Martes, 22 de septiembre de 2020

La historia de Joaquín

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Joaquín era el responsable de un organismo público de una determinada ciudad española, a pesar de que la inmensa mayoría de los trabajadores de esa entidad discrepaban de los criterios directivos del gobernante. Debido a su gestión arbitraria, autoritaria, despótica y machista, el ambiente en los distintos negociados se hizo irrespirable. Pero, como Joaquín conocía bien las malas artes que a veces tiene el comportamiento humano, se reunió con los máximos dirigentes del ministerio del que dependía esa entidad y logró convencerlos -manipulando los datos- de que todos los males acontecidos en la unidad no eran imputables a él, sino a responsables intermedios que le habían ocultado información. Desde el Ministerio y sin investigar lo sucedido, creyeron la versión del jefe e idearon una solución salomónica: le cesaron de la máxima dirección de ese organismo pero le designaron responsable de otro que estaba ubicado en el lugar que más adoraba; con lo cuál, el premio fue superior al castigo.

En el inicio de su nuevo cargo, Joaquín fue diligente y utilizó su rostro de doctor Jekyll en la mayoría de sus relaciones profesionales e interpersonales, incluso con sus subordinados; pero una vez que el tiempo transcurría y se hacía con el control del timón del nuevo puesto, alternaba, con frecuencia, el rostro amable con sus superiores y su diabólico semblante de Mister Hyde, que, fundamentalmente, mostraba a los subordinados que eran intelectualmente más lúcidos que él (y si era mujer la subordinada, lo hacía con más intensidad) hasta cometer con ellos un intolerable nivel de acoso laboral. Mandaba, no gobernaba e imponía su criterio déspota sin importarle si, con ello, vulneraba o no el ordenamiento jurídico ya que consideraba que él era la ley, hasta que un día los máximos responsables del ministerio competente y aprovechando un descuido del directivo -que me recuerda al final de la película “Frenesí” de Alfred Hitchcock en que el “asesino de la corbata” es sorprendido “in fraganti” arrastrando un baúl para colocar a su última víctima de asesinato-, es cesado fulminantemente. Desde entonces, este individuo, que intenta destruir todo lo que hacen sus sucesores, sigue intentando de forma compulsiva que algún otro responsable de ese ministerio le vuelva a nombrar en puesto de responsabilidad de algún otro organismo público de los tantos que existen en las regiones, ciudades o pueblos importantes de nuestra geografía hispana.

La historia de Joaquín es un relato ficticio, sí, como puede serlo el de Ana, Luis, Isabel, Antonio, Serafina o Pedro, pero todos sabemos que situaciones parecidas abundan mucho, por desgracia, entre quienes, sin escrúpulos, quieren acceder al poder, como sea; no para dirigir, gobernar, consensuar, debatir y llegar acuerdos sensatos y coherentes que beneficien al conjunto de los ciudadanos o afecten a la mejora de los servicios públicos, bien sean sanitarios, educativos, de justicia social o de seguridad; sino como ego personal y sin importarles los derechos e intereses legítimos de los demás para beneficiarse exclusivamente ellos a nivel personal, aunque para ello tengan que pisarles el cuello (como a George Floyd en Minneapolis) a los demás, dejando muñecos rotos por las cunetas del camino de la vida.

Las peripecias de Joaquín me recuerdan el comportamiento actual de los líderes del PP en la oposición política. Para éstos, nada de lo que hace el gobierno está bien, siendo el responsable de todos los males que nos atenazan. Su mensaje, su argumento y su pretensión es destruirlo todo; buscando, desesperadamente, convocatorias electorales que (no ya responsables del ejemplo del ministerio de Joaquín, sino ciudadanos que deciden con su voto los políticos que quieren que los gobiernen) les vuelvan a otorgar la confianza y les designen, de nuevo, responsables del destino de España y de los españoles. Sólo admiten el juego de naipes electoral si obtienen victorias; de lo contrario, rompen la baraja.

Acabo de escuchar una entrevista radiofónica a Ana Pastor, ex presidenta del Congreso de los Diputados y representante de la línea más moderada y constructiva del PP, y me ha resultado frustrante y descorazonadora. Se me han caído de un plumazo los mitos de sensatez y moderación que sobre ella gravitaban en el escenario político y social. Su razonamiento en la entrevista ha sido irracional e incoherente, dado que ante situaciones semejantes respondía con alegatos totalmente diferentes, pudiendo  detectarse que la entrevistadora, la periodista Ángels Barceló, la puso “contra las cuerdas”. Para Ana Pastor, la responsabilidad de los gravísimos errores que ha habido en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid en relación a la COVID-19 y por los que han fallecido miles de ancianos, es el mando único determinado con el estado de alarma, es decir, el gobierno de la nación; en cambio, como en Galicia la gestión en las residencias ha sido mejor porque han fallecido menos residentes, el éxito no ha sido del gobierno de España sino de Núñez Feijoo, presidente de la Xunta de Galicia.

Que Ana Pastor actúe así me lleva, inexorablemente, a plantearme las siguientes cuestiones: ¿Qué autor intelectual está manejando los hilos del PP para que todos sus dirigentes actúen al unísono, como marionetas, sin que haya –al menos públicamente- voces discordantes que impriman sensatez y que propongan soluciones constructivas ante la grave situación social que estamos viviendo los españoles debido a la crisis provocada por la pandemia? ¿Cómo es posible que en el Parlamento Europeo los eurodiputados del PP español se alíen con sus homólogos conservadores de Países Bajos, Austria, Suecia o Dinamarca, los denominados “halcones”, que quieren imponer condiciones muy duras y exigentes a los países del sur de Europa (entre ellos España, Francia o Italia) como condición a la entrega del Fondo de Recuperación de la UE destinado a paliar los cuantiosos daños económicos provocados por el Coronavirus, que sabemos que ha sido una situación de fuerza mayor? ¿Dónde está el sentimiento patriótico de estos políticos de hojalata que, en realidad, lo que pretenden es que nuestro país se arruine económicamente y no pueda recuperarse en décadas?

Beneficiarse personalmente a costa del perjuicio de los demás es perverso, pero disfrutar con el mal ajeno y con el de los compatriotas, es de un sadismo incalificable. En toda sociedad decente, pluralista, tolerante y solidaria, quienes sobran son personajes como Joaquín y políticos sin escrúpulos como los que actualmente tienen los partidos ultraconservadores españoles, entre los que se encuentran los del PP.