentes, imponiendo una serie de obligaciones cuyo incumplimiento fue objeto de sanción. A base de no pocas lágrimas y sacrificios se logró reconducir la situación y llegar a frenar en seco contagios y fallecimientos.

                La diferencia entre aquella situación y la actual radica en la impopularidad que acarrean las medidas oportunas, a toro pasado. Ante el estado de alarma de mayor duración entre todos nuestros vecinos -con un severo castigo a la economía-, había que hacer frente a la maniobra de levantar el confinamiento y no molestar demasiado a los ciudadanos. Nunca fue más cierto aquello de que el poder desgasta. Este gobierno, que en otros campos ha demostrado su ineficacia, moviéndose en el populismo es un artista. Sabía que, al dejar en libertad a tantos recluidos, las debilidades llevarían a sobrepasar limitaciones porque lo pide el cuerpo. Si se vuelve a levantar el palo de la sanción, se pierde popularidad -¡y ya hemos perdido bastante!-; así que, para no perjudicar la imagen -que también ha sufrido lo suyo-, ¡que la responsabilidad recaiga sobre las autonomías; y si no son de nuestro partido, mejor que mejor!

                Hasta aquí hemos llegado. La gente, sobre todo los jóvenes, después de tan-to encierro, quiere compensar el tiempo perdido y pasa olímpicamente de las más elementales medidas de prevención. A diario estamos comprobando reuniones y fiestas en las que no se guarda la distancia de seguridad ni se emplea la mascarilla. Las consecuencias son inmediatas. Rebrotes por toda la geografía española y hospitales que están reviviendo escenas que creían haber superado. Vuelven las manifestaciones pacíficas del personal sanitario advirtiendo lo que se está cociendo, sin que se tomen medidas eficaces. Las autonomías no dan abasto para corregir conductas irresponsables y el gobierno, que comenzaba a ponerse medallas, mira para otro lado y tampoco se emplea a fondo en las parcelas que son de su exclusiva responsabilidad como, por ejemplo, el control de las aduanas y la llegada de inmigrantes.

                Entre unos y otros, estamos desatendiendo un constante goteo que aumenta a diario y que, si alguien no se pone serio, nos llevará a otro estado de alarma. Si no queremos perder más conciudadanos y pretendemos salvar nuestra economía, al-guien tendrá que ponerse serio y cumplir su obligación. A quien no esté en verdaderas condiciones sanitarias de entrar por nuestras fronteras, que se le impida; en otros países se ha hecho y ahora se alegran.  A quien ponga en peligro nuestro bienestar por hacer gala de una conducta irresponsable, que se le sancione puntualmente ¿Cuándo se va a poner el cascabel al gato?

                Da la impresión que Pedro Sánchez tiene todas sus horas ocupadas en lavar su imagen exterior y, dentro de casa, los dos frentes que más le preocupan: las elecciones autonómicas para gallegos y vascos y la aprobación de los Presupues-tos. Para lograr los votos favorables del PP, cada ministro que toma la palabra repite como papagayo la misma cantinela: “la derecha debe apoyar los presupuestos sin poner impedimentos ni señalar líneas rojas”. Vamos, que cuando gobierne el PSOE no puede haber oposición y, si la hubiere, debe estar calladita y decir a todo amén. Así se explica ahora la democracia. ¡Y nosotros sin enterarnos! Cuando Pedro creía haber rematado la faena del Covid-19, un rosario de rebrotes amenaza sus planes. Si da marcha atrás y vuelve a encerrar a los díscolos, de nuevo será el malo de la película y, según el gabinete Redondo, eso no es bueno para el convento. Si, por el contrario, se encoge de hombros y se inventa algo para hacer culpable a la derecha, estallará el globo como a mediados de marzo.

                Creo que ya no se puede perder más tiempo. El gobierno debe dejar de hacer propaganda y, de una vez por todas, ponerse a gobernar, que para eso le pagamos todos. Los buenos políticos se forjan en los momentos difíciles, como el que nos ha tocado vivir. Tiene ante sí la obligación de solucionar el grave problema de la pan-demia, que aún está latente, y contrarrestar la profunda crisis económica, que ya se ha instalado con nosotros. Por supuesto no es tarea fácil, pero no se pueden dar pasos que vayan en contra de la solución. La política del gasto excesivo está mar-cando una línea que ya ha sido criticada por quienes tienen en su mano la posibili-dad de acudir en nuestra ayuda. Ayudas, las necesarias, pero prebendas, ninguna. Ya hay políticos europeos que no se recatan a la hora de oponerse a que los fondos que lleguen a España puedan servir para satisfacer los sueños populistas de este gobierno de coalición. Están en juego muchos miles de millones. Todo el mundo conoce perfectamente la labor que desempeña en Bruselas cada uno de los grupos parlamentarios; así que las campañas de desprestigio ya no engañan a nadie. De nuevo vuelve la maniobra de aprovechar cualquier resquicio para introducir ente col y col alguna lechuga. Llevaba este gobierno unos días sin atacar, torticeramente, a sus contrarios y no han podido esperar. En un intento de perseguir a “los ricos”, han declarado su intención de privar a la educación concertada de las ayudas anuncia-das a bombo y platillo. Sólo la ignorancia y el revanchismo pueden mover a unos políticos a perjudicar a la cuarta parte de la población escolar, entre la que tienen no pocos votantes ¿Ha vuelto a presionar Pablo Iglesias con su inquina a la Iglesia –no toda la concertada está en colegios religiosos-, o también se lo pide el cuerpo a Pedro Sánchez? No pueden evitarlo y se olvidan de lo primordial para afanarse en sus fanatismos.

                 Ha quedado meridianamente comprobado que muchas de las medidas toma-das a cabo para el confinamiento, se podían haber desarrollado sin necesidad del estado de alarma. Llévense ahora a efecto, bien bajo la responsabilidad directa del gobierno, o exigiendo su cumplimiento a las autoridades autonómicas. Sin desaten-der las demás tareas de gobierno, empléese todo empeño en contrarrestar las dos graves crisis que más nos amenazan. Pero hágase ya si no queremos llegar tarde otra vez.