Martes, 22 de septiembre de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Desde Martiago a la Peña de Francia

Relato en primera persona de un grupo de personas que un año más ha ido andando de Martiago al Santuario de la Peña de Francia

Siendo este año, un año diferente y especial,  y con todas las medidas necesarias, hemos decidido hacer el camino.

Desde Martiago y desde hace muchísimos años se ha hecho peregrinación a la Peña de Francia.

Queremos tener especial recuerdo para Chon (DEP) y Petri, las impulsoras de esta travesía y que gracias a ellas continúa. Con ellas, comenzamos nuestro primer camino. Han sido nuestras grandes maestras, demostrando su experiencia y su cariño entrañable.

Al padre Ángel (DEP) que todos los años esperaba con anhelo nuestra llegada.

También otro recuerdo para una amiga que año tras año viene y esta vez por circunstancias personales no ha podido ser. No ha estado físicamente, pero nos ha acompañado con el corazón.

Como cada año, preparamos todo con mucha ilusión. Durante el camino pasamos por todos los estados de ánimo y de esfuerzo. Compartimos risas, conversaciones, reflexiones, humor, cansancio,... y sobre todo complicidad y lazos de unión que no se rompen.

El camino está lleno de anécdotas que a lo largo de los años bien nos servirían para escribir un libro.

El kilómetro 0 es Martiago. Equipados con buen calzado, palo y mochila damos el pistoletazo de salida. Llegamos a Agallas, donde desde hace unos años, se une a nosotros otro grupo de personas, y que ya nos hemos convertido en un gran equipo.

Seguimos hasta Vegas de Domingo Rey por pistas. Allí, hacemos una parada y echamos unas risas.

Cogemos de nuevo la marcha para llegar al río de Serradilla del Llano.

Entrada la madrugada, en la plaza de Monsagro, reponemos fuerzas, llenamos las botellas de agua fresquita, tomamos un tentempié e incluso recorremos las calles viendo los fósiles.

Después comienza la etapa más dura. Faldeamos toda la montaña hasta llegar al paso de Los Lobos. Ahí es donde la fuerza y el tesón no nos abandonan. La subida es como la falda plisada de una mujer, cuando terminas una curva viene otra y otra y otra. Aquello parece que no termina...pero cuando divisamos el paso Los Lobos, es como que nos ponen las pilas nuevas.

Tenemos nuestro rey particular, Melchor, que se preocupa durante el trayecto de nosotros y siempre con el cariño más grande y desde el corazón.

El paisaje durante el camino es espectacular. Aunque hacemos parte de noche, cuando amanece y te ves rodeado de tanta naturaleza, de tanta tranquilidad... sabes que el sufrimiento merece la pena.

Ya en el paso de Los Lobos, hacemos un merecido descanso para afrontar la última etapa.

Por el camino vertiginoso y pedregoso, vamos subiendo pasito a pasito. Y cuando ya estamos exhaustos, la adrenalina nos impulsa porque estamos en la recta final, estamos llegando; hemos llegado a la Peña de Francia.

Y empieza la satisfacción y la alegría de haber hecho un año más el camino y de compartir esta experiencia. Y empezar a preparar el siguiente, siempre bajo la atenta supervisión de María Jesús que es la que nos empuja cada nuevo camino.

Gracias María Jesús

Petry Serradilla Vicente