Lunes, 6 de julio de 2020

Pablo Lamamié Doctor en Filosofía y otras cosas de actualidad

     La pandemia de nuestros dolores nos está trayendo experiencias interesantes, como la defensa de su tesis doctoral por parte del sacerdote salmantino Pablo Lamamié de Clairac, de larga estirpe canaria afincada en Salamanca, aunque a él, Pablo, su pasión por la misión evangelizadora le ha llevado nada menos que a Méjico, o México, no sea que alguien se enfade, aunque la x es la forma normalizada de la j en el siglo XVI.

     He asistido a la defensa de varias tesis doctorales, pero siempre presencialmente, como es la costumbre, pero esta vez la defensa fue online: Pablo estaba en México, el Director de la tesis, en Salamanca, en la Universidad Pontificia, el Doctor en Filosofía Javier Herrero, también sacerdote salmantino, surgido de la parroquia del Nombre de María igual que yo, aunque más tarde, que la edad es también un grado y de más edad que él puedo presumir. El resto de los miembros del tribunal estaban también conectados online desde Madrid, Valencia y otros lugares de España, entre ellos mi ex compañero en el Instituto Fray Luis de León, Dr. D. Agustín Domingo Moratalla, cuando él era un joven profesor de Filosofía de Instituto, antes de emprender una exitosa carrera política en la Comunidad valenciana y un más exitoso trabajo académico en la Universidad de Valencia, de la que es ahora catedrático.

     La tesis de Pablo Lamamié es una provocación, pues plantea nada menos que el tema de Dios, como reza el título: “Sentir a Dios, don, alteridad y misión. Una aproximación a la experiencia teologal en el pensamiento de Zubiri”. De modo que hablar sobre Dios y sobre la experiencia de relación con Él es posible desde la Razón. Sin salirse del cuerpo, teniendo en cuenta el sentimiento, ante el espejo en que nos miramos, que es el prójimo, y con un horizonte de futuro inconmensurable, pues la misión de hablar racional y razonablemente de Dios no se acaba nunca, por más que muchos hayan certificado ya su defunción o le hayan ninguneado y excluido de muchos foros académicos y mediáticos. Pero ya dijo “el otro” que “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Bueno, sin exagerar, diríamos que Dios goza de una razonable mediana salud en el debate cultural y es bien sabido que la mejor forma de durar mucho es estar enfermo…y cuidarse.

     Pablo Lamamié lleva cuidando apasionadamente el tema de Dios desde que le conozco y, en la defensa online de su tesis, siguió haciéndolo, con un pensamiento desbordante, complejo, dedicado, sentido, trabajado, sufrido y vivido con pasión. Yo diría, incluso, que con la edad esa su pasión se ha reforzado, gracias a Dios. Nunca mejor dicho. Espero ansioso la publicación en papel o digital para leerlo, aunque es una tesis larga, de las de antes, porque mis limitaciones auditivas, el exceso pasional inevitable de Pablo y los pequeños fallos en la transmisión no me permitieron captar todos los matices. Porque como muy bien dijo mi otorrino, “no es que Vd. no oiga, es que no entiende lo que oye”, vamos que no lo entiendo físicamente pero sí me gustaría entenderlo mejor intelectualmente, lo que espero conseguir cuando pueda leerlo. Hay que aceptar las propias limitaciones.

     Y, cambiando levemente de tema, como “el que tuvo retuvo” y dado que hace cuarenta años ejercí como profesor de Lengua Española en la EGB, en la Escuela Pública, en Miranda del Castañar, “de aquellos polvos vinieron estos lodos” y me ha quedado la manía de leer y escuchar las cosas que se dicen y se escriben como si yo fuera un niño aprendiz de la Lengua de Cervantes, que no lo soy, digo, que ya no soy niño, pero las manías infantiles son difíciles de erradicar. Pues bien, ando con ganas de comentar una expresión de nuestro actual Ministro de Justicia cuando dijo en sede parlamentaria algo así como que estábamos en una “crisis constituyente”.

     Las crisis pueden venir de fuera o de dentro. Creo que el ministro pensaba que venía de fuera porque, en sede parlamentaria, se estaba hablando de la pandemia y sus consecuencias. Pero en sede parlamentaria el adjetivo “constituyente” supongo que se refiere a que esta crisis sanitaria está operando como un factor creador, modificador, reformador de la Constitución. Eso no me cuadra, porque este virus no tiene “cerebro”. El adjetivo “constituyente” necesita otro sujeto, un sujeto consciente y libre, que además ha recibido el encargo del electorado para hacer esa reforma o cambio constitucional. Y eso, repito, no me cuadra. Puedo entender que Unidas Podemos, una parte del PSOE, si no todo, y los nacionalismos varios, independentistas declarados o conniventes, puedan desear o postular un cambio constitucional, echando a la Monarquía parlamentaria y haciendo advenir la Tercera República, para lo cual sería muy conveniente borrar de nuestra memoria histórica la Transición. Pero en ese planteamiento hay un fallo: yo, ni yo ni nadie, les hemos dado permiso para hacer ese cambio constitucional; en los últimos procesos electorales no me han convocado para eso, como sí me convocaron cuando votamos las Cortes Constituyentes y refrendamos su resultado en aquel Referéndum del 6 de diciembre. A menos que quieran hacerlo por pequeños cambios, de facto, por la puerta de atrás, a base de propaganda, ingeniería social y Decretos-Ley.

     En ningún sitio está escrito que el régimen republicano sea antidemocrático, ni que la Monarquía Parlamentaria sea la panacea. Lo que no me parece bien es que, desde el poder político y los poderes mediáticos me quieran imponer ni siquiera lo que yo quiero y mucho menos lo que no quiero. Porque incluso si se diera el caso de que quieren imponerme lo que yo sí quiero, tendría que convertirme en frontal opositor, porque como ciudadano me merezco un respeto y que me consulten. Conforme a las normas democráticas vigentes. Respetándolas. Sin saltárselas por el morro. Pensar es exagerar, ya lo dijo, creo, Ortega y Gasset, el maestro de Zubiri. Por cierto, pensar no es crispar, sino una premisa necesaria del compromiso democrático.