Lunes, 3 de agosto de 2020

La ansiedad, la enfermedad del siglo XXI

Según la Organización mundial de la Salud (OMS) en el año 2017 había 260 millones de personas que tenían trastornos de ansiedad. Esta misma organización vaticinaba hace unos años que, en el 2020, la ansiedad sería la primera causa de baja laboral en España

¿Tienes pensamientos que perturban tu día a día? ¿Tienes una vida aparentemente idílica, pero aún así sientes que no eres del todo feliz, que te falta algo? ¿Sientes que, aún dando el cien por cien de tus capacidades, no cumples con tus objetivos? ¿Estás sometido a tal nivel de estrés, que cuestionas si las decisiones tomadas son las adecuadas? Tranquila/o, no te ocurre nada grave, la Ansiedad está llamando a tu puerta, no tengas miedo, eres una víctima más del ritmo impuesto por la sociedad del “mañana”.

La ansiedad es un mecanismo de defensa del ser humano, que viene a decirte que tu vida necesita cambios. Hay diversos motivos por los que la ansiedad aparece en nuestras vidas, sólo hay que identificarlos y aceptar que necesitas ayuda.

El 25% de la población mundial la sufrirá a lo largo de su vida. Según la Organización mundial de la Salud (OMS) en el año 2017 había 260 millones de personas que tenían trastornos de ansiedad. Esta misma organización vaticinaba hace unos años que, en el 2020, la ansiedad sería la primera causa de baja laboral en España.

La ansiedad básicamente es un mecanismo defensivo. Es un sistema de alerta ante situaciones percibidas como amenazantes. Es un mecanismo universal que poseemos todas las personas; es normal, adaptativo y mejora la capacidad de respuesta del individuo.

La función de la ansiedad es hacer que el cerebro movilice al organismo y lo mantenga en alerta frente a los posibles peligros y por lo tanto responda eficazmente. Por lo tanto, la ansiedad es una emoción que se produce como respuesta ante una situación vivida por el ser humano; dependiendo de cómo interpretemos el estímulo, nos defenderemos o huiremos.

Ante la percepción de un posible peligro, la amígdala, que es un elemento clave para la supervivencia, se activa y envía la orden al hipotálamo para que éste emita una respuesta de lucha o huida. En esa activación, se libera las llamadas “hormonas del estrés”: la adrenalina y la noradrelina. El corazón empieza a latir más deprisa con la función de bombear más sangre y oxigenar las distintas partes del cuerpo; nuestra respiración se acelera y los músculos de brazos y piernas se tensan para salir corriendo o facilitar el enfrentamiento con el agente de la amenaza. La expresión popular “cagarse de miedo” no es sólo una expresión, el cuerpo necesita estar ligero para poder hacer frente a esa amenaza de una manera más liviana. Las pupilas se dilatan, para que así la retina capte más luz y podamos identificar posibles vías de escape.

En ocasiones, tener cierto grado de ansiedad puede ser deseable para el manejo normal de las exigencias del día a día. Dicho grado de ansiedad nos produce un nivel de activación en el organismo que hace que seamos más productivos y desarrollemos niveles óptimos de rendimiento, por ejemplo, ante un examen o hablar en público.; en este tipo de casos la ansiedad sería una respuesta adaptativa.

Pero, ¿qué ocurriría si esa respuesta de alarma se desencadena sin que exista un peligro real? Todos tenemos cerca a alguien que le da miedo viajar en autobús o en avión; algún familiar que se pone muy nervioso ante espacios reducidos…

Cuando la ansiedad empieza a interferir en nuestra vida es cuando se convierte en un problema, cuando no podemos salir de nuestra casa o no ir de compras a un centro comercial, nuestros miedos están dirigiendo nuestra vida.

No es cierto que se tenga que aprender a vivir con la ansiedad ¿conoces algún coche que vaya siempre a 200 kilómetros por hora y nunca le hayan multado? Pues lo mismo ocurre con la ansiedad; sería muy perjudicial e invalidante vivir con una sintomatología tan incapacitante de por vida.

Cuando tengamos estos síntomas, lo más aconsejable es acudir a un profesional que nos ayude a entender lo que nos pasa y cómo podemos solucionarlo. Los dos tratamientos para este tipo de trastornos son la psicoterapia y la medicación. La medicación nos ayuda a que los síntomas disminuyan y por lo tanto el terapeuta pueda trabajar con nosotros para descubrir dónde está el origen de ese miedo irracional.

Algunas de las actividades que se recomiendan desde la terapia es hacer ejercicio, técnicas de relajación y respiración para poder hacer frente a esos ataques de ansiedad que aparecen de manera improvisada, llevar registros sobre nuestros pensamientos y hábitos y técnicas de detección de pensamientos entre otros.

La Psicología es una ciencia que ha evolucionado mucho en los últimos tiempos y debemos desterrar prejuicios y estereotipos que giran en torno a este tipo de profesionales; el psicólogo es un profesional que nos acompañará y será nuestra red en este proceso.

Leticia Rodríguez Sánchez, psicóloga