Lunes, 13 de julio de 2020

Víctimas y Verdugos 

A la reina de Francia, María Antonieta, le cortaron la cabeza a los 37 años no por ser austríaca, ni “La loba”, ni “Madame Déficit” apelativos de fácil interpretación si se tiene en cuenta que representaba lo peor de la monarquía, si es que la monarquía se puede medir y pesar. Como se casó con el enemigo a los 14 años, aún muriendo tan joven le dio tiempo a tener un marido,  un novio, cuatro hijos, y una biografía de espanto. Se pegó la vida padre derrochando a troche y moche con todo lujo lo que a la mayoría de los franceses le faltaba para quitar el hambre. ¿La mató el verdugo que activó la guillotina? La mataron los franceses que esta vez fueron Fuenteobejuna, y Lope no tuvo nada que ver.

Cortarle la cabeza a una señora es una burrada. Para acabar con la monarquía, mejor un debate parlamentario en el ningún diputado se duerma y  ninguna diputada diga los parados, que se jodan. Lo que pasa es que llevar a la gente del pueblo al límite, tiene consecuencias: a todos se les va de las manos el asunto y luego pasa lo que pasa.

Y lo que pasó en Francia a finales del siglo XVIII es que la estruendosa y corrupta conducta monárquica ayudó mucho a cuajar la Revolución Francesa que trajo la soberanía popular. Y se acabó lo que se daba para María Antonieta, su marido, su novio, y sus hijos, por más que el español Alfonso de Borbón, que se hace llamar Duque de Anjou, se proponga lo contrario.

Hay momentos en la Historia que no suceden solos. Las confabulaciones humanas para lo bueno y para lo malo se repiten, aunque cambiando de traje, de escenario, de siglo.

Ahora se cumplen 30 años del asesinato de seis jesuitas españoles en El Salvador. A Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López, la empleada doméstica Julia Elba  y su niña de 16 años Celina Mariceth Ramos, un comando del ejército les obligó a tumbarse boca abajo en el patio de la universidad y  los mataron a tiros.

En el periodo que va desde su asesinato a hoy, en estos 30 años, probablemente hayan sido canonizados dos Papas. O tres que esto de canonizar Papas lleva más vértigo que Rosalía. Sobre Ellacuría y sus compañeros, se extendió una capa de silencio. No parece que el Vaticano se esforzase mucho, ni los gobiernos españoles tampoco para que fuesen juzgados todos los asesinos. Treinta años después, Estados Unidos ha accedido a extraditar a dos de ellos. Y qué desencanto, cantaría Chicho Sánchez- Ferlosio, el delito ha prescrito para un teniente que ya está de viaje de vuelta y un coronel que espera también el premio de la bonoloto.

Aquel asesinato en El Salvador nos sigue quemando. Y treinta años no bastan para apaciguar la terrible sospecha de que los fusiles que dispararon a las ocho víctimas no fueron los únicos culpables. Pero el tiempo lo borra todo, todo lo va borrando, y dentro de unos cuantos años más, cerrada la causa penal (¡tan tarde!) las generaciones de ahora se habrán olvidado. Y las que vendrán no sabrán nada.

Cuando en España asesinaron a los abogados de Atocha en 1977, los autores de la matanza ni se preocuparon en huir. Creían que estaban a salvo. ¿Lo estaban? Fueron detenidos con un Madrid ardiendo de furia. Y  poco tiempo después salieron de la cárcel con permiso para asistir a la primera comunión de una sobrina, cosas así, de mucha importancia.

No volvieron. De Lerdo de Tejada nunca más se supo. De García Juliá, se ha sabido hace muy poco cuando Brasil lo ha entregado (¿prescribió ya el delito?). El último recuerdo que dejaron antes de emprender una nueva vida lejos de la matanza de los abogados fue su presencia en el juicio,  vestidos con la camisa azul.

Y de nuevo la incertidumbre: ¿Fueron ellos solos? ¿Por qué no se escondieron después de disparar? Tiempos convulsos en la Francia de la Revolución Francesa, tormenta de sombra en El Salvador hace treinta años, la noche española del franquismo sin Franco.

Esta noche española estuvo llena de estupefacciones y terror. Y de sarcasmo. Porque fue por entonces cuando Emilio Hellín, que ahora dice que no es él sino un hermano suyo que se le parece, asesinó a Yolanda González, una muchacha que había venido a Madrid para cumplir sus 19 años. Su cumpleaños fue escrito con sangre en una cuneta.

De Emilio Hellín la policía no sabía nada, a pesar de que los periodistas le descubrieron y publicaron su foto y su oficio viviendo en Paraguay. Cuando Emilio Hellín volvió, su delito ya había prescrito también. Y el escarnio fue mayor cuando se supo que no pasó por el INEM, sino que encontró trabajo en la policía. Tenía experiencia: antes de asesinar a Yolanda González había prestado servicio como asesor de las fuerzas y los cuerpos de seguridad del Estado español. El que fuese también miembro del partido ultraderechista Fuerza Nueva como los asesinos de Atocha, es mera coincidencia. Seguro. Si el mundo es un pañuelo.

Cuando trascendió a la opinión pública que el asesino Emilio Hellín volvía a trabajar para la policía, la mayoría de los partidos políticos presentaron una proposición en el Congreso de Diputados para que se investigase el escándalo.

El Partido Popular se opuso a esta investigación el 11 de Mayo de 2013  y la proposición no salió adelante. ¿Por qué?  El Partido Popular siempre se opuso a  todas las investigaciones para clarear nuestra historia, incluida la de los desaparecidos del franquismo, que le costó a  Baltasar Garzón su expulsión de la carrera después de ser proclamado héroe nacional por procesar a Pinochet. Claro que esto no es Chile y América queda muy lejos. Pero ¿cómo  oponerse a que se hiciese justicia con una muchacha inocente, asesinada a los 19 años? ¿Quién manda en el PP en estas cuestiones? Mis nietos me están hablando de La patrulla canina y yo oigo policía patriótica. Qué barbaridad, hay que ver cómo degeneran las neuronas cuando te pasas de amapolas.

Aunque también cabe otra interpretación: la izquierda tiene el gobierno pero no tiene el Poder. La derecha tiene el Poder pero no tiene el gobierno. Y quiere las dos cosas. El Poder se hereda, pero el gobierno no. Y la derecha para tener Poder y gobierno no puede hacerse ni un rasguño votando contra sí misma en cualquier tipo de investigación.

Llegados a este punto, se me apaga la lucidez. Tengo que dejar de escribir y apuntarme a FAES para aprender. Punto.